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Mao Zedong murió el 9 de septiembre de 1976

¿De qué murió Mao? El diario de su médico personal, su falta de higiene y por qué ocultó su deterioro como un secreto de Estado

El fundador de la República Popular China falleció el 9 de septiembre de 1976, hace exactamente 50 años; sufrió trastornos de insomnio, dependencia a los barbitúricos, tenía una pésima higiene, sufrió tres infartos y en 1974 le diagnosticaron ELA

El fundador de la República Popular China falleció el 9 de septiembre de 1976, hace exactamente 50 años; sufrió trastornos de insomnio, dependencia a los barbitúricos, tenía una pésima higiene, sufrió tres infartos y en 1974 le diagnosticaron ELA

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“Desde el fondo de sus corazones, el pueblo chino amaba, confiaba y estimaba al presidente Mao, el más grande marxista de la era contemporánea”, dijo Hua Guofeng, primer ministro de China, el 18 de septiembre de 1976, frente a millones de personas congregadas en la plaza de Tiananmen.

Guofeng, sucesor inmediato de Mao Zedong tras su muerte el 9 de septiembre de aquel año, leyó: “Hoy, representantes del Partido, del gobierno y de las organizaciones militares, obreros, campesinos, soldados y otros sectores de la capital se encuentran aquí [...] lamentando con el más profundo dolor la pérdida del Presidente Mao Zedong, nuestro estimado y amado gran líder y gran maestro del proletariado internacional, de las naciones oprimidas y de los pueblos oprimidos. [...] Bajo el liderazgo del Presidente Mao, el pueblo chino, que durante mucho tiempo sufrió opresión y explotación, alcanzó la emancipación y se convirtió en dueño del país. Bajo el liderazgo del Presidente Mao, la nación china, asolada por la adversidad, se puso de pie”.

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El cuerpo de Mao Zedong se expuso en un sarcófago de cristal mientras los trabajadores le rendían homenaje (Foto: Getty Images)
El cuerpo de Mao Zedong se expuso en un sarcófago de cristal mientras los trabajadores le rendían homenaje (Foto: Getty Images)

Cada tanto lo interrumpía el grito multitudinario de “presidente Mao, siempre seremos leales a tu gran pensamiento, leales a tu línea revolucionaria, y defenderemos con nuestras vidas la bandera roja que ondeará siempre”, según una nota de El País de ese momento.

La muerte del líder no sorprendió a su séquito, pero sí al pueblo chino: nadie sabía nada sobre su salud ni sobre el deterioro que se había intensificado con los años, y que fue tratado siempre como secreto de Estado. El régimen buscaba, así, sostener la imagen de un líder más divino que humano. El 9 de septiembre, la radio anunció que Mao había muerto “a consecuencia de un empeoramiento de su enfermedad”, sin especificar cuál. Se sabía que dos años antes había sufrido un ataque al corazón, y circulaban rumores sobre el mal de Parkinson.

Pero la verdad era muy distinta.

Mao junto a su médico personal Li Zhisui (Foto: Getty Images)
Mao junto a su médico personal Li Zhisui (Foto: Getty Images)
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“Dormir, al igual que bañarse, era una pérdida de tiempo”

El trasfondo salió a la luz recién en en 1994, cuando su médico personal desde 1954, el doctor Li Zhisui, publicó el libro La vida privada del presidente Mao. En él contó que lo acompañó durante décadas de viajes por el país: “Había comenzado a escribir un diario en 1954, cuando fui nombrado médico personal de Mao, y pronto se convirtió en un pasatiempo y servía como registro de mis experiencias”, explica en el prefacio.

Según su relato, la salud de Mao se deterioró de forma progresiva durante décadas: primero fueron trastornos psicosomáticos e higiénicos, y en sus últimos años, un colapso neurológico y cardiovascular absoluto. La fase inicial de ese declive empezó más de veinte años antes de su muerte, aunque nadie lo supo entonces.

