
“Tenía debilidad por los chicos malos”: así hablaron los medios extranjeros sobre el turbulento pasado con el que llegó a la Corona la actual reina consorte de Noruega, Mette-Marit. Se basaban en sus exparejas, en su paso por un reality show para encontrar novio y en los rumores que surgieron a partir de este, un episodio que, tras su llegada a la realeza, no pudo verse nunca más: la cadena TVNorge decidió ocultarlo lo mejor posible.

Pero no fue solo ese episodio el que la puso en el foco de la opinión pública europea: también lo hizo su relación previa con Morten Borg, el padre biológico de Marius Borg, que antes de salir con ella estuvo preso por posesión de cocaína, incidentes de violencia y conducción bajo los efectos del alcohol. La historia se repetiría años después con el propio Marius.
Además, y casi como una réplica de la vida de Harald V, el padre de Haakon que falleció este viernes, una vez más la monarquía tuvo que afrontar las idas y vueltas que provocaron un matrimonio morganático, es decir, entre dos personas de diferentes estratos sociales. En palabras simples: entre un príncipe y una plebeya. ¿Cómo fue que, de ese reality escandaloso, Mette-Marit llegó al trono noruego?
“La semana y el fin de semana se mezclaban”
La historia de amor entre la nueva reina consorte de Noruega y el padre de su primer hijo se remonta a la década de los 90 en Oslo, cuando abundaban las fiestas raves y la música electrónica. Morten Borg era, en esa época, disc jockey y amigo del empresario John Ognby, novio de la mismísima Mette-Marit Tjessem, de 25 años.

Ella trabajaba de camarera. Mientras tanto, además, estudiaba Sociología. Cuando conoció a Ognby, él le llevaba 15 años. Quizás se enamoraron, pero muchos medios hablan de esa relación más como una “vía de escape” de la actual reina a su vida familiar: sus padres se habían divorciado después de un matrimonio violento y él terminó casándose con una stripper.

Con John, ella podía alejarse de todo eso, entumecerse: “Por su estatus y su edad, John deslumbra a la joven. En su libro, relata con franqueza estos años locos: ‘Estábamos de fiesta todas las noches. La semana y el fin de semana se mezclaban’. El alcohol y las drogas circulan en grandes cantidades”, relató la revista Point de Vue, palabra autorizada en temas relacionados con la monarquía europea.
Nadie especifica cuánto duró el noviazgo, pero cuando la chispa se apagó, ella no tardó en fijarse en el amigo de Ognby, en Morten, un hombre que el mismo medio describe como “problemático por esa época, que ya había pasado dos veces por prisión por posesión y venta de cocaína”. Tampoco circula mucha información sobre ese período de Mette-Marit, solo que fue un vínculo corto en el que ella quedó embarazada. Pero se separaron durante la gestación de Marius: era 1996, el mismo año en que apareció en aquel reality buscando un nuevo novio.
“¡Fuera los cachorros!”
El programa se llamaba Lysthuset (traducido como “La casa del placer”). Pese a que, como se contó, nunca volvieron a transmitirlo, y tampoco se subió a internet, reporteros de uno de los medios más importantes de Noruega, el Dagbladet, accedieron a él: en los 90 era normal que los canales de televisión cargaran su contenido en el archivo de la Biblioteca Nacional, y aunque les advirtieron que estaba prohibido que tomar fotos o grabaciones de lo que verían, pudieron describirlo.

“Mette-Marit es una chica que vive en las nubes, sufre de fiebre viajera y tiene pulgas en la sangre. Ha estado en la cima de Ayers Rock en Australia, fue detenida y deportada en India, se desmayó frente a la embajada noruega en Calcuta, y aquí, en ‘Lysthuset’, tiene que sentarse en silencio durante unos minutos”, arranca la presentadora, Silvany Bricen.

