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Makino Kinzo, el primer inmigrante japonés en la Argentina

Miguel King, el primer inmigrante japonés en la Argentina, un maquinista del ferrocarril que amaba el mate

Dejó Japón y se embarcó en una aventura que lo llevaría a asentarse en las sierras de Córdoba a finales del siglo XIX; a 140 años de la inmigración japonesa en la Argentina, así fue la vida de un tal Miguel King

Dejó Japón y se embarcó en una aventura que lo llevaría a asentarse en las sierras de Córdoba a finales del siglo XIX; a 140 años de la inmigración japonesa en la Argentina, así fue la vida de un tal Miguel King

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En Córdoba lo confundieron con un coya. Y, en un principio, lo llamaron “el coya”. Nunca antes habían visto a un japonés. A la gran mayoría de sus vecinos les hubiese resultado imposible ubicar al Imperio del Sol Naciente en el mapa. Además, para agregarle mayor complejidad al asunto, el muchacho de rasgos orientales tenía nombre argentino y apellido británico: Miguel King. Y solo hablaba en inglés...

La filiación de Makino Kinzo, como "Miguel King" al ferrocarril
La filiación de Makino Kinzo, como "Miguel King" al ferrocarrilAsociación Japonesa en la Argentina
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Makino Kinzo -tal era su nombre real- nació el 28 de diciembre de 1859 en el distrito costero de Misaki, en Miura, prefectura de Kanagawa, a 65 kilómetros de Tokio. Creció en un Japón que dejaba atrás la estructura feudal de los samurái para abrazar la modernización de la era Meiji. Fue el salto definitivo que transformó al país en una potencia industrial, con una nueva burocracia, comercios y tecnología. El desarrollo incluía también la construcción de una red ferroviaria. Eran tiempos de cambios, en los que muchos jóvenes fueron atravesados por la curiosidad de conocer otras latitudes. Con tan solo 18 años, el joven Kinzo sintió la necesidad de explorar el mundo. Pero tuvo que esperar un poco más antes de hacer la valija...

Por su conocimiento en mecánica y su actitud, el conductor japonés (der.) se volvió imprescindible para el funcionamiento del ferrocarril
Por su conocimiento en mecánica y su actitud, el conductor japonés (der.) se volvió imprescindible para el funcionamiento del ferrocarrilAsociación Japonesa en la Argentina

El artículo “Los Pioneros”, de Aruzenchin Jiho, el histórico periódico de la comunidad japonesa en la Argentina, detalla: “Al no obtener el permiso de sus padres, a los 22 años decidió hacerse a la mar alistándose como tripulante de un barco inglés”.

Kinzo viajó hasta el puerto de Yokohama y se embarcó como camarero en un navío británico. Luego se incorporó a la tripulación, con quienes viajó durante casi una década alrededor del mundo. A bordo, logró dominar el idioma inglés y adquirió conocimientos en mecánica naval. A Makino Kinzo sus compañeros lo bautizaron con un nombre británico: Michael King fonéticamente similar.

“Sin embargo, no era su anhelo la vida de marino. Quería trabajar lejos, en el extranjero, y llevar una vida estable”, destaca el periódico editado en Buenos Aires.

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La hoja de trabajo de "Miguel King", el primer inmigrante japonés en la Argentina. Desde sus inicios hasta que "dejó el puesto para jubilarse"
La hoja de trabajo de "Miguel King", el primer inmigrante japonés en la Argentina. Desde sus inicios hasta que "dejó el puesto para jubilarse"Gentileza Ricardo Muñoz

El primer inmigrante

En 1886, finalmente, con 27 años, Makino Kinzo se decidió por una vida en tierra firme. Y no pudo elegir un destino más alejado de su patria: desembarcó del otro lado del mundo, en las costas argentinas.

Al no poseer pasaporte en regla y por temor a ser descubierto por las autoridades migratorias, abandonó clandestinamente el barco apenas amarró en Buenos Aires.

De inmediato, el intrépido japonés emprendió una hazaña colosal: recorrió a pie los 700 kilómetros que lo separaban desde el puerto de Buenos Aires hasta la provincia de Córdoba.

Allá, luego de un breve trámite, recibió su documentación argentina. Aprovechando su pronunciación fluida del inglés y la similitud fonética con su nombre, Makino Kinzo o Michael King se registró formalmente con el castellanizado “Miguel King”. Con ese apellido bautizó a su descendencia argentina, y llegó hasta sus nietos y bisnietos.

