.

Después de una tormenta, rescató a un ave de garras que agonizaba pero se topó con un obstáculo: “Nadie me quiso llevar”

5'
Compartir

No formaba parte de su recorrido habitual de trabajo. Pero, esa mañana de cielo gris, había viajado desde Floresta hasta Villa Urquiza para resolver unos compromisos laborales cuando una escena atípica llamó su atención.

Dos hombres mayores contemplaban el cuerpo del animal con resignación, convencidos de que agonizaba. Sobre el asfalto mojado -producto del paso de un frente de tormenta violento sobre la Ciudad de Buenos Aires-, un ave de porte majestuoso y garras prominentes yacía inmóvil contra una pared. “Era tan grande que pensé que se trataba de un halcón. Parecía un avión que había caído en picada”, recuerda Alejandra Aguilera.

publicidad

Sin embargo, una leve reacción en la mirada del ave encendió la alarma de rescate. Sin guantes ni equipos especiales, Alejandra se aproximó despacio, le recogió el plumaje sobre el cuerpo y levantó en brazos lo que en un principio creyó que era un halcón desorientado. “Tenía rastros de tierra en el pico, la lengua ensangrentada y una patita contraída que parecía una fractura grave”, detalla la mujer.

Comenzó entonces un peregrinaje desesperado a pie. Con el animal de 650 gramos firme sobre sus manos, la mujer recorrió más de siete cuadras buscando ayuda profesional. Las negativas se acumularon a cada paso: veterinarias sin especialización en animales exóticos, agendas completas sin cupo para urgencias y la imposibilidad de conseguir un traslado, ya que los choferes de las aplicaciones de viaje rechazaban trasladar un ave rapaz de ese porte. “Ningún auto me quiso llevar. Nadie. Todos se negaron a dejarme subir con el ave”.

La red de asistencia terminó por tejerse gracias a una coincidencia azarosa. Tras una búsqueda en internet bajo la lluvia, Alejandra dio con el contacto del médico veterinario Gastón Milinik, especialista en fauna silvestre. De casualidad, el profesional se encontraba a pocas cuadras del lugar. Al enterarse de la emergencia, pasó a recoger al animal en su propio vehículo para trasladarlo de inmediato al consultorio donde ese día atendía.

publicidad

Ya en la camilla de revisión, el primer chequeo clínico desmintió la sospecha inicial: no se trataba de un halcón, sino de un individuo adulto de gavilán mixto (Parabuteo unicinctus), reconocible por la tonalidad marrón oscura uniforme en el pecho, los tonos cobrizos marcados en las plumas de los hombros y la banda blanca distintiva en el remate de la cola.

El diagnóstico inicial era reservado. “Presentaba un estado estuporoso, con respuesta nula a los estímulos del entorno debido a un severo traumatismo craneal, originado probablemente al chocar contra los ventanales espejados de un edificio durante el temporal. Tenía las plumas de la cara desordenadas y exhibía un parche desprovisto de cobertura en la frente. Eso dejaba al descubierto una mancha blanca que le valió el nombre de Lucero, como la marca que lucen algunos caballos en el entrecejo”, explica Milinik.

A pesar de la sangre en la glotis y el pronóstico crítico para la primera noche de internación, el esquema de analgésicos, antiinflamatorios y complejos vitamínicos que el profesional suministró surtió un efecto positivo. Hacia la tarde de ese viernes 31 de julio, Lucero logró incorporar el torso; a la mañana siguiente, permanecía erguido sobre sus patas. Horas después, mostró una actitud alerta y adoptó las primeras respuestas defensivas ante el contacto humano —un indicador clínico sumamente positivo que certificaba la conservación de sus instintos silvestres—.

publicidad

El gavilán mixto es una especie autóctona protegida que no debe ser mantenida en una vivienda o en contacto con humanos. Por eso, el domingo 2 de agosto se formalizó su derivación al Centro de Rescate de Fauna Silvestre, ubicado en la Reserva Ecológica Costanera Sur”.

Allí, Lucero inició la fase final de su recuperación en recintos voladores de gran tamaño, donde los técnicos evalúan su capacidad biomecánica de vuelo y la efectividad de sus técnicas de caza de presas vivas (en la naturaleza, el gavilán mixto se alimenta de pequeños mamíferos -como cuises o ratones-, palomas, lagartijas, sapos; caza generalmente con sus garras y luego desgarra a sus presas con la ayuda de su pico ganchudo y filoso) antes de restituirlo de manera definitiva a su hábitat natural.

Cómo actuar ante el hallazgo de aves rapaces

El gavilán mixto desempeña un rol ecológico fundamental dentro de la Ciudad de Buenos Aires como regulador biológico de poblaciones de palomas y roedores. Ante el avistamiento de un animal herido o desorientado, Gastón Milinik recomienda mantener las siguientes precauciones:

  • Evitar la manipulación directa: “salvo situaciones extremas de riesgo inminente, no se debe intentar tomar al animal con las manos descubiertas. El pico y, especialmente, las garras de las aves rapaces poseen una fuerza de presión capaz de provocar heridas severas”, aclara el veterinario.
publicidad
  • Dar aviso a las autoridades: en la Ciudad de Buenos Aires, comunicarse con Defensa Civil (Línea 103) o la Policía de la Ciudad, quienes cuentan con el equipamiento y la logística para el rescate y traslado hacia los centros de fauna habilitados.
  • Aislamiento temporal: “si el animal ya fue capturado para su resguardo, se aconseja colocarlo en una caja de cartón con orificios de ventilación, en un ambiente oscuro, silencioso y a temperatura constante, evitando suministrarle agua o comida por vía oral hasta la evaluación médica correspondiente”, finaliza el experto.

Compartí una historia

Si tenés una historia de adopción, rescate, rehabilitación o ayudaste a algún animal en situación de riesgo y querés contar su historia, escribinos a bestiariolanacion@gmail.com