
Los quijotes de la mancha
Desde hace unos meses, imágenes que hacen referencia a temas, personajes y situaciones de lo más divesas aparecen (y desaparecen) como por arte de magia de las paredes de la ciudad. Quiénes son y qué buscan los protagonistas de esta movida, denominada stencil, que gana cada día nuevos cultores
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"Hacé uno de Gardel", le gritó un taxista asomando la cabeza por la ventanilla del auto en movimiento. Pero Gardel ni pintó. A cambio, el primero que apareció fue George Bush junior, con un par de orejas (no, de burro no) de Mickey y la leyenda Disney War (guerra). El último: un busto de San Martín con jopo a lo Elvis Presley, que empezó a ganar popularidad esta semana. Esto, solamente, por parte del trío Bs As STNCL, una de las agrupaciones de stencilistas más prolíficas de la ciudad.
Aproximadamente hace un año, el paisaje urbano empezó a sufrir una metamorfosis gráfica. Familiarizada con el graffiti, pero con interesantes diferencias, una serie de pintadas evidentemente hechas con moldes empezaron a ilustrar y transmitir mensajes de todo tipo en las paredes, tachos de basura, carteles y sendas peatonalesdel centro de la ciudad. La técnica (y por ende, la movida) se llama stencil y tiene incontables referentes históricos alrededor del mundo: algunos de sus cultores señalan como precursor el primitivo arte rupestre, otros hablan del Mayo francés, de la propaganda fascista y, más acá en el tiempo, del hip hop. Lo cierto es que sea quien haya sido el primero, la explosión de esta expresión callejera vive aquí su apogeo juvenil. Dibujos. Palabras. Abstracciones. Monocromos y composiciones pop. Un solo sistema para expresar plásticamente mensajes diferentes. De protesta o políticos, de amor o de humor.
Imágenes al ataque
Gonzalo y Pablo se juntan cerca de la medianoche en la casa de Nicolás, a metros del Luna Park -diseñador gráfico, músico y artista plástico devenido empleado bancario, respectivamente-. Separan los moldes "de turno" para el nuevo ataque (primera alusión a la jerga), testean los aerosoles, se procuran un rollo de cinta adhesiva, guardan el kit en un bolso y comienzan a subir las calles, desde el Bajo hacia el microcentro.
A 500 metros ya aparece -y se celebra como a un oasis en el desierto- la primera musa inspiradora: un quiosco de diarios. "Es hora de sacar a Ringo a la cancha", dice Gonzalo, mientras busca la silueta de Bonavena calada en una placa radiográfica. Rociar la plantilla con pintura es cuestión de segundos. Como si nada hubiera pasado, los BSASTNCL siguen su ruta. Ringo se queda ahí, entre los cartoneros que revuelven la basura, dándole la espalda a un patrullero que se estaciona, sin prestarle la más mínima atención.
"En un año, sólo nos paró dos veces la policía -cuenta Nicolás, el ideólogo de Disney War-. Una vuelta, estábamos en Barracas, vinieron a ver qué onda, y cuando se dieron cuenta de lo que estábamos haciendo se c... de risa". Los chicos (treintañeros ya) entienden tanto de escabullidas como de invasiones a la propiedad privada. Pero relativizan ambos puntos. "No hay una situación de riesgo ni tampoco me parece un acto vandálico -opinan al mismo tiempo que graban una serie de Grace Jones multicolor en la cortina metálica de un comercio-. Hay lugares que nunca tocaría, hasta soy capaz de blanquerlos si veo que los pintaron... no estoy hablando de criterio, pero el día que al dueño de la pared le guste el stencil que le hice y se ocupe de cuidarlo, lo mío va a cambiar, va a dejar de ser efímero", completa Nicolás.
Aunque, fundamentalmente, les llaman la atención los espacios que ya fueron intervenidos ("porque se establece una comunicación entre stenciles"), en abril BSASTNCL bombardeó (anótese en la lista de vocabulario) un murallón limpio de Viamonte y Reconquista, a la vuelta del bar La Cigale. Días más tarde, encontraron su lienzo bañado en cal. "Eso nos enseñó a no encariñarnos con una pared", señala Gonzalo, que para el Día de la Madre entregó como regalo un motivo pintado en acrílico sobre paspartú. Perseverantes, en la madrugada del último martes volvieron a la carga frente a la curiosa mirada de los pasajeros del colectivo 109 y algún que otro borracho moscardón. Una o dos horas pasaron hasta que se terminó el negro (color primario y corrector de errores). Entonces se retiraron contentos con la recuperación de su espacio. "Es un placer que la ciudad esté plagada de imagen", suspiraron.