Desde joven Mao tuvo serios trastornos de insomnio (Foto: Getty Images)
Desde joven Mao tuvo serios trastornos de insomnio (Foto: Getty Images)

La primera alteración fue el insomnio. “El problema que más me ponía los nervios de punta era el insomnio persistente de Mao. Dormir, al igual que bañarse, era una pérdida de tiempo. Su cuerpo se negaba a ajustarse al día de 24 horas [...] Sus horas de vigilia se prolongaban cada vez más, hasta que podía permanecer despierto durante 24, o incluso 36 o 48 horas seguidas. Entonces podía dormir 10 o 12 horas de corrido, y ningún ruido ni alboroto lograba despertarlo”, escribió Li, quien admite que no sabía cuándo había empezado ese patrón, pero que otro médico ya lo trataba por esto a comienzos de la década de 1930, tras dos décadas de lucha revolucionaria antes de la fundación de la República Popular.

Para combatir la afección, Mao desarrolló una adicción severa de más de 20 años al amital sódico, un barbitúrico potente. Con el tiempo, su cuerpo generó tolerancia y fue aumentando la dosis de forma alarmante. Li introdujo después el hidrato de cloral líquido, un compuesto sedante, que también le generó dependencia. Además, Mao descubrió que le generaba euforia y le estimulaba el apetito, y llegó a consumirlo antes de recibir delegaciones extranjeras, asistir a reuniones políticas o ir a sus fiestas de baile solo para sentir esa estimulación artificial.

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Mao se hizo adicto a los barbitúricos y sedantes
Mao se hizo adicto a los barbitúricos y sedantesXinHua

El médico le diagnosticó neurastenia, un trastorno del sistema nervioso que provoca cansancio físico y mental sin causa aparente, y encontró la raíz en la política: “La neurastenia de Mao tenía sus raíces en su temor constante de que otros dirigentes de alto rango no le fueran leales y en que había pocas personas dentro del partido en quienes pudiera confiar realmente. Los síntomas se volvían mucho más graves al comienzo de una gran lucha política”.

Físicamente, el cuadro se manifestaba en dolores de cabeza, problemas estomacales, picazón, impotencia, crisis de ansiedad y mareos que lo desorientaban en público. Por esto último el protocolo de seguridad interna exigía que un ayudante médico o militar permaneciera siempre de pie junto a él durante sus discursos, caminatas o recepciones, para evitar que colapsara o perdiera el equilibrio frente a las cámaras.

“Un tigre nunca se cepilla los dientes”

Mao nunca se lavó los dientes. Mantenía una costumbre de su infancia campesina en Hunán: al despertar se enjuagaba la boca con té, masticaba las hojas y tragaba el líquido. Con el tiempo esta práctica devino en una infección periodontal crónica que Li describe así: “Peng Dehuai [líder militar] [...] ya me había sugerido que alentara al Presidente a mejorar su higiene bucal. ‘Los dientes del Presidente parecen estar cubiertos de pintura verde’, me había dicho, y cuando miré dentro de la boca de Mao, vi que sus dientes estaban cubiertos por una gruesa película verdosa. Algunos parecían estar flojos. Toqué ligeramente las encías y salió un poco de pus”.

El líder chino tenía la costumbre de enjuagarse los dientes con té (Foto: Getty Images)
El líder chino tenía la costumbre de enjuagarse los dientes con té (Foto: Getty Images)
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Pese a esto, se negaba a usar pasta dental o cepillo: “No, me limpio los dientes con té. Nunca me los cepillo. Un tigre nunca se cepilla los dientes. ¿Por qué los dientes del tigre son tan afilados?”, respondía a las insistencias. Y sostuvo esa postura toda su vida: la dentadura se le fue ennegreciendo y perdió varias piezas, hasta que, para 1970, ya no le quedaba ningún diente superior trasero.

A esto se sumaba el rechazo total a bañarse (dejó de hacerlo en 1950 por considerarlo una pérdida de tiempo): en cambio, hacía que sus asistentes le pasaran toallas húmedas calientes por las noches. Esto fue un problema sobre todo en los años 60 por su intensa vida sexual: tenía numerosas amantes, casi todas muy jóvenes, y era portador asintomático de una enfermedad venérea, a causa de esa mala higiene, que transmitía primero sin saberlo, después, sin importarle.

