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Lo adoptó al verlo en la jaula de una veterinaria y la vida de ambos cambió: “La muerte lo perseguía pero él era más rápido”

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Cuando esa tarde lo vio en “exposición” en la jaulita de una veterinaria, supo que tendría que volver por él. En ese tiempo, solía atender a una paciente en su domicilio. Siempre iba en auto pero hubo un día que le tocó viajar en colectivo. Y ese día vio al gatito de pelaje naranja que cambiaría su vida.

Su paciente tenía una gatita que siempre se le sentaba encima y le amasaba las piernas durante toda la sesión. De modo que ese día aprovechó y le preguntó como se cuidaba un gato.

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“Yo nunca había tenido gatos y era más team perros. Guiada por mitos sobre la supuesta indiferencia de la especie o por la creencia de que eran traicioneros y se iban por los techos, era de las que sostenían que no le gustaban los gatos”, recuerda la psicóloga Carolina Marcó del Pont.

Cuando salió de la sesión pasó por la veterinaria, compró todo lo necesario, pidió un remis y adoptó al gato. “A partir de ese día, empezó a cambiar mi vida. Felipe fue el primer animal que estuvo totalmente bajo mi responsabilidad cuando me fui a vivir sola, y también el responsable de transformar mi existencia y llevarme a ser la persona que soy hoy”.

El “centinela” del consultorio y una vocación inesperada

Poco a poco, Felipe comenzó a sumarse a la vida laboral de Carolina. Entraba al consultorio por iniciativa propia —salvo que al paciente no le gustaran los gatos— y empezaba a recorrer el lugar frotándose contra los muebles. Su presencia tierna y tranquila facilitaba el vínculo con pacientes muy introvertidos, sirviendo como un disparador natural de conversación. En otras ocasiones, simplemente prefería treparse a una biblioteca para dormir o contemplar la sesión desde las alturas, ganándose el afecto de las personas que bromeaban diciendo que tenían un “centinela”.

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“Esta interacción espontánea despertó mi curiosidad por comprender mejor el impacto de los animales en el ámbito terapéutico, lo que me llevó a formarme en Intervenciones Asistidas por Animales. Aunque las formaciones formales de la época se centraban en perros, Felipe se convirtió en un colaborador autodidacta. En sesiones con niños con discapacidad, participaba de actividades sencillas como recibir paté preparado por los propios pacientes en alfombras de lamido”.

A través de la experiencia de cuidar a Felipe, Carolina también entabló contacto con veterinarios dedicados al rescate y comenzó a ofrecer su hogar como espacio de tránsito. Con el tiempo, pasaron por su casa más de mil animales rescatados. Cada una de esas vidas salvadas y su labor actual en el acompañamiento terapéutico tuvieron su origen en aquel cruce fortuito frente a la vidriera.

Años de cuidado y un adiós en paz

Con el paso del tiempo, y aunque mantenía su peso habitual, Carolina detectó en Felipe una pérdida de peso progresiva. El diagnóstico confirmó que había un problema de salud: Felipe padecía hipertiroidismo. Se dio comienzo entonces a un tratamiento riguroso que incluyó medicación diaria durante casi dos años y una terapia con yodo radiactivo que requirió dos días de aislamiento. Si bien los valores tiroideos se estabilizaron, la afección le dejó como secuela una arritmia cardíaca.

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Durante los siguientes cuatro años, su cuadro exigió una rutina de cuatro medicaciones diarias y un monitoreo constante ante episodios de retención de líquidos que requerían diuréticos. “A veces se llenaba de agua y se inflaba como un globo, entonces debíamos inyectarle diuréticos para que liberara toda ese líquido que, por suerte, en las primeras instancias le iba al abdomen”.

Durante esos años de batallar contra la enfermedad, Felipe tres encuentros cercanos con la muerte. Tuvo mycoplasma, se salvó. Tuvo otro decaimiento grande, repuntó. “Y el problema real empezó cuando ya el líquido empezó a ir para el lado de los pulmones. Ahí solo quedaba punzar y esperar que mejorara. Durante todos esos años, que fueron como cinco, Felipe tomaba cuatro pastillas diarias. Pero fueron años en los que no me fui de vacaciones. Me daba pánico que le pasara algo cuando yo no estaba. Además no sabía si alguien iba a ser capaz y responsable para darle su medicación como correspondía. La muerte lo perseguía, pero él era más rápido”.

Su partida finalmente ocurrió un domingo de junio inesperadamente cálido. Tras haber compartido un momento al sol en el jardín y descansar sobre Carolina, se organizó todo para despedirlo en su casa. Rodeado de afecto y sobre la cama que había compartido con su humana y otros cuatro patas, Felipe falleció recibiendo mimos hasta el último segundo, acompañado también por los demás animales de la casa a los que tantas veces ayudó.

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El tránsito del duelo animal y herramientas para acompañarlo

“Cuando se fue, lloré muchísimo, obviamente. Lo primero que hice, que es algo que hice con todos ellos, fue escribir un posteo despidiéndolo en Instagram. Siempre uso ese recurso porque a través de mis redes mucha gente conoce y quiere a mis animales, y muchos adoraban a Felipe, así que me sentí muy acompañada. A mi me gusta mucho escribir: poner palabras a lo que siento muchas veces me ayuda a procesar. Y luego me tomé mi tiempo y me respeté. Trabajo en forma independiente y eso me da la posibilidad de manejar mis tiempos, así que tuve la suerte de poder suspender algunos compromisos sin tener que mentir, y me tomé un par de días para estar en casa con el resto de mis animales, y acompañar a Florita, una de mis gatitas que había sido criada por él (porque él siempre me ayudaba a criar a todos los bebés que venían en tránsito a casa). Florita también sintió mucho su ausencia y yo veía que lo buscaba por la casa”.

Esa pérdida y la de otros tres integrantes de su familia multiespecie, llevó a Carolina a escribir el libro “Permiso para sentir: una guía para acompañarte en el duelo por la pérdida de un compañero animal”.

Perder a un animal que fue considerado familia suele desencadenar un proceso complejo que muchas veces no cuenta con la validación social necesaria. Por eso, Carolina recoge en su escrito aspectos clave y herramientas útiles para atravesar este tipo de duelos.

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  • Comprensión del duelo anticipado: cuando un animal padece una enfermedad prolongada, el proceso de duelo suele comenzar en vida. Reconocer esta etapa permite revalorizar el tiempo compartido y vivir cada día con mayor presencia.
  • Validación de las emociones: el duelo por un animal es frecuentemente invisibilizado, lo que puede generar sentimientos de aislamiento o incomprensión. Poner en palabras lo experimentado ayuda a procesar la pérdida de manera saludable.
  • Expresión y rituales de despedida: escribir sobre la vivencia, compartir la historia con personas empáticas o crear una caja de recuerdos son recursos que permiten otorgar un sentido al proceso y preservar la memoria del vínculo.
  • Manejo de la culpa: es importante diferenciar los factores que estuvieron bajo nuestro control directo de aquellos que pertenecían a la evolución natural de la salud del animal, evitando la sobrecarga de responsabilidad.
  • Cuidado del cuerpo y regulación: utilizar ejercicios de respiración, técnicas de anclaje y respetar los tiempos de descanso ayuda a gestionar la intensidad física y emocional que conlleva la ausencia.

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