
Los Oldemburgo, la misteriosa familia de la que descienden todos los monarcas europeos
Sus orígenes se remontan a una pequeña localidad de Alemania, pero una serie de alianzas matrimoniales les permitió alcanzar los tronos de Dinamarca, Noruega, Suecia, Grecia, España y Rusia
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Cuando se habla de las grandes dinastías europeas, suelen venir a la memoria apellidos como Borbón, Windsor, Habsburgo o Romanov. Sin embargo, detrás de estas familias se encuentra un reinado mucho más antiguo que logró abarcarlas a todas: la familia de Oldemburgo. La misma nació en un pequeño territorio del norte de Alemania, pero su suerte cambió para siempre en el siglo XV, cuando uno de sus miembros fue elegido rey de Dinamarca.
Sin embargo, los historiadores encuentran a los Oldemburgo citados desde la Edad Media. Uno de sus primeros antepasados documentados fue Egilmar I de Oldemburgo, un conde que vivió entre finales del siglo XI y principios del XII. Su familia controlaba territorios situados entre las regiones habitadas por frisones y sajones, donde estableció las bases de un pequeño condado.
Con el paso de las generaciones, sus descendientes ampliaron sus propiedades y fortalecieron sus relaciones con otras familias aristocráticas. Sin embargo, el verdadero salto al poder ocurrió en 1448, cuando Cristián I de Oldemburgo fue elegido rey de Dinamarca después de la muerte de Cristóbal de Baviera, quien no había dejado descendencia directa. La elección contó con el respaldo de importantes sectores de la nobleza y marcó el comienzo de una nueva era.

Dos años después, en 1450, Cristián I también se convirtió en rey de Noruega. En 1457 consiguió acceder al trono de Suecia, lo que consolidó temporalmente su autoridad sobre los tres reinos escandinavos. Estos acontecimientos tuvieron lugar durante la Unión de Kalmar, una alianza política establecida en 1397 que vinculaba a Dinamarca, Noruega y Suecia bajo una misma corona, aunque cada territorio conservaba sus propias instituciones.
La unión atravesó numerosos conflictos hasta que Suecia se separó definitivamente en 1523, cuando Gustavo Vasa fue proclamado rey. Dinamarca y Noruega, en cambio, permanecieron unidas bajo una misma monarquía hasta 1814. De esta forma, la familia que había comenzado su historia como propietaria de un pequeño condado alemán terminó gobernando algunos de los territorios más importantes del norte de Europa.
Además de realizar importantes conquistas militares, los Oldemburgo generaron estrictas reglas de descendencia, en las que sus hijos y nietos accedían directamente a derechos hereditarios y a la posibilidad de tener el poder en diferentes países. Con el tiempo, la dinastía se dividió en varias ramas, entre las que se destacó la de Schleswig-Holstein-Sonderburg-Glücksburg, conocida habitualmente como Casa de Glücksburg.
Uno de los casos más importantes fue el de Cristián IX de Dinamarca, quien llegó al trono en 1863 y recibió el apodo de suegro de Europa debido a los matrimonios de sus hijos con integrantes de otras monarquías. Su hija Alejandra se casó con el futuro Eduardo VII del Reino Unido, mientras que Dagmar contrajo matrimonio con el zar Alejandro III de Rusia y se convirtió en emperatriz consorte bajo el nombre de María Fiódorovna.
Otra de las ramas de los Oldemburgo llegó a gobernar Grecia. En 1863, el príncipe Guillermo de Dinamarca fue elegido rey de los helenos y asumió como Jorge I de Grecia, dando origen a una dinastía que permaneció vinculada al trono griego hasta la abolición definitiva de la monarquía en 1973. Incluso, Felipe VI de España también está emparentado con los Oldemburgo, ya que su madre, Sofía, es hermana de Constantino II de Grecia, el hijo de Jorge I.
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