
Deambulaba bajo la lluvia, le abrió la puerta del auto para ofrecerle comida pero el animal buscaba algo más: “Saltó al asiento del copiloto”

Regresaba a casa luego de una excursión. Cansado y con hambre, detuvo su auto en un restaurante de comida rápida para comprar algo y refugiarse de la lluvia. Las gotas de lluvia cubrían el parabrisas mientras recogía su pedido y buscaba un lugar en el estacionamiento.
Sin embargo, justo cuando empezaba a sacar la comida de la bolsa, su atención se desvió hacia un perro de pelaje tostado que deambulaba por el lugar.

“Lo vi afuera, yendo de coche en coche en busca de comida, pero nadie le abría la puerta”, contó Sam a un medio local. “Me partió el corazón verlo solo y hambriento bajo la lluvia”.
Sam no podía dejar de pensar en el perro y decidió compartir parte de su comida con él. Puso algo de alimento en un recipiente, abrió la puerta y llamó al perro empapado. El animal corrió rápidamente hacia Sam, pero al principio ni siquiera pareció interesarse por la comida.
“Cuando se acercó a mi camioneta, abrí la puerta y puse una hamburguesa en el suelo para él, tratando al mismo tiempo de mantenerlo seco con un paraguas. Ignoró por completo la hamburguesa y saltó directamente al interior de mi camioneta. Una vez dentro, se echó para dormir una siesta y supe que de ninguna manera iba a dejarlo volver a la calle, especialmente con aquel aguacero”.

El perro, a quien Sam llamó más tarde Gus, se sentó en el asiento del copiloto, como para recuperar el aliento. Su pelaje estaba totalmente empapado, ya que no había tenido refugio contra la tormenta. Y, en cuanto empezó a devorar la comida que Sam le ofrecía, no quedó duda de que estaba necesitaba recuperar energías.
Sam no sabía nada sobre el pasado de Gus ni cuánto tiempo llevaba sobreviviendo por su cuenta. Pero no tardó en darse cuenta de que quería salvar a aquel dulce perro de la vida en la calle.

“En el momento en que saltó a mi coche, supe que quería quedármelo al menos el tiempo suficiente para asegurarme de que estuviera a salvo”, detalló Sam.
Mientras Gus terminaba de comer, Sam empezó a planear su futuro juntos. Al principio le preocupaba el aspecto económico de cuidar a Gus, pero nunca dudó en cumplir su promesa de mantener al cachorro a salvo. Después de varios baños, logró quitarle toda la suciedad y las pulgas, y al día siguiente lo llevó al veterinario. Afortunadamente, dio negativo en las pruebas de gusano del corazón y parásitos; por lo demás, era un perrito perfectamente sano. Solo necesitaba cuidados veterinarios básicos, vacunas, medicación, comida y cariño.
“Lo que definitivamente me hizo ver un futuro a largo plazo con él fue su naturaleza cariñosa, su lenguaje corporal tranquilo y, sencillamente, lo adorable que es”, dijo Sam.
Sam y Gus se hicieron mejores amigos rápidamente. Resultó que a Gus le encantaban las mismas actividades que a Sam, y pasaban los días felices, ya fuera viviendo aventuras al aire libre o acurrucados en casa.
“Le encanta estar al aire libre y explorar”, dijo Sam. “Lo he llevado a la playa, de excursión y a ríos y cascadas. El plan original era ayudarlo a recuperarse mientras decidía qué hacer. Pero, en algún momento del camino, este perro increíblemente noble pasó de ser un callejero que encontré bajo la lluvia a formar parte de mi vida cotidiana. Se ha adueñado de mi sofá, de la galería de fotos de mi celular y de mi corazón”.

Gus, que alguna vez fue un perro desamparado y empapado por la lluvia en el estacionamiento de un restaurante de comida rápida, ahora vive una vida maravillosa junto a Sam. Su pelaje brilla, su panza siempre está llena y su sonrisa se hace más grande cada día.
Para Gus, subirse al auto de un desconocido en una tarde lluviosa fue como ganarse la lotería. Pero Sam cree que es al revés. “Gus me dio un mayor impulso para salir adelante, no solo por mí sino por él, porque ahora es mi bebé y se merece un hogar amoroso y estable”, dijo Sam.
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