Propaganda del Partido Comunista de China (Foto: Getty Images)
Propaganda del Partido Comunista de China (Foto: Getty Images)

Cuando el médico le sugirió antibióticos e interrumpir los encuentros sexuales, Mao respondió: “Si a mí no me duele, entonces no importa”. Ante el pedido de dejarse higienizar correctamente, contestó: “Me lavo dentro de los cuerpos de mis mujeres”. Li quedó atónito y lo escribió así: “Me dio asco. Las indulgencias sexuales de Mao, sus delirios taoístas, su forma de ensuciar a tantas mujeres jóvenes, ingenuas e inocentes, eran casi más de lo que podía soportar”. La única opción, siempre bajo secreto de Estado, fue que un grupo de confianza esterilizara en secreto sus sábanas y toallas. Aun así, Mao fue portador activo de la infección toda su vida y más tarde contrajo también herpes genital.

Un gobernante de gran crueldad

Para Li, el verdadero declive de salud de Mao empezó en 1971, con el supuesto intento de golpe de Estado de su colega, Lin Biao, uno de sus principales aliados sobre todo durante la Revolución Cultural, que se inició en 1966 para purgar a los opositores políticos del Partido Comunista y que se extendió hasta la muerte del líder.

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Las estimaciones de muertes durante el gobierno de Mao Zedong hablan de 70 millones de personas durante la Revolución Cultural y el Gran Salto Adelante (Foto: Getty Images)
Las estimaciones de muertes durante el gobierno de Mao Zedong hablan de 70 millones de personas durante la Revolución Cultural y el Gran Salto Adelante (Foto: Getty Images)

Según la profesora Jung Chang, autora junto al historiador Jon Halliday de una biografía de Mao publicada en 2006, “Mao Zedong provocó la muerte de 70 millones de chinos en tiempos de paz”. Esto lo convierte en el mayor genocidio de la historia, aunque algunos especialistas prefieren hablar de “democidio” (como explica Amnistía Internacional, el democidio es un término más amplio que abarca cualquier asesinato masivo cometido por un gobierno, mientras que el genocidio se limita específicamente a la destrucción intencional de un grupo nacional, étnico, racial o religioso). La cantidad de muertes que se le atribuyen a su régimen supera incluso a otros líderes criminales de la historia como Iósif Stalin y Adolf Hitler.

Mao Zedong y Joseph Stalin (Foto: Getty Images)
Mao Zedong y Joseph Stalin (Foto: Getty Images)Wikicommons

Además de la Revolución Cultura antes fue “El Gran Salto Adelante” (1958-1961), una campaña para modificar la economía agrícola en poco tiempo, que costó la vida a 30 millones de personas, la mayoría, niños menores de 10 años que murieron de hambre, bajo la promesa de una rápida industrialización y colectivización. El Estado hacía creer que se producía mucho, que había excedentes de granos y comida, pero en realidad había cada vez menos alimentos para los campesinos.

En 1959, el entonces ministro de Defensa, Peng Dehuai, criticó esto públicamente. Mao lo destituyó y puso en su lugar a Lin Biao. Para 1969 lo nombró su sucesor, pero pronto empezó a tener más control sobre buena parte del ejército y a conseguir aliados propios dentro del Partido: un poder creciente que Mao leyó como una amenaza.

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El entonces líder del partido comunista chino Mao Zedong, izquierda, estrecha la mano del entonces presidente estadounidense Richard Nixon en su encuentro en Beijing, el 21 de febrero de 1972 (AP Foto, archivo)
El entonces líder del partido comunista chino Mao Zedong, izquierda, estrecha la mano del entonces presidente estadounidense Richard Nixon en su encuentro en Beijing, el 21 de febrero de 1972 (AP Foto, archivo)

Para 1971, Lin veía con temor la desconfianza del general: estaba seguro de que estaba preparando una purga contra él y su entorno. Mientras, en el gobierno sostenían lo contrario: que Lin planeaba un golpe contra Mao (el “Proyecto 571”) con intención de asesinarlo, aunque los historiadores dudan de ese complot. En la noche del 12 de septiembre, Lin abordó un avión junto a su familia para huir, pero murieron al estrellarse en Mongolia.

