
Era 2010 y aunque Steve Carter navegaba internet sin demasiado rumbo, al entrar a un sitio de niños perdidos algo le llamó la atención y cuestionó su propia identidad.
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Casado, vendedor de software y con una vida que todos considerarían normal (incluso él), en 2010, Steven Carter vivía en Estados Unidos y no tenía motivos para cuestionar su pasado. Pero como millones de personas, dedicaba varias horas del día a navegar por internet sin un objetivo demasiado claro. Aunque hoy lo llamaríamos doomscrolling; en ese momento era simplemente dejarse llevar por noticias, novedades y lecturas para pasar el rato.
Por Cristian Phoyu

