
Entre congelar, cábalas y “brujas del mundial”, Dalia Walker desarma el fenómeno: “El fútbol es el lugar más cabulero del mundo”
La autora de “Bruja Moderna” analiza la mística colectiva que rodea a la Selección y plantea un debate sobre los límites de la experiencia humana frente al avance de la inteligencia artificial

A los pies del templo de Apolo, sobre las piedras milenarias del Oráculo de Delfos, Dalia Walker reflexiona sobre el fenómeno que la puso en el centro del debate público en los últimos años. Con más de dos décadas de trayectoria, logró transformar el lenguaje de los símbolos y el tarot hasta llevarlo al corazón de la cultura de masas argentina. Sin embargo, la reciente obsesión colectiva por “congelar” jugadores rivales en el freezer y las recetas exprés de TikTok terminaron por saturar un espacio que construyó con paciencia. Ante un ecosistema digital colapsado, Walker decide tomar una distancia. “Decir que meter el nombre de un rival en la heladera es una práctica oscura es un reduccionismo simplista”, analiza. Para ella, este cruce entre la fe popular y el fútbol es el espejo más fiel de nuestra sociedad, una respuesta intuitiva del hincha que busca interceptar el camino del adversario para el propio beneficio deportivo.

Este proceso de replanteo coincide con una decisión bisagra en su carrera, el cierre definitivo de su local en Buenos Aires, una determinación empujada tanto por los vaivenes de la economía como por una maduración interna. “Construí un proyecto enorme que incluyó libros best-sellers y talleres internacionales, pero empecé muy joven, a los 18 años, y hoy, a los 42, miro hacia atrás con autocrítica”, confiesa. Lejos de esquivar la revisión de su propio recorrido, asume los costos de haber introducido el marketing en estas disciplinas. “Algunas cosas se frivolizaron en el camino. Por eso, hoy apuesto por una propuesta más adulta, espiritual y filosófica, alejada del show mediático y enfocada en la profundidad interpretativa”.
El “Mundial de las brujas”
Para Walker, las disciplinas simbólicas y las creencias populares no constituyen un fenómeno aislado de la realidad social, sino que funcionan como su espejo más fiel. En ese entramado, el fútbol argentino, un territorio históricamente masculino, se revela paradójicamente como el escenario del mayor ritual de nuestra sociedad.
“El fútbol en nuestro país puede conservar estructuras muy tradicionales, pero al mismo tiempo es el universo más cabulero del mundo”, dispara. “El varón promedio, ese que ante cualquier conversación formal se autodefine como un escéptico absoluto que no cree en nada, es capaz de ir a la cancha con la misma camiseta desgastada y sucia durante cinco años consecutivos si el equipo sale campeón. El hombre argentino no cree en nada, pero en el fondo cree en todo.

Esta explosión de mística popular y comunión colectiva tuvo su punto de inflexión absoluto durante la Copa del Mundo de Qatar en 2022. Aquello no fue solo un evento deportivo de élite; se transformó en un hito sociológico que llamó la atención de las principales cadenas de comunicación internacionales. La prestigiosa cadena británica BBC de Londres la contactó para intentar descifrar, desde su sección dedicada a la cultura, la filosofía y la religión, el fenómeno global de las denominadas “brujinetas” .
“Desde una perspectiva racional, las activaciones energéticas y los rituales caseros de miles de personas en sus casas no sacaron campeona a la Selección por sí solos; el mérito es estrictamente de los jugadores y del cuerpo técnico. Pero la psicología de masas demuestra que la energía colectiva apoya o desestabiliza, ayuda o bloquea. Las voluntades de miles de personas se alinearon bajo un mismo propósito y unieron a un país entero que venía muy fragmentado. Se podía sentir esa mística casi eléctrica en el aire de las calles, forzando un estado de optimismo absoluto hasta el último minuto de la final contra Francia”.
El impacto emocional y cultural de ese campeonato mundial fue tan visceral para la escritora que tomó una determinación inusual en su estilo de vida, que terminó con el tatuaje de Lionel Messi en la cara interna del brazo. “Me lo tatué porque vi a ese hombre lograr lo imposible. Messi funcionó como una especie de Jesucristo que manifestó el deseo de millones. Ese sentido de pertenencia y unión nacional, que a los argentinos nos cuesta tanto conseguir por fuera del fútbol, fue algo mágico. Por eso quise llevarlo en la piel”.
Con este Mundial, distancia
Sin embargo, ante el panorama del fútbol globalizado, Walker adopta una postura distante y crítica; confiesa que sigue este Mundial desde lejos, condicionada por sus viajes de investigación y conferencias.