A ese episodio de sospechas, alianzas rotas y posibles traiciones se refería el médico cuando dijo que ese año empezó a empeorar la salud de Mao.

El momento más cercano a la muerte

Enseguida Mao cayó en una depresión: “Se recluyó en su cama y yacía ahí todo el día, diciendo y haciendo muy poco. Cuando se levantaba, parecía haber envejecido. Sus hombros se encorvaron y se movía lentamente. Caminaba arrastrando los pies. No podía dormir”, describió.

En 1974 un equipo de médicos diagnosticó a Mao Zedong con ELA (Foto: Getty Images)
En 1974 un equipo de médicos diagnosticó a Mao Zedong con ELA (Foto: Getty Images)
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El cuadro se agravó: “Su presión arterial, normalmente de 130 sobre 80, se disparó a 180 sobre 100. Sus piernas y pies se hincharon, especialmente a la altura de los tobillos. Desarrolló un resfriado y una tos crónica y comenzó a expectorar grandes cantidades de flema. Sus pulmones estaban gravemente congestionados [...] Su corazón estaba ligeramente agrandado y sus latidos eran irregulares”.

El régimen mantuvo la enfermedad en secreto absoluto, pero las secuelas físicas eran imposibles de ocultar ante las cámaras. El 20 de noviembre de 1971, durante un encuentro con el primer ministro de Vietnam del Norte, Pham Van Dong, el mundo vio por primera vez el cambio en el líder: “Mientras Mao escoltaba al primer ministro norvietnamita hacia la puerta, las cámaras revelaron el caminar vacilante de Mao. Sus piernas, decía la gente, parecían palos de madera tambaleantes”.

Los obreros veneran el cuerpo embalsamado del líder Mao Zedong (Foto: Getty Images)
Los obreros veneran el cuerpo embalsamado del líder Mao Zedong (Foto: Getty Images)

Meses después, el 1° de febrero de 1972, una insuficiencia cardíaca congestiva grave y los pulmones colapsados por el enfisema le provocaron un coma por asfixia, “el momento más cercano a la muerte que el líder había tenido hasta entonces”: Mao se venía negando a recibir tratamiento médico, pero ese día aceptó una inyección de antibióticos. Minutos después empezó a toser, pero “estaba débil y no tenía fuerzas para expulsar la flema. El líquido se le quedó atascado en la garganta y, de repente, se estaba ahogando, incapaz de respirar, jadeando por aire. Se desplomó”. El equipo médico logró, finalmente, liberar la obstrucción.

Esclerosis Lateral Amiotrófica

A comienzos de 1973 empezó a tener problemas para hablar: su voz se volvió baja, gutural y ronca, y era cada vez más difícil entenderlo, incluso para sus médicos y su entorno. Parecía haber perdido el control de la lengua y no podía mantener la boca cerrada. En julio de 1974, un equipo de neurólogos de Beijing y Shanghái lo examinó y determinó que padecía Esclerosis Lateral Amiotrófica (ELA), aunque, tras su muerte, medios como El País hablaron de Parkinson. Su mudez tenía una causa concreta: la degeneración y muerte de las células nerviosas y motoras en la médula y el tronco encefálico.

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Mao Zedong, en su llegada a Moscú, 1957 
(Foto: Getty Images)
Mao Zedong, en su llegada a Moscú, 1957 (Foto: Getty Images)

Además de perder el habla, no podía tragar bien, porque los músculos de la garganta y la faringe estaban paralizados, así que pasó a una dieta semilíquida suministrada por sus asistentes, con el riesgo constante de que el líquido se desviara a la tráquea y provocara infecciones pulmonares o asfixia.

La pérdida de movilidad avanzó rápido: para cuando lo diagnosticaron, ya tenía una marcada atrofia muscular en piernas y brazos, sobre todo del lado derecho, y quedó casi totalmente confinado a la cama. El tabaco, además, le había destruido los pulmones y le había dejado tres burbujas de aire del lado izquierdo, por lo que solo respiraba bien acostado de ese costado, dejando que el peso de su cuerpo comprimiera las burbujas y permitiera respirar al pulmón derecho. Pronto aparecieron las escaras, que exigían curaciones constantes. Para 1976 ya no podía sostenerse en pie y lo tenían que mover de un lado a otro entre varios.

