
El suboficial principal Rubén Torres cuenta cómo fueron los últimos años del Libertador, qué permanece intacto en la casa y qué sienten quienes llegan a visitarla
Rubén Torres nació en Formosa. Tiene 55 años. Es suboficial principal del Ejército Argentino, pertenece al Regimiento de Granaderos a Caballo “General San Martín”. Desde Francia cumple una misión singular: es el conservador de la casa, en Boulogne-sur-Mer, donde el Libertador pasó los últimos años de su vida. Vive en el tercer piso, con su esposa y dos hijos. Y cada día recibe visitantes de distintas partes del mundo.

-¿Cómo llegó San Martín a vivir en Boulogne-sur Mer?
-Es curioso. En 1848, Francia atravesaba una situación política muy complicada, con barricadas, protestas y mucha inseguridad en París. San Martín tenía 70 años, problemas de salud y de visión. Ese año decidió abandonar Grand Bourg e irse con su familia hacia Londres. En aquella época el puerto para viajar estaba acá, en Boulogne-sur-Mer, actualmente está en Calais. Cuando llegó vio toda esta zona, que era muy verde, y él era un enamorado del campo. La idea era quedarse unos días y después seguir viaje o volver a París. Pero finalmente no se fue.
-¿Con quién viajaba?
-Con su hija Merceditas; con su yerno, Mariano Balcarce, de quien decía que era el hijo que nunca había tenido; y con sus dos nietas, María Mercedes y Josefa Dominga.

-¿Merceditas estaba de acuerdo con la idea de quedarse?
-No. Su hija decía que el clima de Boulogne-sur-Mer podía agravar las enfermedades que él tenía, como el reuma y el asma. Pero también sabía que cuando a su papá se le metía algo en la cabeza era muy difícil hacerlo cambiar de idea.
-Así que nunca siguieron viaje a Londres.
-No. Cuando bajaron del tren se hospedaron en un hotel frente a la playa, el Hotel du Nord. Después de unos meses, su hija se dio cuenta de que su papá no quería volver a París ni irse a Londres. Entonces empezó a buscar algo más grande, más cómodo para toda la familia. Y así llegaron a esta casa.

La casa de los últimos años
-¿Quién era el dueño de la casa?
-Adolphe Gérard. Era abogado, bibliotecario y periodista. Trabajaba en un diario y era un hombre muy respetado y con una buena posición económica.
-¿Qué relación tuvo con San Martín?
-Cuando se enteró de que San Martín estaba viviendo en un hotel en Boulogne-sur-Mer empezó a averiguar sobre él, por su condición de periodista. Entró en contacto con San Martín y finalmente le alquiló todo el segundo piso. Conversaban mucho y se hicieron amigos. Se dice que pasaban horas hablando en el jardín y que San Martín le contó gran parte de su vida. Gérard escribió sobre él. Yo he leído algunos fragmentos. Lo describía como un hombre de muy buenos modales, muy correcto, con mucha presencia, muy instruido. Destacaba también que hablaba varios idiomas.

El 22 de agosto de 1850, cinco días después de la muerte del Libertador, Gérard publicó en el número 121 del diario L’Impartial de Boulogne-sur-Mer una larga nota necrológica en la que repasaba la vida y describía la personalidad de San Martín.
“…El señor de San Martín era un bello anciano, de una alta estatura que ni la edad, ni las fatigas, ni los dolores físicos habían podido curvar. Sus rasgos eran expresivos y simpáticos; su mirada penetrante y viva; sus modales llenos de afabilidad; su instrucción, una de las más extendidas; sabía y hablaba con igual facilidad el francés, el inglés y el italiano, y había leído todo lo que se puede leer…”, escribió Gérard.
-Si pudiéramos entrar a la casa en 1848 o 1849, ¿cómo estaban distribuidos los espacios?
—San Martín alquilaba el segundo piso completo para vivir con su familia. Ahí estaba su habitación. Después había un cuarto intermedio, la habitación de su hija Merceditas y otra habitación contigua donde estaban sus dos nietas. También había otros ambientes, un vestidor y un baño. En la planta baja, Gérard tenía su oficina. Él vivía con su esposa y sus tres hijos varones, que tenían más o menos la edad de las nietas de San Martín. Y en el cuarto piso vivía el personal de servicio, que eran alrededor de siete personas. Actualmente nosotros, los conservadores, vivimos en ese tercer piso donde vivía la familia propietaria de la casa.

