
Su Alteza Real, la princesa Delphine de Bélgica (53) debutó en la pista de Dancing with the stars (la versión local de nuestro Bailando por un sueño) al ritmo de un vals veneciano. Presentó una coreografía solemne, que bien podría bailarse en los salones de palacio. Su aparición batió récords de audiencia, duplicó el rating histórico del programa, pero su performance apenas alcanzó 22 puntos y la dejó al borde del abismo. Parecía otro caso de “debut y despedida”... pero, una semana más tarde, la hermana del rey Felipe volvió a la pista dispuesta a darlo todo para continuar en el certamen.

La historia de Delphine Boël (53) se reprodujo en diarios y revistas de todo el mundo. En enero de 2020, tras años de lucha, logró ser reconocida legalmente como hija extramatrimonial del Alberto II. Según contó, su madre, la baronesa Sybille de Selys Longchamps, fue amante del entonces “príncipe” Alberto por casi 20 años, entre 1966 y 1984. Aquí es importante destacar que Alberto no estaba destinado a ser rey, pero como su hermano Balduino murió sin dejar heredero en 1993, alcanzó el trono de Bélgica sin esperarlo, a los 62 años. Delphine recién obtuvo el dictamen que confirmaba el lazo filiatorio después de que la Corte obligase al rey emérito a someterse a un examen de ADN. Sin embargo, por haber nacido fuera de un matrimonio “legalmente constituido”, la princesa y sus descendientes no están en la línea de sucesión al trono belga.

Hace poco más de un año, el jueves 1 de octubre de 2020, los Tribunales flamencos le reconocieron oficialmente el título de princesa de Sajonia-Coburgo y el tratamiento de Alteza Real, para ella y para sus dos hijos, los príncipes Josefina y Oscar. Antes de su triunfo en la Justicia, era “apenas” jonkrouw (en español, “señora”), el más bajo de los títulos de nobleza en Bélgica, que heredó del empresario Jacques Boël, ex marido de su madre, quien la crió y le dio su apellido.
El sábado 11, Delphine volvió a Dancing with the stars buscando revancha. Necesitaba una excelente performance para zafar de la eliminación. Irrumpió en la pista del brazo de su partenaire, Sander Bos, y bailó con mucha solvencia una coreografía de “tango-tecno” inspirada en la película Matrix. Apareció vestida como Trinity, el personaje femenino de la saga, y eligió un remix de la canción Acapella de la cantante Kelis intervenido con tiempos de “dos por cuatro”.
Esta segunda gala fue transmitida “en vivo” para todo el país. A través del voto electrónico, el público resolvió salvar a su princesa y le aseguró, al menos, otra noche de baile.

Cuando confirmó su presencia en el certamen del canal Play4 (noticia que puso en “alerta” a la Casa Real), la princesa Delphine advirtió que no había bailado en su vida. Sin embargo, dijo que lo hacía por dos motivos fundamentales: el primero era indagar en otros medios de expresión artística; el segundo (“el más importante”, aclaró) era colaborar con la fundación Make-a-Wish, que cumple sueños a niños enfermos.

Por ahora, Su Alteza Real la princesa Delphine sigue bailando... y, con total desparpajo, marca el ritmo de la Casa Real flamenca. Desde Palacio prefieren no hacer comentarios. Se limitaron a decir que la participación “es una iniciativa personal y privada” de la hermana del Rey y, por las dudas, para que los cronistas no vuelvan a la carga, se apuraron a aclarar que “no haremos más comentarios al respecto”.


