
Es una especie amenazada y, con un mes de vida, apareció solo en medio de un intenso temporal: “Le armó un refugio con una sábana”
Un trabajador rural que vivía en una casilla de campo le armó un refugio improvisado y lo cuidó cerca de una semana; el destino lo cruzó con otro de su especie
Un trabajador rural que vivía en una casilla de campo le armó un refugio improvisado y lo cuidó cerca de una semana; el destino lo cruzó con otro de su especie
Su triste historia comenzó a fines de febrero de este año cuando ingresó huérfana junto a su hermano —que lamentablemente no sobrevivió— tras ser hallada en un campo de Pilar.
En paralelo, otro cachorro también peleaba por su vida. Un trabajador rural lo había encontrado en plena campaña de cosecha en el interior bonaerense. “El señor vivía en una casilla de campo y le armó un refugio improvisado con una sábana. Lo cuidó cerca de una semana porque las lluvias intensas y el barro le impedían salir del campo”, explica Lina Zabala, Coordinadora Operativa de Rescate Animal de Fundación Temaikèn.
Todavía no lo sabían, pero el destino había cruzado sus caminos. Y Así, ambos animales fueron derivados al Centro de Recuperación de Especies de esa Fundación (CRET).
“Los cachorros llegaron con apenas 400 y 450 gramos de peso, y entre uno y dos meses de vida. Si bien su estado general era bueno, la edad temprana requirió la activación inmediata de un protocolo estricto de crianza asistida, diseñado para brindar alimento y refugio sin generar huella o apego humano”, detalla Zabala.
Crianza “invisible”: el desafío de no improntar
Para garantizar que un felino huérfano sobreviva de forma autónoma, el ser humano debe volverse invisible. El equipo alimentó a los cachorros con leche especialmente formulada para la especie y a través de tetinas, pero bajo un estricto aislamiento visual, sonoro y olfativo.
“Para evitar la impronta, la crianza se realiza en total aislamiento humano. Esto impide que el animal se identifique con las personas y que las asocie con el cuidado y alimentación: eso comprometería seriamente sus chances de sobrevivir en libertad”, detallan los profesionales del CRET.
En ese sentido, los ingresos al recinto se redujeron estrictamente a la provisión de alimento y controles sanitarios bajo anestesia, mientras que el seguimiento diario se desplazó a las lentes de las cámaras trampa.
Superadas las cuarentenas individuales -los cachorros habían ingresado con 40 días de diferencia y, por lo tanto, no podían juntarse hasta completar sus chequeos médicos y el aislamiento preventivo-, llegó la etapa de evaluar la compatibilidad entre ellos. El proceso avanzó de forma gradual: primero mediante contacto indirecto visual, sonoro y olfativo a través de mallas divisorias, y luego con encuentros directos supervisados.
A pesar de las diferencias de peso, la convivencia en un ambiente provisto de vegetación densa y refugios naturales resultó un éxito. “La convivencia diaria fue un factor clave para que ambos desarrollaran comportamientos propios de la especie como la cautela, el instinto de caza y la autonomía, en lugar de depender del vínculo con las personas que los criaron”, señalan desde la fundación.
Juntos realizaron la transición a la dieta sólida y aprendieron las dinámicas de caza mediante ejercicios de enriquecimiento ambiental con roedores. A través del análisis minucioso de fototrampeo, el equipo verificó su agilidad, su destreza para acechar presas vivas y su capacidad defensiva. El alta sanitaria y comportamental estaba cada vez más cerca.
Una alianza comunitaria para proteger el hábitat
La liberación de los animales en las islas del Delta no solo marcó el cierre del ciclo de rehabilitación para los felinos, sino también un punto de encuentro con los pobladores de la zona.
El gato montés enfrenta graves amenazas en la región: la fragmentación de hábitat por la urbanización, el atropellamiento en rutas rurales, el mascotismo ilegal, el contagio de enfermedades por interacción con gatos domésticos y la caza retaliativa -es decir, el acto de venganza o represalia tras un ataque al ganado o animales domésticos- por parte de productores que lo consideran, erróneamente, una amenaza constante para las aves de corral.

En este marco, la reinserción se transformó en una herramienta pedagógica de conservación territorial. Eric Sambón, especialista en Educación para la conservación de Fundación Temaikèn, destaca el valor social que rodea estos procedimientos:
“La participación de la comunidad en las reinserciones de fauna rehabilitada brinda una oportunidad única para involucrar a las personas con la conservación de las especies silvestres y los ambientes que habitan... A través de estas acciones, se genera un espacio único para pensar qué factores están afectando a la fauna nativa, para comprender su importancia en el ambiente y para reconocer el valor de las áreas naturales protegidas”.
Y concluye sobre el impacto del regreso a la tierra natal: “Vivir el regreso a su hábitat de un animal rehabilitado invita a conocer su historia, a acompañar su nueva oportunidad para vivir en la naturaleza y sensibilizarse con su regreso al ambiente del cual todos formamos parte”.
Hoy, camuflados entre los juncales y montes del Delta, los dos jóvenes felinos caminan de nuevo libres, resguardados por el instinto salvaje que lograron conservar.
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