-¿Qué parte de la casa que vemos hoy es original de la época en que vivió San Martín?
-El segundo piso prácticamente mantiene su estructura. El piso de las habitaciones es original, de pinotea, y también las escaleras. Hay un florero hecho de papel que su nieta María Mercedes le regaló a su abuelo en 1839, cuando estaban en París. La cama, en cambio, es una réplica. También está el reloj de pared y marca las tres, la hora en que murió San Martín. Además tenemos uniformes, documentos y otros objetos relacionados con su historia.
-¿Cómo era la rutina de San Martín en esos últimos años?
-Los espacios comunes los compartía con el dueño de la casa. Por ejemplo, el jardín. San Martín ya tenía muchos problemas de visión. Bajaba temprano y a veces se pasaba todo el día en el jardín con sus nietas e incluso con Gérard. Ahí les contaba sus historias. El primer piso se utilizaba como comedor -comían las dos familias- y también como una especie de sala de reuniones porque tanto San Martín como Gerard eran dos personalidades importantes y recibían gente. En ese sector también había una sala de fumadores.
@tangografias Compartimos un saludo muy especial del Suboficial Mayor Ruben Torres Granadero que se encuentra en estos momentos como encargado y conservador del Museo del General San Martin en la ciudad de Boulogne Sur Mer en la República de Francia, desde el lugar donde pasara sus ultimos dias nuestro Libertador y Padre de la Patria, nos hace llegar sus saludos de Navidad. #FelizNavidad #Navidad2025 #FelicesFiestas #Granadero #Granaderos ♬ sonido original - Carlos Ravazzani
-¿Hay algún rincón de la casa que a usted lo conmueva especialmente?
-El jardín. Se siente una energía especial, inexplicable. Uno piensa que San Martín bajaba a ese mismo jardín, que estaba ahí con sus nietas, que conversaba...

“La fatiga de la muerte”
-¿Cómo fueron concretamente los últimos días de San Martín en esta casa?
-Ya estaba muy enfermo y Merceditas estuvo con él hasta el último momento. Ese sábado 17 de agosto se había levantado de muy buen ánimo. Se afeitó y hasta pidió que le leyeran el diario. La familia estaba sorprendida por la mejoría. Ese día también recibió la visita de un amigo chileno, un encargado de negocios de apellido Rosales... Estaban almorzando en el primer piso cuando San Martín empezó a sentirse mal. Tenía frío y un fuerte dolor de estómago. Le pidió a su yerno Mariano Balcarce que lo llevara a la habitación. Después siguió con dolores intensos, llamaron al médico y subió toda la familia. Según se cuenta, cerca de las tres de la tarde llamó a su hija, la tomó de la mano y le dijo al oído: “Hija mía, esta es la fatiga de la muerte”. Minutos después murió.

-¿Qué pasó con el cuerpo de San Martín después de su muerte?
-Su hija hizo celebrar una misa muy cerca de acá, en la iglesia de San Nicolás, adonde San Martín iba los domingos. Después trasladaron el cuerpo a la catedral de Boulogne-sur-Mer y quedó en la cripta durante once años. En 1861 lo llevaron al cementerio de Brunoy, cerca de París, donde la familia Balcarce tenía un panteón y donde ya estaba enterrada una de sus nietas, María Mercedes, que había muerto el año anterior con apenas 27 años. San Martín permaneció ahí otros 19 años, hasta 1880, cuando sus restos fueron trasladados definitivamente a la Catedral Metropolitana de Buenos Aires.

Una casa argentina en Francia
-¿Y qué pasó con la familia después de la muerte de San Martín? ¿Se quedaron viviendo en la casa?
-No. A fines de agosto de 1850, pocos días después de su muerte, Merceditas, su esposo Mariano Balcarce y sus hijas dejaron Boulogne-sur-Mer y se fueron a París, al departamento que había tenido San Martín. Vivieron ahí hasta 1852 y después compraron una casa en Brunoy, a unos 23 kilómetros de París. La casa de Boulogne-sur-Mer quedó entonces nuevamente en manos de su propietario y, con el paso de los años, volvió a alquilarse. No hay muchos registros de quiénes vivieron después en ese segundo piso.

Torres cuenta que pasaron más de siete décadas hasta que la propiedad quedó definitivamente en manos argentinas. En abril de 1926, el Estado argentino adquirió la casa a través del ministro plenipotenciario Federico Álvarez de Toledo. Pagó 400.000 francos y parte de los fondos surgieron de una suscripción realizada en escuelas de la Argentina.

