La doctora polémica y controvertida: sus tratamientos para retrasar el envejecimiento sedujeron a políticos y famosos de todo el mundo
La increíble historia de la doctora Ana Aslan, conocida mundialmente en los años 60 por su descubrimiento del Gerovital H3 y la creación del primer instituto de geriatría del mundo.
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Solo con poner su nombre en Google aparecen indexadas numerosas páginas web de centros de estética y rejuvenecimiento: es que los programadores y expertos en SEO saben que Aslan es una certera palabra clave para las empresas que brindan estos servicios. No es el león de Narnia, sino Ana Aslan, la médica rumana que desde1952 se propuso concretar un sueño universal: extender la juventud.

La doctora Aslan, consagró su actividad científica a la investigación de un singular compuesto que en 1946 descubrió que prometía tener propiedades antienvejecimiento: una fórmula basada en el clorhidrato de procaína, un potente anestésico al que los estudios de Aslan le adjudicaron propiedades rejuvenecedoras para numerosas funciones del organismo. Basado en esta sustancia, desarrolló y patentó la fórmula del Gerovital H3 y del Aslavital, productos que, en su momento, se promovieron y difundieron mundialmente como medicamentos revolucionarios. Pero más que la eficacia de los productos, lo que la doctora Ana Aslan se propuso fue demostrar que la vejez podía tratarse como cualquier otra enfermedad y a eso se abocó a lo largo de su vida. Aunque no estuvo exenta de polémicas y detractores sus aportes se consideran importantes para el desarrollo de la gerontología y ganó diversos premios científicos a lo largo de su carrera.

Aunque hoy los productos Gerovital se siguen comercializando en Internet y en Rumania, bajo fórmulas distintas de la original, como marca de cremas y lociones de tratamientos dermocosméticos, es preciso destacar que lo que le preocupaba a la doctora Aslan no era ni la estética ni la apariencia; ella pretendía prolongar la vida de la especie humana en términos integrales de la salud.
“Solo la longevidad activa es verdaderamente un éxito. ¿Quién no querría vivir tantos años como fuera posible sin enfrentarse a los inconvenientes y sufrimientos relacionados con la vejez? Así es exactamente como funcionan nuestros productos. ¡El problema fundamental en nuestro trabajo es devolver la vida a los años y años a la vida!‘’, declaraba Ana Aslan, citada en el volumen “Diálogos aleatorios sobre el mundo en que vivimos”, de Viorel Sălăgean (Bucarest, 1897), que publica la agencia Agerpres.
Por eso creó la primera clínica de geriatría en el mundo, escondida entre los Cárpatos, en Rumania, a la que entre las décadas de los años 60 y 80 acudieron celebridades como Salvador Dalí, Charlie Chaplin, Aristóteles Onassis, Jacqueline Kennedy, Indira Gandhi, Marlene Dietrich, Charles de Gaulle y, hasta Pablo Neruda. Hay registros, incluso, de que Juan Domingo Perón estuvo allí en secreto, según el corresponsal argentino en Madrid, Armando Puente, así como una caricatura en la revista Panorama 1973, del líder político junto a la doctora Aslan.
“Ser eternamente joven no significa tener 20 años, significa ser optimista, sentirse bien, tener un ideal en la vida por el que luchar y conquistar”, reza un cartel con las palabras de Ana Aslan, que recibe a los visitantes en la web actual del Instituto Nacional de Gerontología y Geriatría que lleva el nombre de su fundadora, y sigue funcionando aunque sin el hermetismo de aquellos años.
Por amor al padre

Ana Aslan nació el primer día de enero de 1987, en Braila, una ciudad cosmopolita a orillas del Danubio. Era la menor de cuatro hermanos, dos varones y otra nena. En 1897, año en que nació Ana, Margarit, su padre, un armenio, tenía 59 años, y Sofía, su madre, que hablaba varios idiomas extranjeros tenía unos 20 años menos. Ana Aslan contó más tarde que su padre tenía una fuerte predilección por ella, porque su paternidad implicó la posibilidad de vivir una segunda juventud. Pero cuando Ana tenía 13 años el padre falleció y su madre decidió mudarse con sus cuatro hijos a Bucarest. Allí, los cuatro hijos de la familia accedieron a una educación privilegiada. Los varones se graduaron como ingenieros en el Politécnico de Dresde y su hermana mayor, en artes.