“La verdad es que el contexto actual del fútbol de alta competencia no cuenta con mi atención diaria”, sostiene. “Percibo que se consolidó un formato de espectáculo excesivamente comercial donde se terminó por diluir el espíritu lúdico original del juego. Estamos ante torneos que se desarrollan en un contexto global atravesado por discursos polarizados y lógicas con las que no comulgo en absoluto bajo mi filosofía de vida. De todas formas, para aquellos hinchas genuinos que siguen el día a día de la Selección, mi mejor sugerencia es simple, se deben conservar intactas sus cábalas tradicionales, sostener el pensamiento positivo en comunidad y, como suelo recomendar cuando el panorama se vuelve adverso, encender una vela blanca en sus hogares como un faro de intención armónica”.
Dalia afirma que no existe un personaje de alta exposición pública, un jefe de Estado o un equipo de fútbol de élite mundial que no cuente con un soporte de contención anímico detrás de escena. “El que declare de manera pública que es un escéptico absoluto y que no cree en estas dinámicas, muchas veces solo oculta sus propios rituales por temor al prejuicio social”, asegura.
La supervivencia diaria como el verdadero superpoder argentino
Al analizar el ADN de nuestro país a través de la astrología, Dalia define un rasgo identitario inquebrantable vinculado al arraigo cultural. “No sé exactamente cuál es el superpoder técnico de ser argentino en relación a su carta natal completa, pero Argentina es canceriana. El argentino se puede ir a vivir a Europa, a Miami o a cualquier lugar del mundo, pero siempre va a ser profundamente argentino. Le tira su tierra. Todos mis amigos que emigraron, en el fondo, extrañan y quieren volver. Por más golpeados o pobres que estemos, no hay nada que reemplace el mate con los amigos, el abrazo, el asado, el fernet o el picadito en la calle. Hay algo de la pertenencia que la plata no puede comprar. Ser argentino es, ante todo, un sentimiento”.
Ese pulso se traslada de forma directa a las consultas que recibe en su rol de tarotista y canalizadora, un verdadero termómetro social que mutó drásticamente en los últimos años. “El termómetro social se lee a la perfección en el tarot. Tengo la suerte de trabajar viajando y atender a personas de todo el mundo. En Europa, por ejemplo, donde trabajo muchísimo con los italianos, hablo el idioma y soy fanática de Italia, los temas son mucho más existenciales o simples. Allá la gente se pregunta por el sentido de la vida desde una realidad comodísima donde ya tienen la casa resuelta. Nosotros no nos podemos dar el lujo de aburrirnos. Hay un meme genial que dice ‘Estoy aburrido’ y aparece el mapa de Argentina diciendo ‘Estabas’. El argentino siempre está atrás de la supervivencia diaria”.

El factor humano frente al avance de la IA
Finalmente, al ser consultada sobre el rol de la astrología y el esoterismo en la era digital, donde la inteligencia artificial ya redacta cartas natales y responde consultas existenciales en segundos, Dalia se muestra categórica y traza una frontera insalvable entre el algoritmo y el espíritu. “Es real que hay una merma en el trabajo tradicional porque la gente accede a la información dura a través de la inteligencia artificial. El desafío para los astrólogos y tarotistas es encontrar el aporte diferencial que la tecnología no puede dar. Y la respuesta es simple, la tecnología no tiene alma. Hasta que no encuentren la forma de hacer encarnar un espíritu dentro de una computadora, las brujas vamos a seguir teniendo trabajo. La máquina puede juntar variables, cruzarlas y redactar un informe perfecto, pero nunca va a poder hablarle al alma. La espiritualidad, en definitiva, es eso, tener la capacidad humana de poner un poco de luz cuando todo el afuera está, textualmente, hasta las pelotas”.