De dichos populares y leyendas
"La gente siempre se pregunta quién nos paga. No pueden entender que sea un juego". Claro que están estos ciudadanos y los que no son tan amables. Los segundos, en el mejor de los casos, aprietan con preguntas inquisivas respecto de la propiedad privada. El fenómeno stencil que se evidencia a flor de piel despierta detractores y entusiastas que opinan al respecto y que, también, arman sus propias historias a partir de los significados de sus mensajes ("como el arte, cada stencil es lo que cada uno quiere entender").
Sin embargo, más curiosas que las habladurías son los cuentos tejidos a partir de motivos muy vistos. Como la bicicleta tamaño natural que salpica diferentes barrios y estaciones de tren. "Todos los mitos remiten a la época de la dictadura. Algunos dicen que con las razzias quedaban todas las bicicletas tiradas. Otros, que era la bici era de un profesor y que después de que lo chuparon encontraron su bici-dice I-bomb, el alias artístico de Darío-. También se rumorea que la pintada fue hecha por gente de Bellas Artes como homenaje a un compañero desaparecido (al que, obviamente, llaman "el loco de la bicicleta") -completa Federico, del colectivo Run Don’t Walk-. No importa realmente qué fue lo que pasó. Justamente lo interesante es el enigma que está detrás de las leyendas que circulan", remata Seb.
Todos ellos, más los BSASTNCL, se reunieron hace diez días en la muestra Stencil Attack! organizada por el DJ Bad Boy Orange en la noche dedicada al drum & bass llamada +160. Algunos se conocían por haber hecho dialogar sus diseños con anterioridad. Otros, simplemente, a través de Internet (páginas como www.revolution.com son una verdadera comunidad de stencilistas). Pero aunque sea una vez, ya se habían visto la cara en estas fiestas de culto que se celebran los martes en la discoteca El Dorado. "Es una casualidad", subrayan, rechazando la idea de que el drum & bass sea al stencil lo mismo que el hip hop al graffiti. "El trasfondo cultural del stencil no es tan definido: no somos todos skaters, ni punkies, ni diseñadores, aunque los movimientos callejeros, la música y el arte gráfico sean denominadores comunes", postulan en conjunto.
El debate acerca de si el stencil es o no graffiti se instala. "Graffiti, en latín, significa marca con grafito en la pared. ¡Te maté con ese dato!", dice I-bomb, haciendo uso de los conocimientos que le dejó el colegio secundario (ahora tiene 28 años, trabaja en un restaurante de Palermo y como modelo para una agencia). Desde ese punto, la respuestá sería sí, pero enseguida llega la contraofensiva. "El stencil es anónimo, en serie, preproducido". Además de rápido y económico, un buen motivo para que partidos políticos y grandes empresas -con aires modernos- lo empleen como método para sus campañas de propaganda. "A estas alturas resulta un sistema tan underground como mainstream. Sino, mirá lo que hizo Nike con el escorpión. Eso qué sería, ¿vandalismo corporativo?, se ríen.
Dicen que los piqueteros adoptaron esta técnica el 19 y 20 de diciembre. Y que con la guerra de Irak aparecieron diseños de repudio (de la saga de Bush con orejas es, también, American style: unmotivo que representa un juego de bowling con una bomba). El contenido político de algunos mensajes traslada la conversación al trabajo de uno de los más conocidos stencilistas a nivel mundial. El británico Robin Banks -famoso como Banksy- se rió de la reina Isabel en sus narices, cuando durante el desfile del 50 aniversario de su llegada al trono la pintó con cara de chimpacé y cortejada por guardias con los pantalones bajos. Claro que su línea se diversifica tanto en representaciones antiglobalización u otros tópicos politizados como en trabajos de corte netamente artístico. Sino, chequeen la tapa del disco de Blur, Think Tank ( www.bansky.co.uk ).