Ana, en cambio, una vez voló un altiplano y se atrevió a soñar con ser aviadora pero ante las dificultades de la época para cumplir ese deseo, optó por una carrera que le pareció más accesible, sin contar con que su madre se negaría rotundamente. La medicina no era una carrera apropiada para una mujer, le dijo, entonces hizo una huelga de hambre que duró tres días hasta que obtuvo el permiso y se inscribió en la universidad de Bucarest.
La primera guerra mundial hizo que la nueva estudiante aprendiera en el campo todos los conocimientos que más tarde iba a aplicar en tiempos de paz. La enviaron al hospital de Iasi donde atendió a los heridos, asistió a operaciones, practicó y ayudó. Allí aprendió que a veces se puede salvar una vida con dedicación, con una idea original, inspirada, con una dosis de terquedad, incluso cuando faltan los instrumentos más apropiados. En 1919 continuó sus estudios en Bucarest y trabajó en el equipo del neurólogo Gheorghe Marinescu, fundador de la escuela de neurología en Rumanía y años más tarde ingresó a la escuela de endocrinología, donde fue la mejor alumna del curso, hasta que se graduó de médica en 1924.
Según la Agencia rumana oficial Agerpres el Gerovital H3 demostró ser eficaz en el tratamiento del reumatismo crónico, depresiones, arterioesclerosis y mal de Parkinson, entre otras enfermedades. La doctora Aslan, fundadora del Colegio Rumano de Gerontología y Geriatría, fue la precursora de la gerontofilasis, método para retardar los signos del envejecimiento, cuyos efectos probó en 20.000 personas de 45 a 60 años de edad. Los tratamientos geriátricos desarrollados por Ana Aslan se exportan a más de 60 países.
La científica descubrió la acción eutrófica y regenerativa de la procaína en el proceso de envejecimiento y desarrolló, en colaboración con la farmacéutica Elena Polovrăgeanu, el fármaco “Gerovital H3″, con efectos profilácticos y curativos sobre el envejecimiento prematuro y las enfermedades relacionadas con la edad. La eficacia del nuevo fármaco, según la Academia rumana, se veía en diversas dolencias: reumatismo, depresión, arteriosclerosis, enfermedad de Parkinson, regeneración y repigmentación capilar, vitiligo y otras enfermedades crónicas.
Ana Aslan investigó y creó durante el régimen comunista y aunque ella siempre buscó mantenerse al margen de las connotaciones ideológicas, terminó convirtiéndose en una involuntaria embajadora del gobierno a nivel internacional. La investigación científica había traspasado las fronteras del país y Aslan fue reconocida y recompensada con innumerables títulos científicos y premios ofrecidos por prestigiosas instituciones médicas en todos los continentes. La distinción más importante, el Premio León Bernard, le fue otorgada por la Organización Mundial de la Salud, en 1952.
En 1973, Estados Unidos lo incluyó en la lista de medicamentos, pero nueve años después prohibieron por completo su importación y venta. Poco a poco el Gerovital fue cayendo en el olvido.

Le negaron su último deseo
La actividad de Ana Aslan le aportó al estado rumano ganancias de decenas de millones de dólares anuales. Sin embargo, las autoridades del régimen comunista se negaron a concederle su último deseo: ser enterrada en el espíritu de la tradición cristiana, en la tumba de la familia Kalinderu Danielopolu. Pero cuando falleció, a los 91 años, el 19 de mayo de 1988, no solo no respetaron su deseo, sino que decretaron total discreción sobre su persona. A la prensa no se le permitió registrar demasiados datos sobre el momento. Sin embargo, la gente sencilla por la que se había preocupado durante toda su vida la acompañó en su último viaje en un número impresionante. Nunca estuvo casada, no tuvo hijos y dedicó toda su vida a la salud de sus compañeros. Su casa, ubicada dentro del Instituto, aún existe hoy, pero no se sabe nada de la patente original del medicamento que la hizo famosa, ni tampoco de sus notas o pertenencias personales.
Pero dicen que alguna vez declaró: “No vivo en el pasado. En principio, vivo en el presente y en el futuro. No pienso en el pasado, ni siquiera lo recuerdo. Otra cualidad que me ha ayudado, creo, es no arrepentirme. Siempre he sido así y sigo siendo así hoy. No me arrepiento de nada, ni de las dificultades que encontré, ni de estar sola, ¡nada! ¡Sí, soy así!”,
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