El Campanario, el hotel de lujo abandonado en una de las zonas más caras de Punta del Este
La zona fue conocida por las fiestas que organizaba Gilberto Scarpa; eventos swinger, un asesinato, un hotel abandonado y la investigación del Lava Jato lo pusieron en el foco de la prensa internacional
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Punta del Este siempre fue sinónimo de lujo y glamour, “la joya del Uruguay”. Su nombre remite a playas emblemáticas como la Brava y la Mansa, al balneario de La Barra, a la vida nocturna que todavía reúne al jet set regional. También a Casa Pueblo, en Punta Ballena, la obra arquitectónica creada por el artista Carlos Páez Vilaró que, aunque no pertenece estrictamente a esa localidad, queda a pocos kilómetros y es uno de los puntos turísticos más visitados del país.
Pero además de esos lugares icónicos, hay una región particular, un barrio, que marcó a fuego los años ‘90, donde el lujo fue extremo, casi ostentoso. Está regado de mansiones y palacetes, autos último modelo, calles silenciosas rodeadas de verde, todo a cuatro kilómetros de la península. Es un enclave residencial que funciona como un barrio cerrado sin rejas ni muros que lo limiten. Su nombre no es casual: Beverly Hills, igual que la ciudad californiana famosa por aglomerar a las celebridades, por sus residencias millonarias.

En medio de ese paisaje hay una construcción que rompe la armonía. Un edificio enorme, hoy abandonado, se levanta entre la avenida Orlando Pedragosa Sierra y la avenida Laureano Alonsopérez. Es el Hotel Clarion Spa El Campanario, un gigante entre árboles, palmeras y calles angostas.
Sobre ese hotel circulan desde hace años rumores, versiones cruzadas. Pero los rumores no se limitan a este edificio, sino que se extienden al barrio que lo rodea. Historias de fiestas desmesuradas, dinero de origen oscuro, crímenes y escándalos que contrastan con la imagen pulida de una de las zonas más caras de Punta del Este.

El hotel
Esa mole que domina la vista fue inaugurada en marzo de 1995. No era impensado que se convirtiera en un centro de lujo, a eso parecía apuntar su aparición. De hecho, la inauguración estuvo a cargo del entonces presidente uruguayo, Julio María Sanguinetti. El hotel se levantó en un terreno de más de 6000 metros cuadrados, contaba con 69 habitaciones, dos piletas, suites de grandes dimensiones y muchísimas comodidades más.

Marcelo Gallardo, periodista del diario Correo de Punta del Este, contó sobre su aparición: “Surgió en el contexto del efecto tequila, que impactó muy fuerte a partir del año siguiente en Punta del Este. La construcción de ese hotel en ese lugar levantó todo tipo de comentarios. No fue una inversión esperada. Por eso sorprendió en parte”.

Inesperada porque la crisis del tequila, iniciada en México en 1994, provocó una fuerte fuga de capitales de los mercados emergentes latinoamericanos y golpeó a varios países de la región. En ese escenario, la construcción de un hotel de lujo resultaba, como mínimo, llamativa. El emprendimiento estuvo a cargo de un empresario hondureño, pero nadie se acuerda su nombre. En redes sociales circula la versión de que habría sido un representante diplomático...


Gallardo aporta otra mirada: el hotel “no tuvo ningún impacto en el desarrollo turístico de Punta del Este, nunca fue un lugar emblemático de la zona”. Sin embargo, también es cierto que tenía todo para convertirse en un ícono, para atraer las miradas y los visitantes.


La vida del edificio, sin embargo, fue corta. El empresario había obtenido un crédito de ocho millones de dólares del Banco Comercial de Uruguay, propiedad de los hermanos Rohm, una deuda que nunca pudo saldar. Según versiones que circularon luego, se negó a incorporar socios aun cuando ya no podía pagar los sueldos del personal. El hotel cerró en 2006, fue ocupado por sus empleados por salarios impagos y comenzó un lento pero irreversible deterioro. Desde entonces, pasó de mano en mano.
Gallardo recuerda un episodio clave: “En 2008 el director nacional de Policía, Julio Guarteche, sin identificarlo, reveló durante su comparecencia en la comisión especial de Diputados que la inversión recibida para la construcción del complejo fue aportada por narcos. La novedad filtrada por Guarteche causó estupor en filas del oficialismo local”. La noticia fue un bombazo. El hotel quedaba así asociado a una presunta operación de lavado de dinero. “De su propietario, ni noticias”, remarcó.

