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En los Andes, Pitt adoptó a Blanco, su perro (Foto: Telenoche)

“El vino era increíble”. Brad Pitt en la Argentina: el perro que se llevó a Estados Unidos, su doble mendocino y las pastas de La Marchigiana

Hace treinta años, vino al país a filmar Siete días en el Tíbet; durante su estadía rescató 13 perros y se llevó uno -que bautizó “Blanquito”- a vivir con él a los Estados Unidos

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“Era tan hermoso ver cómo el sol cambiaba, cómo el paisaje cambiaba a lo largo del día. Era un lugar mágico”, recordó el año pasado Brad Pitt. Se refería a unos pocos meses, hace tres décadas, en los que vivió en la Argentina. El paisaje: la falda de los Andes, en Mendoza.

El actor había llegado junto con el director de cine, Jean-Jacques Annaud, para filmar Siete años en el Tíbet. Y a pesar del tiempo, de la distancia, se refirió a ese momento en 2025 durante su gira de promoción de otro film, F1, la película. “El país es tan hermoso. La comida era increíble, la carne era increíble”, afirmó en ese momento, y remarcó, también, que comieron “como reyes”, en referencia, sobre todo, al asado, y que “el vino era increíble”.

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Tres décadas después de vivir en el país durante unos meses, el actor recordó su estadía en Mendoza, la comida, el vino y el paisaje (Foto: Getty Images)
Tres décadas después de vivir en el país durante unos meses, el actor recordó su estadía en Mendoza, la comida, el vino y el paisaje (Foto: Getty Images)

En ese entonces ya era un actor de renombre: había participado en películas como Thelma & Louise (1990), Entrevista con el vampiro (1994), Leyendas de pasión (1994), 12 monos (1995), entre otras. Ahora le llegaba el turno a otro proyecto que se convertiría en un clásico, y que estaba basado en el libro autobiográfico del alpinista austríaco Heinrich Harrer. Fue por esto que llegó a ese pueblo “mágico” en la falda, a distintos pueblos de Mendoza y, por unos pocos días, a La Plata. También a tener anécdotas en cada lugar.

“Se parece un poco a un galgo”

Era septiembre de 1996 cuando aterrizó en Mendoza en un avión privado, después de haber pasado por Ezeiza. Iban a usar varias locaciones naturales para la filmación: el Parque Provincial Aconcagua, Uspallata y Chacras de Coria.

Brad Pitt y su novia de ese momento, la actriz Gwyneth Paltrow, en su estadía en El Cortijo
Brad Pitt y su novia de ese momento, la actriz Gwyneth Paltrow, en su estadía en El Cortijo

Pitt se alojaba en El Cortijo, una de las casonas más importantes de la zona, donde había vivido Walt Disney. La alquilaba por 10.000 dólares al mes y convivía con su novia del momento, la actriz Gwyneth Paltrow, que iba y venía regularmente. Cuando la grabación en Uspallata se alargaba por la noche, se quedaba en una casa del Regimiento de Infantería de Montaña 16, conocido como “Cazadores de los Andes”.

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Fue por esa época cuando se cruzó con un perro. Alguien le llegó a tomar una foto: se lo ve abrazando al animal. Después hubo rumores y preguntas: ¿se lo llevó? ¿lo dejó con alguna familia? En la entrevista que dio el año pasado, la periodista de Telenoche le acercó el recuerdo, le mostró esa imagen.

En los Andes, Pitt adoptó a Blanco, su perro (Foto: Telenoche)
En los Andes, Pitt adoptó a Blanco, su perro (Foto: Telenoche)

“¡Blanco!”, exclamó él. Lo recordaba: no se trató solo de unos minutos –o meses– de cariño: se lo había llevado con él a Los Ángeles y lo había bautizado así, Blanco. “Estaba en los Andes. Fue muy hermoso. Se parece un poco a un galgo”, rememoró emocionado en esa ocasión.

No fue el único perro: durante su estadía se encargó de rescatar a otros 13. Los cuidaba, los llevaba a la veterinaria él mismo, según se rumoreó, en un camión que había alquilado, les daba sus vacunas y los preparaba para ponerlos en adopción. A Blanco no, a Blanco se lo llevó con él.

Empleo para toda la provincia

La llegada de semejante superproducción a Mendoza, con un presupuesto de casi 65 millones de dólares, necesitó una capacidad laboral gigante: tuvieron que armar una especie de pueblo entero para filmar. Ana Aizenberg, productora asociada para el rodaje en la Argentina, contó a LA NACION: “Hubo empleo para toda la provincia. En zonas que habían estado completamente paradas, alquilamos todos los galpones que había para hacer estudios. Se hacía todo ahí al mismo tiempo”.

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La producción filmó gran parte de la película en Uspallata, un pueblo a 120 kilómetros de la capital mendocina
La producción filmó gran parte de la película en Uspallata, un pueblo a 120 kilómetros de la capital mendocina

Uno de esos empleos lo obtuvo, con un papel especial, Fernando Martín: el doble de Brad Pitt en la película, un joven de 19 años que vivía allá y estudiaba Ingeniería Electrónica. Fernando le contó su historia a los medios locales: en septiembre de 1996, él y sus amigos se acercaron al hotel donde todo el mundo sabía que se quedaba gran parte del equipo de producción. La intención era conseguir algún trabajo. Otros amigos ya lo habían logrado. Changas: vestuario, cuidando o lavando los autos, lo que saliera.

Brad Pitt junto a su doble argentino en el rodaje de Siete años en el Tíbet, Fernando Martín
Brad Pitt junto a su doble argentino en el rodaje de Siete años en el Tíbet, Fernando Martín

Jamás imaginó que iba a terminar siendo el doble de Brad Pitt. Le cortaron el pelo y lo tiñeron de rubio. No aparecería en pantalla: su rol solía ser probar la luz, por ejemplo. Pero también hicieron algunas tomas de sus manos, otras desde lejos durante un atardecer, planos en los que el protagonista se embadurnaba de barro...

