
El 28 de agosto de 1996, Carlos y Diana concretaron su divorcio. Se puede decir que era un hecho esperable. Es que la pareja real, que se había unido con un esplendoroso casamiento en 1981, estaba separada formalmente desde 1992. Y en los últimos años habían salido a la luz distintos testimonios de lo conflictivo que había sido su vínculo matrimonial, repleto de desavenencias, malentendidos e infidelidades por parte de ambos.
De modo que el divorcio de Lady Di y su marido Carlos no fue sorpresa para nadie. Pero lo que sí pudo resultar inesperado fue que el día en que el trámite de la ruptura matrimonial se hizo efectivo, 30 años atrás, tanto Carlos como Diana se sentaron juntos a llorar.
No fue el primer fracaso matrimonial dentro de la Familia Real británica. Ya se habían registrado dos divorcios entre los hijos de la reina Isabel. Primero fue la princesa Ana, en 1992. Y luego fue Andrés, otro hermano de Carlos, que rompió su vínculo marital con Sarah Ferguson en mayo de 1996.
Pero lo singular en la disolución del matrimonio de los príncipes de Gales fue que el protagonista era nada menos que el heredero del trono de Inglaterra. Por ello es que el divorcio del futuro rey, por más que fuera esperable, resonó con intensidad en todo el Reino Unido.

“Un cordero en el matadero”
Diana Spencer y el príncipe Carlos se casaron el 29 de julio de 1981. La ceremonia religiosa, realizada en la Catedral londinense de San Pablo, fue transmitida por televisión para todo el mundo. Se calcula que la vieron 720 millones de personas. Ella tenía 20 años. Él, 32. Y en el aire flotaba la sensación de que estaba comenzando una relación de cuento de hadas.
Pero pronto la fantasía se esfumó. En el libro Diana: Her True Story, en el que el escritor Andrew Morton publicó horas de entrevistas que le hizo a Lady Di en 1992, la princesa cuenta que había podido ver a Carlos muy pocas veces antes de su boda. Y con respecto a la ceremonia nupcial en sí, la princesa de Gales decía: “Me sentía como un cordero conducido al matadero y lo sabía, pero no podía hacer nada al respecto”.
La joven princesa sentía mucha presión por su ingreso a la Familia Real, un grupo que, según expresó en otras ocasiones, la hacía sentir aislada y poco contenida.
El matrimonio tuvo dos hijos: William, nacido en 1982, y Harry, en 1984. Sin embargo, la conformación de este núcleo familiar no sirvió para atenuar los malestares que atravesaba la pareja. La prensa comenzaba a hablar de las aventuras extramaritales que tenían tanto él como ella.

Príncipes infieles
James Hewitt, un exoficial del Ejército británico, fue por cinco años, entre 1986 y 1991, amante de Diana. En 1994 el romance se hizo público por las declaraciones del capitán Hewitt en el libro Princess in love, de Anna Pasternak. Aunque al principio negó esta relación, en diciembre de 1995, Diana terminó por admitirla. Incluso señaló que había estado enamorada de él.
Este affaire de la princesa y el oficial tuvo un efecto colateral. Como el militar era pelirrojo, y el mismo color de pelo presentaba Harry, el segundo hijo de los príncipes de Gales, llegó a instalarse el rumor de que el hombre de armas era el verdadero padre del segundo hijo de Diana. Él se cansó de desmentirlo y pronto el rumor quedó solo en eso. El propio Harry refiere a este rumor en su libro En las sombra.

Además de su relación con Hewitt, Diana fue vinculada sentimentalmente con otros hombres durante su matrimonio, entre ellos Oliver Hoare, James Gilbey y Barry Mannakee. Pero la naturaleza de esos vínculos es mucho más discutida.
Al mismo tiempo que Diana mantenía su aventura secreta con el militar, la prensa informaba sobre lo poco que se veían los príncipes de Gales. Carlos pasaba su tiempo en el castillo de Balmoral, mientras que Diana iba y venía del palacio de Kensington a la casa de campo de Highgrove.
Ante el creciente deterioro del matrimonio, en octubre de 1987, Isabel II convocó a su primogénito y a su nuera a una reunión en el Palacio de Buckingham para mediar entre ellos. La prensa informó que el encuentro fue un fracaso y que Diana, en un rapto de furia, abandonó el lugar.

Una mujer llamada Camilla
Otro detonante no menos importante que cimentó el naufragio del matrimonio real fue una mujer llamada Camilla Parker Bowles. Ella había tenido una relación sentimental con Carlos antes de que este se casara con Diana. Y, al parecer, esta relación se retomó en la década del 80.
En el mencionado libro de Andrew Morton, la princesa de Gales le contó al autor un encuentro que tuvo con Camilla en una fiesta, en el año 1989, en la que decidió enfrentarla. “Sé lo que pasa entre vos y Carlos y quiero que lo sepas. No me trates como a una idiota”, le dijo Lady Di a la amante de su marido.
La relación entre Carlos y Camilla, que él mismo admitió en una entrevista en 1994, continuó a tal punto que se casaron en 2005. Hoy, él es el Rey Carlos III de Inglaterra y ella, la reina Camilla.

