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Content LAB para Coca-Cola

Del almacén de barrio a la planta: la cadena de valor detrás de cada botella retornable

Todos conocemos ese momento: abrir una Coca-Cola bien fría y disfrutarla. Lo que no siempre vemos son las personas, el trabajo y la enorme red que todos los días hacen posible que llegue hasta nosotros. En este viaje fuimos a conocer esa historia.

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La cultura argentina tiene cientos de rituales y hasta algunos que quizás ni los tomamos como tales. ¿Cómo se le explica, por ejemplo, a alguien que no vive en el país lo que se vive dentro de un almacén de barrio? Las conversaciones, el tuteo, las historias compartidas.

En la Región de Cuyo estos espacios se convierten en el escenario de un hábito que es parte de una cadena de valor inmensa: comprar y luego devolver una botella retornable de Coca-Cola. Cada envase se reutiliza hasta 25 veces pero, más allá de los números, existe una red de personas que lo hacen posible.

Carlitos es un emblema del barrio Guaymallén, donde tiene su propia fiambrería y se lo conoce como el confidente de los vecinos. Guarda secretos, hace chistes y siempre saca una sonrisa.

Para mí, Coca-Cola es indispensable en cualquier negocio”

— Carlitos

Nahuel, de 34 años, pasó su infancia en el barrio Santa Ana donde años más tarde compró el almacén al que iba casi todos los días cuando era chiquito. Transformó sus recuerdos en motor y hoy le devuelve a sus clientes lo que en su momento otros le brindaron: cercanía.

Sabemos lo que es Coca-Cola, es la bebida que más vendo y de lo que vendo, más del 50% de las botellas son retornables. La gente compra porque va acá enfrente, se junta con la familia y es más económico. Para este barrio es todo. ”

— Nahuel
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“Coca-Cola es familia”

Más allá de los números y las estadísticas, hay algo físico que evidencia el orgullo de Germán Puebla, gerente de Ventas de la Región de Cuyo de Coca-Cola Andina, por trabajar en Coca-Cola. Define a la compañía como “familia, pasión, compromiso y arraigo”.

Puebla reúne equipos de Mendoza, San Juan, San Luis, Neuquen y gran parte de Río Negro. “Hace dos años la empresa decidió invertir con una línea de retornabilidad. Ese orgullo viene acompañado de más de 20 años trabajando en lo que es sustentabilidad y posicionamiento del producto”.

Queremos seguir ofreciéndole productos a un consumidor que demanda precio, calidad y sustentabilidad: los tres pilares fundamentales de cualquier negocio.”

— Germán Puebla, gerente de Ventas de la Región de Cuyo de Coca-Cola Andina
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El lugar donde sucede la magia

El Sistema Coca-Cola tiene 12 plantas y 65 centros de distribución en Argentina. En Godoy Cruz, Mendoza, se encuentra Coca-Cola Andina, una de las plantas más grandes y rápidas de la región. Tiene la capacidad de procesar hasta 48.000 litros por hora en distintos formatos de envase y en simultáneo.

“La región de Cuyo es muy fuerte a nivel de envases retornables en Coca-Cola. Nosotros, de alguna manera, tenemos que ayudar a que ese compromiso con el medio ambiente y el envase retornable se siga trabajando día a día y siga fortaleciendo la sustentabilidad de la región”, cuenta Daniel Antonetti, gerente de planta de Coca-Cola Andina en Godoy Cruz, Mendoza.

En torno a los mitos que existen alrededor de la retornabilidad, aclara: “La botella retornable es muy segura, tiene todos los procesos necesarios para garantizar que el producto que está dentro de la botella cumple con todos los estándares de inocuidad. Y nuestro proceso, que está adecuado a las condiciones y a las exigencias del mercado, lo cumple plenamente”.

En Argentina, el Sistema Coca-Cola está integrado por Coca-Cola Argentina y sus cuatro socios embotelladores: Coca-Cola Andina, Coca-Cola FEMSA, Arca Continental y Reginald Lee.

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La importancia de una planta exclusivamente retornable

“Esta planta es un hito. El sistema Coca-Cola apoya la retornabilidad, el poder ser más accesible para nuestros consumidores y también respetuosos con el ambiente”, señala Enrique Pérez Estevez, gerente de Marketing de Coca-Cola Andina.

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¿Cómo es el recorrido de los envases retornables? Funciona mediante un sistema de “logística inversa”. Esto significa que los camiones de distribución que llevan las botellas llenas son los mismos que vuelven con los envases vacíos a la fábrica.

Un dato que pocos saben es que Argentina fue pionera en realizar un diseño homogéneo llamado Botella Universal, una iniciativa que luego se replicó a lo largo y ancho de todo América Latina. Esto logró que la botella no tenga marcas y pueda ser reutilizada no sólo para todas las variedades de Coca-Cola, sino también para Fanta y Sprite, lo que la hace aún más sostenible.

Antes de volver a llenarse, cada botella atraviesa un riguroso proceso de inspección y sanitización:

  1. En una primera etapa, el envase es separado del cajón e incorporado a la línea de producción. Allí se determina si está en condiciones de continuar el proceso.
  2. Luego ingresa a una máquina de lavado especialmente diseñada para garantizar higiene.
  3. Finalizada esta etapa, vuelven a pasar por un estricto control de calidad: un sistema equipado con siete u ocho cámaras captura imágenes desde distintos ángulos y las compara con parámetros preestablecidos para detectar cualquier imperfección o impureza.
  4. Todas las botellas que superan todos estos controles avanzan hacia la etapa final de llenado y encapsulado.
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La Coca-Cola en envase retornable es sustentable e implica un ahorro del 40% para el consumidor. Pero además, es la representación -en parte- de la cultura argentina: una red que trabaja en conjunto y recorre cada rincón del país inmersa en rituales y familias.

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