
Las 1000 Millas estaban en juego y el auto de Manuel no respondía tal como lo hubiera deseado, pero algo mejor le esperaba...
Valeria y Manuel llegaron al mismo tiempo a un mismo punto de la Argentina sin imaginar que sus vidas estarían a punto de cambiar para siempre. Cruzaron sus miradas por primera vez en Aeroparque, justo antes de tomarse un avión con un mismo destino: San Carlos de Bariloche. Allí, en el sur del mundo, los aguardaba una atmósfera que ambos esperaban con ansias: la competencia de las Las 1000 Millas Sport del año 1997.
Ese año, Valeria competía junto a su padre, él como conductor, ella de copilota; Manuel, por otro lado, era piloto de su propio auto junto con un amigo de la infancia, Mariano. Todo parecía ir muy bien para los corredores, hasta que el auto de Manuel comenzó a fallar, lo que provocó que, durante las diferentes etapas, se retrasaran una y otra vez.
Y así, gracias a los retrasos, la magia emergió entre ellos.
La mujer que se animó a encarar primero: “Solo buscaba iniciar conversación”
Las 1000 Millas estaban en juego y el auto de Manuel no respondía tal como lo hubiera deseado. Pero, con cada retraso, su vehículo se cruzaba y se volvía a encontrar con el de Valeria. Y así como los autos se cruzaban, comenzaron a hacerlo las miradas entre ellos.

Luego llegó el momento de la primera pausa y fue ella la que decidió que la situación escondía algo más, y que no podía reducirse a simples miradas: “Yo fui quien encaró a Manuel”, asegura hoy Valeria al repasar su historia. “¡Es cierto!”, reafirma él con una sonrisa.
El encare de Valeria aconteció al finalizar la primera etapa, en un pasillo del Hotel Llao Llao. Su actitud fue muy casual, le hizo una consulta técnica que pretendía demostrar su `interés´ por el inconveniente mecánico del auto de Manuel. El piloto, entonces, procedió a darle una larguísima explicación sobre el tema, algo que a Valeria poco le interesaba: “Lo que buscaba era iniciar una conversación”, confiesa ella.
La chispa entre ellos se había encendido, pero Valeria tuvo que aguardar hasta la fiesta de aquella edición de la carrera, para ver si de aquella chispa se podría hacer fuego.
Una herencia que trajo el amor: “Fue un flechazo desde el minuto uno”
La pasión de Valeria por los motores creció en ella apenas llegó al mundo. Nacida en Córdoba, su historia era muy similar a la de Manuel. La herencia familiar se perpetuaba en ellos. Durante toda su vida, ambos padres se habían relacionado con los autos clásicos deportivos. Y, por el lado de Manuel, su padre estaba involucrado con el automovilismo competitivo, como el Turismo Carretera, donde apoyó con sponsoreos a sus amigos pilotos Juan Manuel Bordeu y Eduardo “Tuqui” Casá.
Esta pasión fue transmitida a sus hijos, que con el paso de los años se abrieron camino hasta llegar a ese día, a esa competición donde sus miradas se cruzaron y Valeria se animó a encarar a Manuel en el pasillo.

La competencia llegó a su fin y con ese final también la celebración realizada por los organizadores para marcar el cierre de la edición de 1997. Para los protagonistas de esta historia era el momento de otro tipo de encuentro, lejos ya de volantes y explicaciones técnicas. Esa noche se fueron a bailar juntos: “Fue un flechazo desde el minuto uno”, aseguran ambos.
Un mes más tarde se pusieron de novios.

“Ella es una de las mejores, por no decir la mejor”
Mucho tiempo ha pasado desde aquel día en que Valeria se animó a acercarse a Manuel, con la excusa de hablar de mecánica. Tras la competición, su amor fue imparable. Por fortuna, por aquellos tiempos, ella estaba residiendo en Martínez y él en Recoleta, no había una enorme distancia que los separe.
Juntos, alimentaron su amor junto a su pasión. Y cierto día, para terminar de celebrar su historia, volvieron a la carrera de autos deportivos para, esta vez, participar juntos, Manuel como piloto y Valeria de copilota: “Ella es una de las mejores copilotas que he tenido, por no decir la mejor”, asegura su marido con orgullo.

A esas carreras les siguieron otras, así como diversas competiciones del mundo del automovilismo. Y, hoy, con dos hijas y un hijo, la herencia familiar continúa. Ellas ya han incursionado y participado en competencias junto a sus padres: “Y también lo acompañan a Manuel a las carreras que se desarrollan en el exterior”, cuenta Valeria.
Su hijo varón, por otro lado, acompaña a Manuel a las exposiciones y carreras en el interior del país.

Y hoy, mientras la pareja de automovilistas enamorados rememora su historia, Valeria vuelve con una sonrisa a la escena del hotel y sin sorprenderse asegura: “Muchas veces las que tomamos la iniciativa somos nosotras”.
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