“Han decidido separarse”
Como sea, luego de nueve años en que la felicidad conyugal entre los príncipes de Gales siguió completamente ausente, el 9 de diciembre de 1992 se oficializó la separación.
“Se anuncia desde el Palacio de Buckingham que, con pesar, el Príncipe y la Princesa de Gales han decidido separarse”, declaraba el primer ministro británico, John Major ante la Cámara de los Comunes. Luego aclaraba: “Sus Altezas Reales no tienen planes de divorciarse y sus posiciones constitucionales no se ven afectadas”.
“Esta decisión se ha tomado de forma amistosa y ambos continuarán participando plenamente en la crianza de sus hijos”, añadía el premier inglés. Es así que, como muchos matrimonios separados, los príncipes compartirían la tenencia de sus hijos y vivirían cada uno en un lugar diferente. Ella lo haría en el Palacio de Kensington, mientras que él oscilaría entre Clarence House, en Londres, y su casa de campo en Highgrove.
Pero, por más que el primer ministro hubiera aseverado en su momento que los esposos no tenían planeado divorciarse, este trámite llegó finalmente hacia 1996. Algunos medios británicos señalaron que el catalizador de esta decisión habría sido una entrevista que la princesa dio al programa Panorama, de la BBC.

“Éramos tres en el matrimonio”
Allí, ella relató algunos de los males padecidos en el matrimonio con Carlos y, en relación con Camilla, dijo sin tapujos: “Éramos tres en este matrimonio, así que estaba un poco saturado”.
Esta entrevista fue en noviembre. Sugestivamente, días después, salió un comunicado del Palacio de Buckingham que decía: “Después de considerar la situación actual, la reina escribió al príncipe y a la princesa a principios de esta semana y les dio su opinión, apoyada por el Duque de Edimburgo, de que un divorcio temprano es deseable. El príncipe de Gales comparte esta opinión y se lo ha comunicado a la princesa de Gales”.

De este modo, la monarca habilitaba —y casi obligaba— a su hijo y futuro rey a tramitar su divorcio. A fines de febrero de 1996 y luego de una reticencia inicial, Diana aceptó divorciarse. Así, el 28 de agosto de ese año cierran el trámite de ruptura matrimonial.
En ese tiempo se rumoreaba que el acuerdo concedió a Diana unos 15 millones de libras. Ella, además, continuaría viviendo en Kensington.
El punto más conflictivo del divorcio no fue la división de bienes o el dinero que ella recibiría. La discusión se centró en qué título de nobleza utilizaría tras el divorcio. Diana defendió “con uñas y dientes” y sostuvo, el título de Princesa de Gales. Aunque tuvo que ceder el tratamiento que recibía: a partir del divorcio ya no sería nunca más “Su Alteza Real”.
“Se sentaron y lloraron”
De esta manera pusieron fin a 15 años de matrimonio (aunque los últimos cuatro ya no vivían juntos). La biógrafa de Diana contó en el documental La familia real en guerra un episodio que, según ella, le había revelado la propia princesa: “Ella me contó algo bastante interesante. Dijo que el día del divorcio ella y Carlos se sentaron juntos en el sofá y ambos lloraron”.

En relación a esto, el periodista especializado en la familia real, el británico Richard Fitzwilliams, declaró al medio InStyle: “Parece que una vez que Carlos y Diana aceptaron el fin de su matrimonio, ambos sintieron una tristeza natural. Pero existía un gran agotamiento mutuo tras librar públicamente su batalla por la relación durante tantos años, lo que podría haber provocado este momento emotivo”.
Tina Brown, periodista, editora británica y biógrafa de la realeza, almorzó en junio de 1997 con Diana y con la editora en jefe de Vogue, Anna Wintour, en Nueva York. Luego publicaría en su libro The Diana Chronicles cómo percibió el vínculo de la princesa con su ex: “Al final de la vida de Diana, ella y Carlos mantenían la mejor relación que habían tenido en mucho tiempo. Carlos la visitaba en el Palacio de Kensington, donde tomaban el té y compartían un intercambio algo melancólico. Hasta se reían juntos”.

Ambos coincidían también, según los especialistas en realeza, en la responsabilidad y en la seriedad con la que se tomaron la crianza y el cuidado de sus dos hijos. Más allá de los avatares vividos por la pareja, los dos fueron muy buenos padres para William y Harry, coinciden los expertos en la casa real británica.
Lamentablemente, la fatalidad impidió saber cómo hubiera evolucionado la relación de estos exesposos reales. Un año y tres días luego de la firma de su divorcio, la princesa Diana Spencer murió en un accidente de auto en París. Tenía tan solo 36 años.

