
Islandia: en el país de las últimas cosas
Exótica, misteriosa y de moda, Reykjavik, la capital islandesa, recibe a turistas que buscan el aislamiento de una isla pedregosa junto con una rica vida cultural y una agitada actividad nocturna. Aquí, un recorrido por la lejana y fría tierra de la cantante Björk
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Este año, cuando la población de los Estados Unidos llegue a los 300 millones de habitantes, la de Islandia alcanzará apenas los 300.000. Pero en cuanto a orgullo nacional, los islandeses ganan terreno, y eso ayuda a explicar por qué Reykjavik, la capital del país, que ofrece una sofisticación europea rodeada de paisajes espectaculares, se resiste a vivir como una ciudad pequeña.
Casi dos tercios de los islandeses (en su mayoría descendientes de noruegos, escoceses e irlandeses) viven en la ciudad y en sus suburbios, y si la concentración per cápita de museos y galerías de artes, librerías, excelentes restaurantes y agradables lugares nocturnos no es la más alta del mundo, seguramente debe de estar muy cerca de serlo. El encanto del lugar, por sí mismo, asegura el flujo de visitantes.
Los islandeses, grandes viajeros y multilingües, afirman que creen en la existencia de duendes y elfos. Hablan la lengua de los vikingos casi sin alteraciones, se ganan esforzadamente la vida –la mayoría con la pesca– en una isla de 103.000 km2 que tiene veinte volcanes activos y después, los fines de semana, se abocan con empeño a las fiestas y la diversión.
Pero en esta época del año, cuando está llegando el sol de medianoche (ese que no acaba de ponerse y hace que en pleno verano boreal el día dure unas 20 horas), las multitudes empiezan a multiplicarse y en el centro de la ciudad, de calles adoquinadas y edificios pintados de colores brillantes, se ven cada vez más turistas.
En el país de hielo, cuna de la cantante Björk, el frío no es tan inclemente. Aunque el Círculo Polar Artico está a menos de 400 kilómetros de distancia, la corriente del Golfo modera tanto la temperatura que en invierno Reykjavic es menos fría que Nueva York.
Vivir del mar
El sesenta por ciento del ingreso nacional islandés procede del pescado, y cuando uno lo prueba se entiende por qué. En casi cualquier restaurante se puede degustar un pescado que pocas horas antes nadaba en aguas frescas y limpias, y en casi todas partes los chefs son muy cosmopolitas.
El siempre elogiado Siggi Hall, en la calle Thorsgata 1, ofrece en su menú bacalao servido de tres maneras en un solo plato por 50 dólares; su competencia es el Seafood Cellar, de la calle Adlstreti 2, donde sirven pargo con alcaparras y tocino por muy poco más. A dos minutos de la plaza Ingolfstorg está el restó Einar Ben, en la calle Veltusundi 1; es una casa del siglo XIX que fue residencia de Einar Benediktsson, poeta y patriota célebre.
Los restaurantes vegetarianos brindan precios más económicos, como es el caso del tranquilo café Gardurinn, cuyas sopas, entradas y tortas no son nada austeras. Queda en Klapparstigur 37, y una comida con postre cuesta alrededor de 20 dólares.
Un sitio obligado es Perlan, que consiste en cinco enormes tanques de agua caliente coronados por un edificio circular con un café desde donde se puede contemplar la ciudad desde la altura. Los tanques son parte del sistema con el que se calefaccionan los edificios en Reykjavik: mediante el agua caliente natural del subsuelo.
Dentro de Perlan está el Museo Saga, que demuestra que los dioramas sirven: explican cómo hicieron los primeros pobladores de Islandia para poner las cosas en marcha. El Museo Nacional de Islandia, en Sudurgata 41, también cuenta de manera encantadora la historia del país. Cuesta 9 dólares.
Harbor House, en Tryggvagata 17, una de las abundantes galerías de arte que vale la pena visitar, es notable por su audaz arquitectura industrial y por las obras que posee del artista islandés más famoso, Erro.
Los paseos al interior del país cuestan alrededor de 70 dólares, y se pueden visitar tres lugares muy atractivos: Gullfoss, una enorme y majestuosa cascada que se despeña en un cañón; Geysir, que da nombre a todos los géiseres del mundo, y Thingvellir, el sitio donde se reunió, en el año 930, el primer parlamento islandés, que inadvertidamente eligió un lugar geológico en el que las placas tectónicas de Europa y América del Norte se separan: se han distanciado unos cuatro metros desde aquella primera sesión parlamentaria.
Al volver a la ciudad, se puede recordar el fin de la Guerra Fría y visitar la Casa Hofdi, donde Ronald Reagan se reunió con Mikhail Gorbachov a medidados de los 80 para decidir que, después de todo, vivir apuntándose con misiles nucleares tal vez no fuera una buena idea.
Noches agitadas
Islandia, el nivel de desempleo no excede el 2 por ciento. Y, aunque los impuestos son altos, siempre queda dinero para la diversión. La escena nocturna de Reykjavik no se mueve al ritmo de las veinte horas diarias de luz del verano. Todo el año, los viernes y sábados por la noche, alegres multitudes entran y salen de los bares, los clubes y las cafeterías empapadas en cerveza hasta las 7 de la mañana siguiente.
El rock en vivo florece en Gaukur a Stong, Tryggvagata 22; o en Grand Rokk, Smidjustigur 6. Hay baile en Rex y en Pravda, Austurstraetu 9 y 22. Para algo menos movido, se puede ver The Volcano show, la exhibición que cada noche, en Red Rock Cinema, hace el realizador Villi Knudsen del trabajo de toda su vida: filmar ríos de lava que derriten glaciares y engullen casas durante las erupciones volcánicas islandesas.
Reykjavik es una ciudad para caminar, pero también es posible llamar un taxi. Sus conductores probablemente sean los únicos islandeses que uno encuentra que no hablan inglés. De todos modos, nadie puede dejar de envidiar al sistema educativo islandés: según las estadísticas, casi el 100% de la población está alfabetizada, bajo una consigna: la educación es gratuita.
Traducción: Mirta Rosenberg
Islandia: el país del hielo
- Ubicada entre el Atlántico norte y el océano Glacial Artico, Islandia es un enorme peñasco en forma de meseta de 103.000 km2.
- Para llegar en avión, se puede volar desde ciudades como Londres, París, Amsterdam, Frankfurt y Nueva York, entre otras.
- Más datos: www.scandinavica.com
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