Aquel día de la muestra, a la fiesta de El Dorado asistieron el Papa Juan Pablo II (con la consigna Apurate muerte), Xuxa, Sai Baba, Marilyn, los monos de El planeta de los siomes ("creo que mi viejo no sabe lo que quiere decir siome", reflexiona su autor) y otras celebridades. Sí, también estuvo Gustavo Cerati, en sus dos comentadísimas versiones: Viejo choto y Papadas totales. "El primero salió de una discusión entre amigos sobre cómo este tipo puede seguir creyéndose emblema de la vanguardia si tiene como 50 años", explica uno de los Run Don’t Walk. La secuela, producto de una apreciación física, apareció enfrente al teatro Gran Rex la misma noche que el ex Soda Stereo presentaba el primero de una serie de shows. "No hizo falta cruzárselo por la calle para decirle lo que pensábamos. El stencil te da esa efectiva posibilidad de comunicación", señala Federico.
Cuando la city porteña detiene su ajetreo, y la noche muestra la cara más cruda de la ciudad, las latas están de parabienes. Con menos cautela que entusiasmo, a veces se dan una vuelta por el superlienzo de cemento que usan para sus ensayos (una nube de colores, en Rivadavia y Uruguay). Otras, van directamente al grano. Eso sí, respetan a rajatablas las señales del reloj. "Lo mejor es salir entre las tres y las cinco de la madrugada. Sólo hasta esa hora. Después los porteros empiezan a baldear y ellos son, además de los dueños de la vereda, los policías número uno."
Hazlo tú mismo
La vida puede ser un bricolage
1.- Para hacer un stencil necesitás una placa radiográfica, acetato o plancha de fotocromo; un cuter, una compu con Photoshop (no es indispensable), cinta adhesiva de papel, aerosol.
2.- Pensá, elegí o creá el diseño que quieras grabar y dibujalo (vale calcar) en la plantilla. Calá la imagen con el cuter siguiendo (si es prolijo, mejor) las líneas que trazaste.
3.-Guardá tu molde, la cinta y la lata de pintura en un bolso y salí a buscar la pared que más te guste -cuanto más transitada sea, más efectivo será tu mensaje-.
4.- Ya en el lugar elegido, corroborá que nadie te mire dos veces. Pegá el molde de los extremos, rociá la placa con el aerosol (se recomienda mantener el pico a 8 centímetros de la pared) y luego retirala con cuidado.
5.- ¡Tu stencil está listo! Repetilo, modificalo, probá con otro o da por terminada la misión.
Los benjamines de la tribu, del Sur a Capital
- Respondieron un aviso del diario. Y quedaron. Los Die Toten Hosen reclutaban fans argentinos. En comparación con otros seguidores de los alemanes punk rock, ellos aportaban un valor agregado a la solicitud: "Además hacemos stencil y tenemos uno de la banda. Pueden chequearlo en www.burzacostencil.tk ", sugirieron en el particular casting.
Así, Valentina y Federico (19 y 20 años) pasaron un par de días de la semana pasada protagonizando el documental que los Hosen grabaron en las calles de Buenos Aires, en los shows que presentaron aquí y en la fiesta casera donde tocaron. Ellos enpersona y su grabado con el logo de la banda -el mapa óseo de un águila-, que dejaron impreso en la esquina de Leandro N. Alem y Sarmiento.
La parejita es el ciento por ciento de Burzaco Stencil, los únicos -por ahora- que redefinen el paisaje urbano de su barrio en el sur bonaerense a fuerza de plantillas y aerosol. "Empezamos en abril. Nos sentamos a escribir ideas en una hoja y por un lado nos quedó una sección vintage, con evocaciones de la infancia (Meteoro, Mr. Spok, una familia de Playmovil). Después llegaron las películas, las representaciones de nuestros gustos musicales (tienen un motivo de Massacre sin estrenar e hicieron uno por encargo a Los Peyotes), y otros más humorísticos, como el de Mirtha Legrand (con la leyenda que la hizo famosa por millonésima vez: «¡Carajo, Mierda!»)", detallan su catálogo de 40 stenciles.
Con la complicidad de los padres de Fede -mamá compra los aerosoles y papá, médico, aporta las radiografías-, Burzaco Stencil planea ahora ampliar su galería de diseños y trasladarse a Capital, para integrarse a la tribu anónima. "En el barrio nos joden porque somos los únicos. Igual tratamos de no bardear mucho, no vamos a bombardear la pared de una casa recién pintada", aclaran. Atacar, bombardear... también los benjamines hablan en la jerga adoptada del hip hop-graffiti. "Nosotros lo hacemos para compartir nuestro arte con los demás, pero en el fondo sentimos que estamos atacando algo -admite Valentina-. Sólo el hecho de salir con las latas es como decir «voy a hacer mierda algo», por más que vayas a escribir Boca capo."






