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La montaña salvaje y la investigación detrás de la carrera en la que murieron 5 alpinistas: “Lo peor fueron las fallas humanas”

5 alpinistas murieron en el invierno de 2021 en el K2; tres años después el documentalista Amir Bar-Lev investigó cada una de las acusaciones que rodearon la hazaña

The Last First: Winter K2 se centra en una exploración de 2021 en donde fallecieron 5 alpinistas.
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En el invierno de 2021, cerca de 60 personas convivieron en el campo base del K2 (que se encuentra en la frontera entre Pakistán y China). Considerado uno de los picos más peligrosos del Karakórum, hasta ese momento también representaba un título por conquistar para el alpinismo, ya que era el único de los 14 picos de más de 8.000 metros que nadie había escalado en invierno. Con temperaturas de casi 50 grados bajo cero y vientos huracanados, el apodo que ganó con el tiempo lo dice todo: “La montaña salvaje”.

El 16 de enero ese título tuvo dueño: diez escaladores nepalíes, entre ellos Nirmal “Nims” Purja, llegaron juntos a la cumbre. Pero ese mismo día también llegó la primera muerte, la del catalán Sergi Mingote, que cayó durante el descenso.

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Con una expedición que no duró semanas, sino meses, uno de los puntos más angustiantes de este relato es la fuerte comercialización que sucedió en esta misión y que puso en riesgo la vida de muchos: alpinistas poco preparados para uno de los recorridos más extremos, falta de carpas y alimentos en las bases y errores humanos que terminaron con cinco muertos. El 5 de febrero, el búlgaro Atanas Skatov cayó mientras descendía, y el islandés John Snorri, el pakistaní Ali Sadpara y el chileno Juan Pablo Mohr fueron vistos por última vez acercándose al Cuello de Botella, el tramo más temido de la ruta. Sus cuerpos recién aparecieron en julio.

El atleta Colin O’Brady fue uno de los escaladores que estuvieron en el K2 durante el invierno de 2020-2021.
El atleta Colin O’Brady fue uno de los escaladores que estuvieron en el K2 durante el invierno de 2020-2021.Apple Tv

A medida que las noticias se iban conociendo en medios especializados, también surgieron las teorías conspirativas: el alpinista pakistaní Nazir Sabir llegó a afirmar que los nepalíes habían retirado las cuerdas fijas del Cuello de Botella al bajar de la cima, lo que habría dejado sin protección a Snorri, Sadpara y Mohr. Otros los acusaron de haber mantenido en secreto su “ataque a cumbre” (la fase final y más exigente del alpinismo) para quedarse con el récord. Y en foros y redes se puso en duda la propia hazaña: no había una foto grupal en la cima y en el video de llegada se veían solo ocho de los diez escaladores.

Tres años después de todo lo ocurrido, el documentalista Amir Bar-Lev investigó cada una de esas acusaciones y lo que encontró fue menos un crimen que una historia de fallas humanas.

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Amir Bar-Lev, el director: “La mayoría de las acusaciones no tenían sustento”

Entiendo que al principio querían contar la historia como un true crime pero a medida que la producción avanzaba, cambiaron de idea. ¿Qué fue lo que pasó?

Empezamos a trabajar en esta historia 3 años después de que ocurriera, o sea, en el 2024. El periodismo que se había hecho hasta ese momento, el relato que nos llegó, estaba lleno de acusaciones. Muchísimas, mucho señalamiento... de hecho, la mayor parte de eso ni siquiera está en la película; aunque sí se ve que hay gente que acusa al equipo nepalí de haber cortado cuerdas, pero hubo muchas otras denuncias que tuvimos que investigar.

En el documental caminamos sobre la línea entre el arte y el periodismo, y el lado periodístico te obliga a seguir las pistas, sobre todo si apuntan a algo casi criminal. Por eso decimos que al principio fue un “¿Quién fue?” alpino, un true crime de alta montaña porque básicamente así se hablaba del tema. Pero descubrimos que la mayoría de esas acusaciones no tenían sustento. Eso no quiere decir que no haya salido nada mal: si hay cinco muertos, algo terrible pasó.

Lo que encontré es que la historia más poderosa —el fracaso más poderoso, en realidad— tenía que ver con fallas mucho más humanas. Menos con conductas criminales y más con cosas que compartimos todos, incluso los que vivimos acá abajo, al nivel del mar. Hubo soberbia, hubo nacionalismo, hubo codicia, hubo fiebre de cumbre, hubo engaños y competencia. Pero probablemente no hubo cuerdas cortadas ni intentos de cumbre truchos. Eso también se dijo: pasamos meses investigando la idea de que los nepalíes ni siquiera habían llegado a la cumbre y que habían fraguado todo, como dicen que se fraguó la llegada a la Luna.

O sea... todas teorías medio conspirativas pero poca realidad

Sí. Tenés que investigar esas cosas, aunque suenen descabelladas.

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Ali Sadpara, héroe del alpinismo pakistaní, en el K2.
Ali Sadpara, héroe del alpinismo pakistaní, en el K2.Apple tv

Una pregunta que aparece mucho durante el documental es “¿Por qué alguien pondría en riesgo su vida de esa manera?“. Después de hacer ese documental, cuál sería tu respuesta... ¿sentís que sería diferente para los sherpas?