Otra figura argentina casi esencial en la estadía en Mendoza fue María Teresa Barbera, a quien el actor le pidió que cocinara para su fiesta de cumpleaños, el 18 de diciembre de 1996. Ella era la chef que les llevaba los almuerzos a Uspallata a todo el staff.

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María Teresa Barbera le cocinaba al staff de Siete años en el Tíbet y Brad Pitt iba a comer a su restaurante
María Teresa Barbera le cocinaba al staff de Siete años en el Tíbet y Brad Pitt iba a comer a su restaurante

“Le preparé paglia e fieno pesto y pomodoro, y me acuerdo de que cuando intenté servirle primero a él, se negó y esperó en fila como el resto de sus compañeros. Eso me sorprendió, porque uno no esperaría una reacción así de una persona tan famosa”, recordó en otra nota de este medio.

María Teresa tenía el restaurante familiar La Marchigiana, hoy a cargo de la cuarta generación. Brad fue a comer al local un par de veces junto a Gwyneth. Barbera guarda el recuerdo y una foto en donde se la ve con los actores en el quincho del establecimiento, un espacio que, contó, solían usar quienes deseaban un lugar más reservado.

“Se juntaba mucha gente”

Aizenberg, la productora, recordó también la cantidad de gente (extras) que tuvieron que traer desde exterior: no solo recapituló sobre la producción y los propios actores, sino también sobre los monjes tibetanos: “Trajimos a todos los monjes que encontró la encargada del casting en el mundo. No tenían pasaporte, estaban indocumentados porque eran exiliados”, contó.

Brad Pitt y Gwyneth Paltrow en Mendoza, 1997
Brad Pitt y Gwyneth Paltrow en Mendoza, 1997Archivo
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En ese momento también explicó que, como les faltaba gente, contrataron a jujeños y bolivianos para actuar de tibetanos: la idea original, por supuesto, era rodar en la India, pero más tarde, como no les daban los permisos por cuestiones políticas, buscaron otro. Fue así que trasladaron todo a la Argentina, gracias a que el productor recordó su paso por el territorio cuando filmó De amor y de sombras y vio la imponencia del Aconcagua.

Escena de la pelicula Siete años en en Tibet, protagonizada por el actor Brad Pitt, filmada en Mendoza y La Plata
Escena de la pelicula Siete años en en Tibet, protagonizada por el actor Brad Pitt, filmada en Mendoza y La Plata

Los monjes se alojaron en una base militar. Jugaban al fútbol arremangándose las túnicas. También meditaban, justo por donde se ejercitaba Gwyneth Paltrow, y Aizenberg no puede olvidar esa imagen: “Gwyneth estaba entrenando para una película, así que salía a correr por la montaña en top y shorts mínimos, y pasaba por donde estaban los monjes meditando. La encargada del casting no lo podía creer y la quería matar”

Pero nada era más difícil que controlar a los fans que intentaban acercarse al ídolo de Hollywood. Parte del trabajo de la productora era asegurarse su protección: “Era muy fácil para todos trabajar con Brad [...], pero si salía a cualquier lado era imposible porque se juntaba mucha gente. Tenía dos guardaespaldas, porque llegó un momento que el tema de los fans lo preocupó. Pero le encantó”.

Los “frenéticos gritos de las fans”

El rodaje se extendió hasta fines de enero de 1997. La última etapa: La Plata. Usaron sobre todo la estación del tren. El lugar no tardó en llenarse de fans y ruidos. En ese momento, LA NACION comentaba que en el último día, un 23 de enero de aquel año, debieron filmar escenas “interrumpidas por los frenéticos gritos de las fans agolpadas contra las bandas de contención dispuestas en los alrededores del set”.

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Los últimos tres días de grabación usaron la estación de tren de La Plata
Los últimos tres días de grabación usaron la estación de tren de La Plata

Después, la nota agrega: “Sus gritos saturaron los oídos cuando Brad se dio vuelta y las saludó [...]. Pero estas mismas adolescentes que solo tenían ojos para el norteamericano, lograron olvidarlo por unos minutos. Una de las jóvenes que estaba detrás de las vallas desde las primeras horas de la mañana, miró a su izquierda y vio a un rubio con barba estilo candado, aros y gorrita con visera hacia atrás. La ‘copia’ era Martín González de 21 años, que ayer viajó desde Avellaneda para ver la filmación desde afuera, porque no tuvo suerte cuando se presentó al casting para hacer de doble”.

En La Plata, las fans coparon la zona, y, al principio, los comerciantes no estaban de acuerdo con que se usaran las inmediaciones
En La Plata, las fans coparon la zona, y, al principio, los comerciantes no estaban de acuerdo con que se usaran las inmediaciones

Las jóvenes habían viajado desde todas partes solo para verlo, montaron guardia frente a la estación ferroviaria horas antes de su llegada, muchas de ellas listas para quedarse durante los tres días en los que el actor estaría ahí. “El calor y las horas de espera provocaron algún desmayo aislado entre las adolescentes que inmediatamente fueron socorridas por las ambulancias privadas que rodeaban el edificio de la estación del ferrocarril”, relataba este diario.

Además de la fascinación de los más jóvenes, el actor y la producción se toparon inicialmente con el rechazo de los comerciantes en los alrededores de la estación, que no querían que se filmara ahí. Pero en ese último día, a modo de ofrenda de paz, relucía un cartel sobre la vereda de los negocios, lo saludaban, quizás tardíamente: “Welcome to Argentina, Brad Pitt”.

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