La futura princesa aparecía sentada de espaldas a un numeroso grupo de personas que bailaban. La principal regla del “juego” era que no podía ver a los hombres que, como ella, participaban para encontrar el amor: “Debe recurrir a otros métodos para deshacerse de los hombres”. Para seleccionarlos. Mucho se habló de cuáles fueron esos otros métodos, pero todo lo que se dijo eran suposiciones.
Ellos se dividían en “diferentes categorías”, y Mette-Marit tenía que arrancar descartando grupos. El primero que eligió para eliminar fue el denominado “amanecer”, lo que se interpretó como una característica de la muchacha: no le gustaba madrugar. Después debió decidir por edad, y claro, decidió hachar a los más jóvenes: “¡Fuera los cachorros!”, gritó la rubia. Los que quedaban, debían competir por su atención.

Desfilaban frente a ella, trataban de mostrar su gracia. Uno improvisó un baile erótico con una muñeca de trapo y recibió una ovación de sus compañeros. Ella no lo veía, todo pasaba a sus espaldas, debía guiarse por la reacción del público. Este pasó a la otra ronda. Otro concursante emitió un sonido que parecía imitar el grito de Pedro Picapiedra (iaba daba dú). A ella le gustó: “¡A él quiero conservarlo!”, declaró entre risas.
Contrario a lo muchos dijeron (que la joven debía seleccionar a quien le gustara “al tacto”, con los ojos vendados), la última ronda era, en realidad, de preguntas. Ella las había respondido previamente y ahora, si los pretendientes adivinaban sus respuestas, podían bailar acercándose al “círculo mágico” donde se sentaba Mette-Marit. El primero en hacerlo ganaba la cita. Quien lo logró fue, justamente, el del baile con la muñeca. El premio, además, fueron entradas para un concierto de Metallica, que tocaba en Oslo el 24 de noviembre de 1996. No se sabe si las usaron.
“Encontrar a alguien con quien tenés química”

Al año siguiente, el 13 de enero de 1997, nació su primer hijo, Marius Borg. Y pasaron dos años más hasta que se cruzó con Haakon, heredero al trono noruego. Tenían un amigo en común, gracias al cual se habían visto un par de veces, pero el encuentro definitivo fue el de Quartfestivalen de 1999.
Esa vez sí: flechazo. Tanto, que empezaron a citarse a escondidas. Se repetía la historia de Harald y Sonia, el amor que atravesaba la diferencia de clases, solo que esta vez acarreaba el plus escandaloso del pasado de Mette-Marit, a lo que se sumaba la existencia de Marius y del padre de éste, que enseguida se hicieron conocidos.
De todas formas, pospusieron el noviazgo para cuando él volviera de un viaje agendado para asistir a la delegación de la ONU en Estados Unidos. Lo contó en el libro Haakon, historias sobre un heredero al trono, en el que figura como autor junto con Kjetil Østli: “Antes de partir, decidimos no estar juntos. No funcionó. Nos pusimos de novios cuando regresé. Fue una época hermosa, una época muy hermosa. Todos saben lo bien que puede sentirse encontrar a alguien con quien tenés química”.
La prensa se enteró enseguida, se debatía sobre ellos, sobre ella, todo se salía de control: “Lo que recuerdo, en realidad, es una gran negatividad alrededor de Mette y de mí, y que muchas personas sentían que tenían todo el derecho a opinar en voz alta sobre nosotros dos y sobre ella. Es una experiencia surrealista ver a gente en televisión hablar mal de tu novia y considerar que dos personas que están enamoradas deberían terminar su relación”.

Esta vez no apuntaban a la condición “plebeya” de la novia, sino su trasfondo. Cuenta el diario El País: “Las principales críticas recibidas por Haakon durante su etapa como príncipe se remontan a su matrimonio con Mette-Marit Tjessem Hoiby, la joven hija de un periodista y una empleada bancaria que se divorciaron cuando ella tenía 11 años. El problema no era su origen plebeyo: la madre de Haakon, la reina Sonia, es hija de un empresario textil. El gran obstáculo era el pasado ‘salvaje’ de Mette-Marit, como ella misma definió la época anterior a su regio matrimonio”.
Los rumores sobre la relación se extendían cada vez más por los medios, sobre todo después de que los jóvenes se mudaron juntos sin haberse casado. Para tratar de apaciguar a la prensa, la Casa Real reunió a un grupo de editores. La idea era explicarles cómo sería, potencialmente, un compromiso entre ambos. Pésima estrategia de apaciguamiento: enseguida lo interpretaron como la confirmación de una boda. Salió la noticia.