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El japonés formó su familia en Córdoba
El japonés formó su familia en Córdoba

La disciplina

Durante sus primeros años en el país, Kinzo fue peón en una empresa que transportaba maderas y conductor de tranvía a caballo. Llevaba una vida modesta con una rutina disciplinada que resaltaba entre la de otros inmigrantes, trabajadores temporales de la zona.

Córdoba vivía por entonces una gran expansión agrícola que demandaba de manera urgente mano de obra calificada para el desarrollo del ferrocarril. Buscaban técnicos para el mantenimiento de ferrocarriles y obreros para la construcción del trazado.

Finalmente, el 1 de abril de 1889 ingresó a la compañía Ferrocarril Central Argentino, de capitales británicos. Empezó desde lo más bajo: trabajaba como peón, haciendo de todo un poco, y se encargaba de limpiar las máquinas.

Su amplio dominio del inglés y sus conocimientos técnicos lo ayudaron a abrirse camino. Pero los historiadores marcan que fue su carácter fuerte y disciplinado, además de su honradez, los que impulsaron un rápido ascenso: dejó su puesto en limpieza y se convirtió en “foguista”: el responsable de la caldera en las locomotoras a vapor. Poco después, inevitable, lo nombraron maquinista.

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Ese cambio de roles multiplicó por cinco su salario. Makino Kinzo se convirtió en una figura fundamental dentro de la empresa ferroviaria, en la que prestó servicio durante 34 años ininterrumpidos. Era tanta la confianza que los directivos tenían en él que, durante más de una década, le encargaron la tarea de probar las locomotoras.

La familia de Makino Kinzo junto a su paisano Ono Yosamatsu en Córdoba, en 1908. De der. a izq. Makino, su segundo hijo Roger, su esposa Amalia, Armando Valentín y un connacional de apellido Hori
La familia de Makino Kinzo junto a su paisano Ono Yosamatsu en Córdoba, en 1908. De der. a izq. Makino, su segundo hijo Roger, su esposa Amalia, Armando Valentín y un connacional de apellido HoriAsociación Japonesa en la Arge

La cara del Sol Naciente

En sus primeros tiempos, los vecinos del barrio y sus compañeros de trabajo solían llamarlo cariñosamente “el Coya”. Decían que tenía una gran similitud física con los habitantes originarios del noroeste argentino. Pero lo cierto es que en aquel entonces la mayoría de los cordobeses jamás habían visto a un ciudadano japonés. Sin embargo, la percepción cambió drásticamente hacia 1904, durante la guerra ruso-japonesa, cuando los diarios locales empezaron a relatar las victorias navales del Imperio del Sol Naciente, como la histórica caída de Port Arthur (conocida en japonés como “Ryojun”). De pronto, los compañeros de cuadrilla comenzaron a ver a este callado japonés con renovado respeto, empezaron a llamarlo por su nombre, e incluso festejaban junto a él cada triunfo bélico nipón aceptando su invitación de beber juntos hasta el amanecer.

A diferencia de otros inmigrantes posteriores que se volcaron al comercio, la floricultura o las tintorerías, Kinzo optó por una profunda integración criolla. Vestido con su uniforme verde, con las manos engrasadas y compartiendo mates sobre la locomotora con sus compañeros, se ganó el aprecio de toda la comunidad. Su actitud lo llevó a ser marcado por sus compatriotas como el “ejemplo perfecto de integración social para otros inmigrantes asiáticos en Sudamérica”. El gran desafío era no quedar encerrados en comunidad, como había sucedido con otros japoneses que habían fundado sus hogares en Estados Unidos o Canadá.

En el artículo se lee como la vida de Makino Kinzo estuvo marcada por su manera de comportarse: "sencillo y austero, su vida estuvo dedicada a su familia"
En el artículo se lee como la vida de Makino Kinzo estuvo marcada por su manera de comportarse: "sencillo y austero, su vida estuvo dedicada a su familia"Gentileza Ricardo Muñoz
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Un japonés llamado Miguel King

En 1892, Kinzo contrajo matrimonio con la criolla Amalia Rodríguez. “Contaba mi abuelo que en principio era difícil la comunicación entre ellos, pero que se hablaban en inglés”, relata Ricardo Muñoz, uno de los bisnietos de la pareja. Tuvieron cinco hijos, pero solo sobrevivieron tres varones: Armando Valentín, Roger y Pedro Pablo.