En 2014, el edificio fue adquirido por un grupo de inversores argentinos, los desarrolladores de la Trump Tower Punta del Este, Felipe Yaryura y Moisés Yellati (YY Development Group). Más tarde habría pasado a manos de otro empresario argentino, “del rubro de la música”, que decidió ponerlo en venta. Hoy, el inmueble aparece publicado en el portal ZonaProp por seis millones de dólares.
Los casi once años en los que estuvo activo no alcanzaron para inscribirlo en la memoria colectiva. No hay grandes anécdotas, ni fiestas legendarias, ni huéspedes célebres que hayan dejado huella. Su brillo fue efímero. Pero lo que no ocurrió dentro del hotel, sí sucedió en el barrio que lo rodea.
El Hotel Campanario fue contemporáneo a la fiesta “del millón de dólares” que ofrecía cada año Gilberto Scarpa, el vecino más ruidoso de Beverly Hills, y allí siempre estuvieron a punto de alojarse sus invitados “especiales”, como Catherine Deneuve y Antonio Banderas.
“Yo chequeé la habitación para Catherine Deneuve”
Beverly Hills es presentado como “una de las zonas residenciales más prestigiosas de Punta del Este”, según el portal Made in Punta del Este. Fue desarrollado en la década de 1970 y desde entonces se consolidó como la máxima expresión del lujo. Calles silenciosas, mansiones sobre parcelas gigantes, jardines extensos y una sensación de privacidad absoluta.

En la década del 90, su época dorada, una residencia en particular colocó al barrio en el centro del jet set internacional: La Pinduca, hoy reconvertida en el hotel boutique Hills House. La mansión pertenecía al magnate brasileño Gilberto Scarpa y fue escenario de fiestas tan grandes como las mansiones del barrio.
La primera, en 1994, estuvo inspirada en Las mil y una noches. Al año siguiente, la temática fue Hawai. La más famosa fue “La noche de los sueños”, el 4 de enero de 1996. Hubo mil invitados. Scarpa mandó llevar desde Brasil una carpa transparente con piso de cristal que se colocó sobre la piscina. Por los salones de La Pinduca pasaron miembros de la nobleza internacional y figuras públicas argentinas como Mirtha Legrand, Franco y Mauricio Macri, e internacionales, como Catherine Deneuve, Antonio Banderas, Mellanie Griffith y más.

Acá hay un vínculo con El Campanario. O casi un vínculo. Lo recuerda Alfredo Echegaray, uno de los relacionistas públicos más influyentes de la región en los años 90: “Fue el primer hotel en casi hospedar a Catherine Deneuve. Scarpa estaba organizando la fiesta más grande, La noche de los sueños. Trajimos a muchas figuras internacionales para esa gran fiesta donde la orquesta, de 140 músicos, estaba dirigida por Mariano Mores. Yo chequeé la habitación para Deneuve, y como el hotel era nuevo nuevo, todavía no habían hecho una prueba de presión. Entonces, al abrir las canillas hacía ruido, y como pequeñas explosiones. No salía agua. Por eso la tuvimos que alojar en la residencia privada”.
Casi dos décadas después, Beverly Hills volvió a ser noticia por razones muy distintas. En 2018, estalló un escándalo cuando se supo que en una de las casas del barrio, conocida como Gypsy Queen, se organizaban fiestas swinger. El caso tomó otra dimensión cuando trascendió que la mujer que las organizaba había mandado a matar a su esposo, un profesor de inglés llamado Edwar Vaz. El barrio, con su aire de country exclusivo, se convirtió en el escenario ideal para una trama policial.
El diario El País de Uruguay informó entonces que la mujer era hija de un “príncipe internacional de los gitanos” que residía desde hacía años en Maldonado. La casa habría sido construida por ella misma, de hecho, la traducción exacta de su nombre es Reina Gitana. También sostuvo que Vaz la prostituía desde los 14 años y que las fiestas se organizaban por orden de él.

Beverly Hills volvió a quedar bajo la lupa cuando investigaciones brasileñas intentaron determinar si el presidente Luiz Inácio “Lula” da Silva había adquirido una propiedad en la zona con fondos provenientes del Lava Jato. La revista Istoé publicó que la posible compra involucraba a Villa Regina, una mansión de estilo suizo valuada en dos millones de dólares, a nombre de una sociedad offshore. El caso fue investigado para establecer si la operación estaba vinculada a favores a empresarios relacionados con obras de Petrobras. Nunca pudo comprobarse.
El Hotel Clarion Spa El Campanario, posiblemente construido con dinero del narcotráfico; la mansión swinger y el asesinato; la sospecha de una propiedad ligada a la corrupción brasileña. Detrás de las fachadas impecables, los jardines perfectos y los edificios despampanantes, Beverly Hills sigue contando otra historia: la de los secretos que pueden esconderse en el corazón mismo del lujo.
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