Creo que lo que hace tan interesante esta historia es que había 60 personas en la montaña y, con ello, diferentes razones de por qué estar ahí. Claro que podemos pensar que una gran mayoría es atraída por la experiencia de lo sublime: estar en un lugar muy ajeno, hermoso, que casi parece otro planeta. Después están los que disfrutan de la adrenalina, de la falta de seguridad, de los riesgos, de desafiarse y descubrir de qué son capaces.

Pero personalmente creo clave adelantar que no todos los que forman parte de estas expediciones están ahí porque les gustan esas cosas, muchos de ellos están porque tienen que estar. Las personas que suelen quedar fuera del cuadro en el relato del alpinismo vienen, muchas veces, de partes del mundo con muchísimos menos recursos que los propios montañistas. Y sin embargo terminan unidos, formando casi un pelotón militar improvisado, gente que depende una de otra para sobrevivir, aunque estén ahí por razones muy distintas y a veces ni siquiera hablen el mismo idioma.

Eso es algo que me parece muy interesante de esta historia.

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Algo que me gustó mucho del documental es cómo retratás a las familias. No aparece el enojo de “¿Por qué hizo esto?“, sino más bien una comprensión de que este deporte era lo que amaban. Pensando en que la mayoría no conocemos este deporte extremo, ¿qué te gustaría que se lleve alguien que ve el documental?

Quisimos, como dice la expresión, “Tener la torta y comerla también”. Queríamos hacer una película que se sintiera como un documental de montaña, con lo que nos gusta de esas películas y de las historias de supervivencia.

Soy fan de los libros y las películas que te dejan al borde del asiento, sobre todo cuando son historias reales. Y esta es una: gente que va a lugares donde la muerte está muy cerca, donde la cooperación es literalmente una cuestión de vida o muerte. En cierto modo es como una historia de guerra, y queríamos que el público lo sintiera.

Pero también sabíamos que si contás ficción podés inventar el relato de supervivencia más angustiante y atrapante de la nada. En la no ficción, cuando intentás presentarle eso al público, puede aparecer cierta construcción, cierto artificio, algo falso, en definitiva. Y algunos documentales de montaña son un poco más artificiales y armados de lo que a nosotros nos resultaba cómodo.

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Entonces, cuando digo que quisimos tener la torta y comerla también, me refiero a que queríamos que la gente sintiera lo que te dan esas películas de adrenalina y, al mismo tiempo, se preguntara en qué son honestas y en qué no, y cómo pueden estar afectando aquello mismo que dicen solamente documentar. Espero que las personas de la película se vean en toda su complejidad, y que cada espectador se lleve algo distinto, porque es una de esas historias que no se pueden explicar en una sinopsis rápida. Así fue como la descubrimos nosotros mientras la hacíamos, y espero que así la viva el público.

Otra cosa que trae el documental es el impacto de las redes sociales ¿Sentís que la necesidad de generar contenido cambió las cosas?

No hay dudas de que las redes cambiaron el alpinismo. Pero a mí me interesa pensar qué cosas son permanentes y qué cosas son nuevas. Las redes son obviamente nuevas: poder llevar un pequeño estudio de cine a todas partes y filmar cualquier cosa, desde lo que desayunaste hasta tu cumbre en la montaña más alta del mundo.

Sajid Sadpara encontró el cuerpo de su padre el verano siguiente a su desaparición en el K2, y lo enterró en la montaña.
Sajid Sadpara encontró el cuerpo de su padre el verano siguiente a su desaparición en el K2, y lo enterró en la montaña.Apple Tv

Lo que no es nuevo es esto: como seres humanos, nunca jamás hicimos algo valiente, algo que pareciera burlar a la muerte, sin querer volver a casa a contarlo. Por eso existen pinturas rupestres de gente cazando un bisonte con lanzas que seguimos encontrando 20.000 años después.

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No sé si esto está en la película o solo en mi cabeza, pero espero que no quede la sensación de “ay, qué malas son las redes”. Es más complejo que eso. Esta es una de esas historias eternas, y en cierto modo las redes son lo mismo que las pinturas rupestres. Esto habla de la naturaleza humana, y por eso es una historia tan interesante: es sobre todos nosotros, no solo sobre los montañistas o la gente que está en las redes.

The Last First: Winter K2, un documenal repleto de adrenalina y dolor

“The Last First: Winter K2” (desde el 2 de octubre en Apple TV) se produjo a partir de más de 300 horas de material: documentales de expedición, videos para sponsors, clips de celular grabados dentro de las carpas y audios de radio, y, más tarde, las entrevistas que hizo el propio Bar-Lev. Logrando cierta coralidad al tomar las filmaciones de diferentes personas, el documental tiene un corazón claro: la amistad entre John Snorri y Ali Sadpara: un occidental rico que podía permitirse el alpinismo como pasión y un pakistaní que había salido de la pobreza trabajando en la montaña.

Alrededor de ellos, la película despliega el resto: la comercialización del K2, la expedición de Seven Summit Treks con clientes novatos, la ruptura del “código de caballeros” por parte de un equipo nepalí que ya no quería ser el que fija las cuerdas para la gloria ajena, y la pregunta incómoda sobre cuánto cambian las cámaras aquello que dicen registrar. Un documental difícil de mirar con preguntas existenciales sobre la vida, los riesgos que corremos, pero también la comercialización extrema del alpinismo.