
La Navidad se adelanta en las vidrieras de París
Las boutiques más renombradas de la capital francesa ya lucen su impactante decoración
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PARÍS.- Fue el fin de semana pasado, pero pasa también un día cualquiera, cada vez que se acercan las fiestas. A pocos metros de la Ópera Garnier, detrás de este palacio haussmaniano característico de la ciudad, una manada de turistas, en su mayoría asiáticos, se entremezcla con decenas de padres franceses. Unos, con cámaras en mano; los otros, con niños sobre los hombros. Y, todos, mirando hacia un mismo lugar: las vidrieras navideñas de las galerías Lafayette.
Es una tradición en esta ciudad. Cada año, las grandes boutiques parisinas cuentan historias navideñas a través de sus vidrieras. Trineos y muñecos en movimiento, conejos que saltan y efecto nieve por todos lados. Aquí es invierno y hace frío en Navidad, a veces incluso nieva, así que estas decoraciones, además de estar en consonancia con la temperatura, se convierten en ventanas mágicas para cualquier transeúnte que pasea tapado hasta la nariz.
"Es un espectáculo que cada año les ofrecemos a nuestros clientes. Es nuestro regalo para ellos. Mi sueño es hacerlos soñar", cuenta a la nacion el director artístico del Bon Marché, Frédéric Bodenes. Este shopping de lujo, el único de estos grandes magasins ubicado del otro lado del Sena, no muy lejos del boulevard Saint-Germain, es el que inició esta tradición en 1909, transformando sus vidrieras en una reconstitución del polo Norte. Bodenes es bastante generoso: si bien no revela la cifra, confiesa que este "regalo" para sus clientes le cuesta el 30% del presupuesto anual destinado a la decoración del Bon Marché. El costo se entiende al mirar las vidrieras: cuatro miniespectáculos de menos de dos minutos en los que cuatro monumentos emblemáticos de la Rive Gauche (los Invalides, el Museo d'Orsay, la torre Eiffel y el mismo Bon Marché) se convierten en cajas de música gigantes iluminadas y acompañadas por pajaritos de oro. "Contratamos a un mago para las animaciones, a un director de orquesta para las composiciones musicales y a un iluminador que trabaja en espectáculos. Es una tradición muy francesa. Creo que ni siquiera en Nueva York crean vidrieras animadas", agrega a la nacion este director artístico, que se confiesa amante de Buenos Aires.
El Bon Marché, propiedad del grupo de lujo LVMH (Moët Hennessy Louis Vuitton), es el único que no se suma a una tendencia cada vez más visible: poner las vidrieras en manos de grandes marcas de lujo. Tradicionalmente decoradas para seducir a los más chicos con árboles de Navidad, guirnaldas, un Papá Noel rodeado de juguetes emblemáticos, la puesta en escena de un cuento de hadas, o de un circo por ejemplo, en los últimos años las grandes boutiques se asocian con marcas o diseñadores que intervienen estos espacios con sus productos, si bien siempre en un marco navideño.
Es el caso de las galerías Lafayette, que para festejar sus 100 años presentan una decoración pensada por Louis Vuitton, marca que por primera vez participa de esta tradición y que decidió festejarlo a lo grande: en la inauguración, una modelo llegó subida arriba de Dumba, un elefante.
Justo al lado, en las once vidrieras de Printemps, 74 marionetas vestidas de Dior (con un minitailleur Bar de 1947) y con réplicas en miniatura de la Lady Dior, la cartera emblemática de esta marca, tocan el tambor. El año pasado, sus vidrieras habían sido decoradas por el diseñador de Chanel, Karl Lagerfeld, y por la cantante Vanesa Paradis. Aquí no son pocos los que se quejan de que estos espacios históricamente concebidos para el imaginario infantil empiecen a dirigirse hacia una clientela internacional y a sus bolsillos. Pero el interés no es menor: según las estimaciones, hasta diez millones de personas caminan por ese boulevard antes de Navidad.