“Su cuerpo estaba fallando”

El último año fue una carrera contrarreloj para los médicos. En 1976 sufrió tres infartos agudos en cuatro meses. El primero, poco después de una recepción oficial, tras una pelea con su secretaria y examante Zhang Yufeng. El segundo fue más grave: “A las siete de esa noche, Mao tomó sus pastillas para dormir y estaba acostado en la cama. Pero seguía inquieto. Primero se trasladó a la otra cama y luego al sofá. Diez minutos después, quiso volver a acostarse [...] De repente, el electrocardiógrafo registró otro infarto de miocardio”.

El 1 de octubre de 1949, Mao Zedong instauró la República Popular de China, sobre la base de las teorías de Marx y Lenin
El 1 de octubre de 1949, Mao Zedong instauró la República Popular de China, sobre la base de las teorías de Marx y LeninGetty Images
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El tercero, el 2 de septiembre, destruyó gran parte del tejido cardíaco que le quedaba y le provocó fallas renales. Li escribió que este “fue mucho más grave que los dos anteriores y afectó a un área mucho mayor de su corazón. Su cuerpo estaba fallando”.

Pero nada de eso fue la causa directa de su muerte. El 8 de septiembre, su esposa Jiang Qing entró a la habitación. Los médicos habían indicado que no debía moverlo, pero ella no hizo caso: “Quería que cambiáramos la posición de dormir de Mao, alegando que había estado acostado demasiado tiempo sobre su lado izquierdo. El médico de guardia se opuso, sabiendo que solo podía respirar sobre su lado izquierdo, pero ella lo hizo mover de todos modos. La respiración de Mao se detuvo y su rostro se puso azul”.

Lograron reanimarlo y lo conectaron a un respirador artificial. Cerca de la medianoche, Mao le susurró al oído a Zhang Yufeng, la única persona que todavía lo entendía, sus últimas palabras: una pregunta. “‘Dr. Li’, dijo ella cuando me acerqué al lado de Mao, ‘el Presidente quiere saber si hay alguna esperanza’. Con cierto esfuerzo, Mao asintió y extendió lentamente su brazo derecho, tomando mi mano. ‘Está bien, Presidente’, le dije, con su mano todavía en la mía. ‘Podremos ayudarlo’. Por un instante, los ojos de Mao parecieron satisfechos. Lentamente, comenzaron a aparecer manchas rosadas en sus mejillas. Exhaló profundamente. Sus ojos se cerraron. Su mano derecha cayó sin vida de la mía. La línea del electrocardiógrafo se volvió plana. Miré mi reloj. Eran las 12:10 a.m. del 9 de septiembre de 1976”.

El pueblo chino, que se movilizó para el funeral, nunca supo sobre el deplorable estado de salud de su líder (Foto: Getty Images)
El pueblo chino, que se movilizó para el funeral, nunca supo sobre el deplorable estado de salud de su líder (Foto: Getty Images)

El 22 de ese mes, en una reunión del Politburó, acusaron a los médicos de haberlo envenenado. Li lo recordó así: “Cuando empecé a describir cómo el presidente Mao había enfermado de gravedad en junio de 1976, el general Xu Shiyou [comandante de la Región Militar de Cantón] se levantó de repente y caminó de forma amenazadora hacia mí. ‘¿Por qué había marcas negras y azules en el cuerpo del Presidente?’, exigió, parado directamente frente a mí. ‘¿Cuál fue la causa?’. En China existe la creencia popular de que el cuerpo de alguien que ha sido envenenado hasta la muerte se llena de moretones”.

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Li explicó y defendió a los médicos: esas marcas, llamadas “manchas de la muerte”, aparecen unas cuatro horas después del fallecimiento, cuando el corazón deja de latir y la sangre se hunde hacia las partes más bajas del cuerpo según su postura. El nuevo primer ministro, Hua Guofeng, intercedió a su favor y logró que se aprobara el informe final.

Mao fue embalsamado en contra de sus deseos su cuerpo se exhibe hoy en un sarcófago de cristal dentro de su Mausoleo en la plaza Tiananmén de Pekín.