Luego de las obras necesarias para acondicionarla, en 1928 comenzó a funcionar allí el museo y también el Consulado argentino. Este último permaneció en la casa hasta 1966. En la actualidad, el inmueble depende del Ministerio de Relaciones Exteriores argentino y está bajo la órbita de la Embajada Argentina en Francia.
“Hay gente que llora, que se arrodilla”
-¿Quiénes visitan la casa?
-Yo pensaba que iban a venir solamente argentinos, pero viene gente de todo el mundo, de todos los rincones. Y miran detalle por detalle, cuadro por cuadro. Hay documentos, reproducciones de actas y elementos relacionados con las campañas. Por ejemplo, está reproducida el acta vinculada con el dinero que le dieron a San Martín después de una batalla y que él donó para crear una biblioteca en Chile.
-¿Y qué le pasa a la gente cuando entra y recorre la casa?
-La gente se interesa mucho. Hay visitantes que llegan con una emoción muy grande. Algunos lloran o se arrodillan. Algunos agradecen a Dios por haber podido llegar hasta este lugar. Uno vive muchas emociones acá. Yo vivo cosas que jamás me imaginé que iba a vivir.
Torres recuerda, entre esas visitas, la de un grupo de jóvenes cordobeses que llegó un sábado cuando faltaban apenas diez minutos para el cierre.
-¿Los dejó entrar?
-Sí. Yo estaba cansadísimo y me dijeron: “Ya sabemos que cierra a las seis, pero ¿podemos por lo menos mirar?”. Les dije que sí. Y, aunque no me crea, estuvimos hasta las ocho y media de la noche en el segundo piso, conversando de historia. Sacaron su mate y empezamos a tomar mate. Fue una experiencia muy linda.
-¿En qué consiste concretamente su trabajo como conservador?
-Mi tarea es cuidar la casa, preservar todo lo que hay acá y recibir a la gente que viene a visitarla. Recorro con ellos los distintos pisos, les voy mostrando los elementos y contando la historia de San Martín. La visita puede durar una hora y media, una hora cuarenta. Y la gente pregunta muchísimo; si está a mi alcance, obviamente les contesto.

-¿Cuál fue la pregunta más insólita que le hicieron?
-Una vez me preguntaron por qué San Martín no se quedó en España peleando para España, por qué se fue a la Argentina. Y uno piensa: “Bueno... eso habría que preguntárselo a San Martín”. Me hacen de todo tipo de preguntas. Hay gente que sabe muchísimo y otra que viene a descubrir la historia.
-¿Qué significa para usted vivir y trabajar en la casa donde San Martín pasó sus últimos años?
-Para mí es una tremenda responsabilidad estar acá cuidando este lugar emblemático, donde muchísimas personas de todo el planeta vienen día a día. Agradezco a Dios, al Ejército Argentino, a mi familia, a mi esposa, que siempre está a mi lado, y al Regimiento de Granaderos a Caballo por confiarme esta responsabilidad.
-¿Qué sintió la primera vez que entró?
-Cuando abrí las puertas del museo no podía creer que estaba en la casa donde murió el primer jefe del regimiento del cual yo dependo, el hombre que creó el Regimiento de Granaderos. Pisar esos pisos, subir esas escaleras... Hasta cuando hacía ruido el piso de su habitación, yo pensaba que ese mismo ruido lo había escuchado San Martín. No lo podía creer.

-¿Algún presidente argentino visitó la casa?
-El único presidente del que tenemos registro que vino fue Raúl Alfonsín, en 1985. En 2024, el presidente Javier Milei envió una comitiva y vino el entonces ministro de Defensa, Luis Petri, en representación del Gobierno argentino. También estuvo Bettina Bulgheroni, presidenta de la Fundación Granaderos General San Martín.
San Martín en Boulogne-sur-Mer
-La ciudad también parece tener una relación muy fuerte con San Martín.
-Sí. Acá está la estatua ecuestre de San Martín, realizada por Henri Allouard. Fue la primera estatua de San Martín en Europa y se inauguró el 24 de octubre de 1909. Para esa ocasión vinieron barcos argentinos y también una sección de granaderos con cincuenta caballos. Fue un acontecimiento muy importante. La ciudad tenía alrededor de 30.000 habitantes y al acto fueron unas 10.000 personas. Y ocurrió algo muy lindo: cuando los granaderos volvieron a la Argentina, los cincuenta caballos que habían traído fueron donados a un regimiento de París y hasta la actualidad hay descendencia de esos animales.

-La estatua además sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y alrededor de eso surgió una especie de mística.
-Sí. Soportó las dos guerras mundiales. Durante la Segunda Guerra Mundial desaparecieron barrios enteros alrededor y a la estatua de San Martín no le pasó nada. Nadie puede entenderlo. Todos creen que Dios la protegió con su manto sagrado... hay algo místico alrededor de eso. San Martín es muy querido acá.

La Casa Museo del General San Martín está ubicada en 113 Grande-Rue, 62200 Boulogne-sur-Mer, Francia. Abre de martes a sábado, de 10 a 12 y de 14 a 18. Los domingos y lunes permanece cerrada. La entrada es gratuita. La Embajada argentina recomienda consultar previamente porque los horarios pueden modificarse en ocasiones especiales.




