Enero, un buen mes para pensar qué me pasa con mi trabajo

Mercedes Korin
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14 de enero de 2019  • 16:11

¿Cómo vengo en mi vida laboral? A veces el calendario acompaña la necesidad de balance de nuestra vida laboral y entonces diciembre es el mes protagonista para preguntarnos qué tal nos fue en el trabajo durante el año. Pero diciembre no solo viene con esas grandes preguntas sino también con muchas obligaciones que se sintetizan en el combo "cerrar múltiples pendientes / participar de múltiples celebraciones". Así es que llega enero y acá estamos, dispuestos, ahora sí, a ver si da para hacer un balance.

De todos modos, una cosa es el deseo de balance laboral y otra cómo concretarlo. Aquí van algunas sugerencias para el cómo:

Una primera pregunta que puede ayudar es "¿Qué tipos de objetivos tuve en el año que pasó?" Hay objetivos más contundentes, como por ejemplo conseguir un ascenso, lograr un aumento de sueldo, cambiar de trabajo, separarse de un socio con el que andaba todo mal. Hay otros objetivos, en cambio, menos obvios pero igualmente medibles, como tener tareas más interesantes o dedicarle menos horas al trabajo. Pero hay otros objetivos todavía más sutiles, que muchas veces ni los tenemos en cuenta a la hora de trazar objetivos laborales aunque hacen profundamente a lo que buscamos. Ejemplos de esos objetivos sutiles: Reaccionar distinto, tener una mirada sobre el trabajo (más liviana o más comprometida), generar vínculos más saludables.

Ua vez que identificamos esos objetivos, podemos hacernos una serie de preguntas que se sintetizan en ésta: "¿Qué fue de esos objetivos?". Pensemos en esos objetivos que teníamos a comienzos del año que pasó. ¿Alguno se concretó? ¿Alguno no se concretó pero hay resultados intermedios que llevan a pensar que este año sí podría concretarse? ¿Alguno no se concretó ni un poco? ¿Alguno dejó de ser interesante? ¿Qué hicimos para que sucedieran? ¿Y para que no sucedieran? ¿De qué manera tu entorno ayudó o trabó? ¿Aparecieron, durante el año, nuevos objetivos? ¿Sucedió algo extrordinario que ni siquiera había sido soñado como objetivo?

El camino de lo visible y lo sutil

Hacer un balance que combine lo más visible con lo sutil evita que seamos resultadistas en el sentido más obvio ("Conseguí / No conseguí un ascenso"). Esto no nos vuelve mediocres o conformistas, ni nos hace perder de vista los objetivos no alcanzados, sino que nos ayuda a encontrar las tonalidades del camino: quizás no obtuvimos el puesto al que nos habíamos postulado pero logramos darnos a conocer ante los jefes de nuestro jefe con un proyecto que llevamos adelante. Eso es parte del camino que podría ayudar en una próxima postulación.

En ese sentido, además de los objetivos sutiles señalados más arriba, dentro del balance podemos preguntarnos: ¿Algún punto de vista se modificó? ¿Cambió algo en nuestra manera de hacer? ¿Las oportunidades aumentaron, se volvieron más interesantes? ¿Los vínculos profesionales se diversificaron, se hicieron más sólidos?

Después de tantas sugerencias sobre tipos de preguntas, dediquemos un par de líneas a las respuestas. Es útil que las respuestas sean cortas y concretas; las que pueden sintetizarse en números ayudan también ("Tuve dos ofrecimientos laborales") pero no deben escapar a lo cualitativo ("Los dos ofrecimientos implicaban sueldos por debajo del actual").

Para que el resultado del balance sea más rico, luego de haber respondido estas preguntas en soledad suma escuchar qué respuestas nos dan nuestros interlocutores válidos: personas que nos conocen bien en lo laboral, con quienes tenemos confianza, que no sean complacientes pero sí empática y que no estén atravesadas por sus propios intereses o temores.

Enero, días más largos, menos gente en la ciudad. Tal vez con una cervecita a mano, ¿es tiempo de balance?

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