Haakon luchó por su amor y, como lo había hecho años atrás su propio padre, lanzó una amenaza para conseguir lo que quería. Fue un paso más allá que Harald, que había prometido seguir en su puesto pero no casarse nunca: Haakon dijo, en cambio, que si el parlamento no aprobaba a su prometida, él renunciaría a la línea de asunción al trono. Finalmente, el 1° de diciembre de 2000 anunciaron la boda. Se casaron el 25 de agosto de 2001 en la catedral de Oslo. Cuatro años después, la princesa dio a luz a Ingrid Alexandra, quien algún día también reinará Noruega, y dos inviernos más tarde, tuvo al príncipe Sverre.
Negativos para la monarquía
Así todo, las principales críticas que recibió la pareja surgieron de la propia familia, especialmente, de la tía de Haakon y hermana de Harald, Ragnhild. Una vez más, no se centraba en el origen plebeyo, no podía hacerlo: ella misma había contraído matrimonio en 1953 con el hijo de unos navieros y guardia personal del rey Olaf V.

Sin embargo, fue contundente cuando expresó en una entrevista con la señal noruega TV2 en 2004: “Espero morir antes del día en que la princesa heredera Mette-Marit se convierta en reina de Noruega. De verdad espero que eso no ocurra”. Era una mujer dura, crítica. Estaba convencida que tanto la nueva princesa como el cónyuge de su sobrina, Marta Luisa, el autor bohemio Ari Behn, daban una mala prensa: “¿Son negativos para la monarquía? Sí, de eso estoy segura”, había dicho.
Quizás haya sido una suerte para la misma Marta Luisa que Ranghild no viviera para conocer a su segundo esposo, con quien contrajo nupcias en 2024: el chamán estadounidense Durek Verrett, conocido por ser un gurú espiritual. Y quizás mayor sea la suerte en vistas de los otros escándalos que sobrevuelan hoy sobre Mette-Marit: su vínculo con el agresor sexual Jeffrey Epstein, que prácticamente deja en un segundo plano la condena a cuatro años de prisión que recibió este año su primogénito Marius por violación.

“Epstein era muy amigo de un buen amigo mío. Así que me lo presentaron a través de conocidos en común; de hecho, a través de varios. Todos ellos trabajaban en el ámbito de la salud global y la organización. Eran personas en las que confiaba y cuyo criterio me inspiraba confianza”, contó la reina consorte en una entrevista con NRK, la corporación pública de radio y televisión de Noruega.
Según los archivos desclasificados del caso, Mette-Marit aparece nombrada casi 1000 veces en los emails del magnate. En la misma ocasión, ella aseguró que se trataba de una “relación de amistad”: “Era, ante todo, amigo de un amigo mío. Si la pregunta era si la relación tenía otro carácter, la respuesta es no”.
A causa de esto, la Casa Real tuvo que salir a aclarar que, durante ese período, la entonces princesa no era consciente de “el alcance y la naturaleza de los actos delictivos que él había admitido y por los que había cumplido condena”.
El rey Harald mantuvo un nivel altísimo de aprobación durante su reinado, de entre el 80% y el 85% según los medios de aquel país, y mantuvo estos números incluso cuando todas estas noticias inquietantes revolucionaron a la prensa: él quedó siempre inmune. Habrá que ver cómo evoluciona Haakon en su lugar, y si podrá, junto con Mette-Marit, restaurar la opinión pública tras la serie de polémicas que la vienen rodeando a ella y a su familia.