En 1901, con los ahorros de toda su vida, Miguel King compró una casa con jardín en la periferia de la ciudad de Córdoba que aún hoy es destacada como la primera propiedad inmueble comprada de forma permanente por un japonés en el país.

Fiel al espíritu solidario de su dueño, aquella casa sirvió como refugio temporario para otros paisanos a quienes Makino Kinzo ayudó a conseguir trabajo.

El especial que la televisión japonesa NHK grabó en la Argentina este año: "Global History / Makino Kinzo & Ferrocarril"
El especial que la televisión japonesa NHK grabó en la Argentina este año: "Global History / Makino Kinzo & Ferrocarril"

Kinzo se jubiló en 1927, tras el fallecimiento de su esposa. Tenía 67 años. El periódico Aruzenchin Jiho del 12 de marzo de aquel año recoge un comentario del entonces secretario consular que destaca que Makino Kinzo le expresó con lágrimas la nostalgia que sentía por su aldea natal de Miura. Recordó sus playas, los días en el mar, y le manifestó su deseo de volver a ver a su hermano mayor en Japón.

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El primer inmigrante japonés vivió 53 años en la Argentina. Nunca regresó a su patria natal. Falleció el 19 de agosto de 1929. Pocos años después, en una nota titulada “Imagen de un precursor olvidado”, el periódico A Koku Shinbun entrevistó a uno de sus compañeros de trabajo. “Maki - así lo llamó- no mantenía mucho contacto con la colectividad. Es probable que haya seguido sintiéndose japonés, pero parecía haber olvidado tanto el nihongo (japonés) como el inglés. El hecho de que a su funeral haya concurrido mucha gente no japonesa se debió a que sus familiares eran argentinos y él mismo había vivido la más pura vida criolla”.

Su legado continúa vivo hasta hoy. En la sede de la Asociación Japonesa de Córdoba hay un monumento en su honor. Uno de sus hijos, Armando Valentín King, fue un destacado radiestesista (también llamado rabdomante) que llegó a colaborar en la búsqueda del avión uruguayo que cayó en la cordillera de los Andes en 1972. Vivió hasta los 100 años. Y su nieto, el médico Rubén King Binelli, participó de un especial de la televisión japonesa NHK que este año viajó hasta Córdoba para reconstruir la vida de Kinzo.

El hijo mayor de Makino Kinzo, Armando Valentín King el radiestesista que se hizo conocido tras la Tragedia de los Andes
El hijo mayor de Makino Kinzo, Armando Valentín King el radiestesista que se hizo conocido tras la Tragedia de los Andes
El hijo médico de Armando (y nieto del primer inmigrante japonés), Rubén King Binelli de 91 años, fue parte del documental japonés que siguió los pasos de Makino Kinzo
El hijo médico de Armando (y nieto del primer inmigrante japonés), Rubén King Binelli de 91 años, fue parte del documental japonés que siguió los pasos de Makino KinzoNHK

Hoy, su bisnieto (nieto de Roger), Ricardo Muñoz, mantiene encendida la llama de la tradición familiar trabajando como maquinista en la red de subtes de Buenos Aires. “Desde chico para mis amigos del barrio fui ‘Japo’ de sobrenombre, incluso hoy con 60 años - cuenta Ricardo -. Tengo sangre japonesa por el lado de mamá, y aunque yo creo que algún rasgo japonés siempre tuve, cuando la gente se entera de Makino, siempre se sorprende. Mamé todo lo relacionado a mi descendencia desde la infancia porque era muy compinche de mi abuelo Roger, quien me vivía contando de sus padres. Lo que más le interesa saber a la gente es de los samurái, aun hoy me llenan de preguntas, ¡hasta en el trabajo! Para mi familia, y para mí en particular, es un orgullo enorme llevar en la sangre la cultura japonesa".

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La historiadora Cecilia Onaha junto a Ricardo Muñoz, bisnieto de Makino Kinzo, el primer inmigrante japonés en la Argentina
La historiadora Cecilia Onaha junto a Ricardo Muñoz, bisnieto de Makino Kinzo, el primer inmigrante japonés en la ArgentinaPaula Ikeda