
Del atorrante al bacán, los términos del lunfardo para describir a los que eligen no trabajar: “Este viaja por Crotto”
El tradicional lenguaje surgido con la ola inmigratoria en el Río de la Plata creó términos para definir a aquellas personas que prefieren vivir alejados de cualquier tipo de esfuerzo laboral

“Trabajás, te cansás, ¿qué ganás?“, declamaba Fatiga en la película La barra de la esquina (1950), un personaje interpretado por José Marrone que solía escaparle a todo tipo de trabajo. Este simpático vago que dejó esa frase impresa en la cultura popular de la Argentina representa uno de los tantos tipos sociales que buscan alcanzar el sueño de vivir sin laburar.
A través de los años, a todos estos variopintos personajes del andar cotidiano porteño que, como se diría hoy, son alérgicos a “agarrar la pala”, el lenguaje popular les ha sabido poner su nombre específico. Y así se crearon nomenclaturas que van del bacán al atorrante, pasando por otras denominaciones como vivillo o fiaciento.
La mayoría de estos términos corresponden a fines del siglo XIX y principios del XX, ese agitado período histórico en el que nuestro país recibió una cantidad masiva de inmigrantes. Momento también en que surgió en el Río de la Plata una lengua arrabalera y particular que se llamó luego lunfardo.

Es por eso que buena parte de estas palabras se pueden encontrar, además, en las letras de tango, esa expresión lírica y melódica del palpitar porteño.
Los caños de A. Torrent
En primer lugar de esta lista se puede mencionar al atorrante. El término nació para definir a un querible personaje que pululó por Buenos Aires básicamente entre los años 1880 y 1910. Un artículo del historiador Leandro Gutiérrez señala que la mayoría de los atorrantes eran inmigrantes europeos que habían decidido rechazar la comodidad burguesa.
Por ello vivían en la calle y, aunque odiaban mendigar, solían pedir comida para poder sobrevivir. José Gobello y Jorge Bossio escribieron en El atorrante que este sujeto tenía “una expresión de desdeñosa rebeldía frente a una sociedad entregada con frenesí al acopio de bienes materiales”.
El origen de la palabra para mencionar a estos vagabundos con principios también es difuso. Algunos señalan que su nombre viene de la conjunción de los términos “hato” y “errante”. Otras relacionan el término a que muchos de estos hombres trabajaban temporariamente en el torrado de café y que el verbo “torrar” fue el puntapié inicial para crear la palabra.

Sin embargo, la leyenda más difundida sobre el nacimiento de este termino dice que estos hombres sin hogar elegían protegerse de la intemperie entrando en unos enormes caños despositados en la zona del puerto, cuyo destino era realizar obras de infraestructura hídrica. El fabricante de estos dispositivos sería un tal A. Torrent, y su nombre estaba inscripto sobre la superficie de los caños.
De ahí derivaría el término atorrante, que actualmente extendió su significado para definir a una persona desvergonzada, poco afecta a las reglas.
El linyera y el croto
Un pariente próximo en pobreza al atorrante era el linyera. A diferencia del primero, este es un ser caracterizado por su carácter errante, que vaga por campos y caminos y lleva su característica bolsa con sus pocas pertenencias al hombro. Suele vivir de la caridad ajena o, en las menos de las veces, de trabajos ocasionales.
El origen del término, según los especialistas, tiene que ver con la expresión del dialecto piamontés lingera, que definía esa bulto que cargaba el errabundo en sus largas caminatas. Término que a su vez proviene de linge, que define un paño de gran tamaño para armar el atado.
Un individuo de similares características que el linyera pero que apareció más acá en el tiempo es el croto. Pero en este caso es una palabra que quedó injustamente relacionada con los que no trabajan o viven en condiciones muy precarias.

Resulta que el origen de la palabra tiene que ver con un exgobernador de la provincia de Buenos Aires, José Camilo Crotto. Este dirigente quiso facilitar el viaje en tren de muchos trabajadores golondrina y entonces dictó un decreto para que pudieran viajar de manera gratuita.
Esto fue en 1920. Los beneficiados por esta medida gubernamental se anotaban en una lista y recibían una especie de carnet. De modo que cuando los jefes de las estaciones les pedían los pasajes a estos jornaleros, veían su identificación y decían: “Este viaja por Crotto”.
La frase fue trasladándose en el tiempo y de aquel “viaja por Crotto” quedó la palabra croto -ya sin doble t- para definir a aquellos seres necesitados que buscan algún tipo de asistencia para vivir. Pero que quede claro que los primeros crotos sí fueron esforzados laburantes.
El que no necesita trabajar
En la otra punta de la escala social de los mencionados anteriormente podemos ubicar al bacán. No es que esta persona no trabaje. Es, en realidad, alguien que puede elegir no trabajar porque, básicamente, no lo necesita.
Es un hombre con una posición económica acomodada, tan holgada que puede vivir viajando por el mundo, de parranda por las farras más elegantes de Buenos Aires o, simplemente, disfrutando de la vida en su mansión con servidumbre, escaleras de mármol y teléfono blanco.

El origen de este término, que ya forma parte del lenguaje de la Argentina, es todavía discutido. Algunos sostienen que proviene de “Bacanal”, las legendarias fiestas romanas donde abundaban el lujo y los excesos. Otros derivan el término de la expresión genovesa “baccan”, que tiene varias acepciones relacionadas con una posición de autoridad: “padre”, “patrón” o también “capitán”.
Pero hay otra versión que, más allá de ser real o no -parece estar aún en debate-, se lleva todos los premios. Es la que dice que el término viene de los empleados de alto rango en las empresas de ferrocarriles británicas en la Argentina. Ellos recorrían las obras pero no utilizaban ni su fuerza ni sus manos. De hecho, llevaban los brazos en su espalda. De ahí viene la expresión “backhand” (manos atrás), que se convirtió luego en nuestro bacán.
El tango describió a estos sujetos como seres siempre sumergidos en el lujo y que carecen de preocupaciones, o como quienes sostienen económicamente a las mujeres que supieron ser de otros.

Pero también, el género predilecto de Buenos Aires puede llegar a mostrar el lado b de estos personajes: “Tenés apellido y vento / amigos de sociedad / no sabés estar contento / porque el cuore que está dentro / siente frío y soledad”, dice la letra de “Un bacán amigo mío”, de Roberto Medina.
Con este individuo acaudalado también puede emparentarse otro bon vivant porteño: el “niño bien”, pero en este caso, se trata de jóvenes que disfrutan -cuando no dilapidan- la fortuna de sus padres. El bacán, en cambio, usufructúa su propio poderío económico.
El vivillo y fiaciento
Otros términos que se originaron en el lunfardo para definir a la persona que no es afecta al trabajo -entre mucho más- son el del vivillo y el fiaciento. En el caso del primero, se trata de alguien que, para su sostén económico, apela más a la astucia que al esfuerzo. Utiliza la picardía y, a veces, el engaño, para sacar ventaja de cada situación posible.
Para terminar se puede mencionar el término lunfardo fiaciento para definir a la persona que vive en un eterno estado de fiaca, cuyo único trabajo es, por su pereza, el de encontrar excusas para no trabajar.

El origen del término también llegó de la península itálica: en aquella región, la fiacca define la pereza, el cansancio. Más atrás se encuentra su origen latín, flaccus, que expresa blandura, debilidad, flacidez.
