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Héctor Ricardo García -segundo empezando de la derecha- fue el único periodista que cubrió en el terreno el Operativo Cóndor

Operativo Cóndor: el periodista que fue testigo del secuestro de un avión de línea para izar la bandera argentina en Malvinas

El 28 de septiembre de 1966, hace 60 años, un comando formado por jóvenes peronistas desviaba un avión de Aerolíneas Argentinas hacia Puerto Stanley; Héctor Ricardo García fue invitado a cubrir esta operación

El 28 de septiembre de 1966, hace 60 años, un comando formado por jóvenes peronistas desviaba un avión de Aerolíneas Argentinas hacia Puerto Stanley; Héctor Ricardo García fue invitado a cubrir esta operación

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En un café de Buenos Aires, a fines de septiembre de 1966, Héctor Ricardo García, periodista, director y dueño del diario Crónica y la revista Así, recibía una oferta curiosa: realizar una cobertura periodística “muy importante”, pero que todavía no podía ser revelada. Cuando el experimentado reportero quiso ofrecer para esa misión a otro colega, recibió una respuesta cortante: “Usted o nadie”.

Poco después de ese encuentro, en la madrugada del 28 de septiembre de 1966, el vuelo 648 de Aerolíneas Argentinas que iba de Buenos Aires a Río Gallegos y Ushuaia fue secuestrado -con todos sus pasajeros a bordo- por unos 18 militantes ligados al peronismo y desviado hacia las Malvinas. La nave, un Douglas DC-4, aterrizó en la capital de las islas esa misma mañana.

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Los organizadores de esta acción buscaban un golpe de efecto fuerte, político y simbólico, para llamar la atención internacional sobre los derechos soberanos de la Argentina en ese territorio del Atlántico Sur.

Esta maniobra, liderada por el joven metalúrgico Dardo Manuel Cabo, fue bautizada por los mismos ejecutores como “Operativo Cóndor”. Uno de sus primeros actos en las islas fue izar una bandera argentina. Entre los pasajeros del avión secuestrado se encontraba el propio Héctor Ricardo García, que se convirtió en testigo y cronista de todo lo que sucedió en esa travesía de la que en estos días se cumplen 60 años.

Un Douglas DC4 como este fue desviado de su vuelo original Buenos Aires - Ushuaia hacia las Islas Malvinas
Un Douglas DC4 como este fue desviado de su vuelo original Buenos Aires - Ushuaia hacia las Islas MalvinasWikicommons

“A las 12 de la noche en el Aeroparque”

Fue el propio Cabo el que se había reunido con García en la confitería El Ciervo en la tarde del 27 de septiembre. El joven, de 25 años, había elegido al dueño de Crónica para cubrir el operativo en el sur que realizaría junto a su pareja, María Cristina Verrier, de 27 años, y otros 16 jóvenes peronistas, que tenían entre 18 y 32 años, de un grupo autodenominado Movimiento de la Nueva Argentina.

García primero imaginó de qué podía tratarse la aventura periodística: el Che en la Argentina, el cadáver de Eva Perón, el retorno de Juan Domingo Perón... Luego, un poco ofuscado porque no le revelaban la naturaleza de la crónica, quiso negarse. Cabo no buscó convencerlo, pero le dejó un papel con un número telefónico y el germen de una curiosidad que no dejó de crecer en la mente del periodista.

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Alrededor de las nueve de la noche de ese mismo 27, el director de Crónica llamó al número que le habían dado y recibió una instrucción concreta de Cabo: “A las 12 de la noche en el Aeroparque, para un viaje de dos días al sur del país”.

15 de los 18 protagonistas del Operativo Cóndor junto a una de las banderas que colgaron en las Islas Malvinas
15 de los 18 protagonistas del Operativo Cóndor junto a una de las banderas que colgaron en las Islas MalvinasWikicommons

El periodista escribió los detalles de su aventura en el sur en su libro autobiográfico Cien veces me quisieron matar (Planeta), publicado en 1994. Allí cuenta que llegó poco antes de la medianoche a Aeroparque Metropolitano y que recibió el pasaje del vuelo 648 de Aerolíneas de manos de Cabo. Cuando el avión despegó, a las 00.31, él no tenía idea de lo que iba a pasar.

A las 6.08 de la mañana, cuando el DC4 estaba sobre San Julián, provincia de Santa Cruz, un par de los integrantes del operativo se dirigieron a la cabina del piloto de la nave, el comandante Fernández García, y lo conminaron a cambiar la ruta. Al principio, el hombre de Aerolíneas pensó que le hacían una broma, pero todo cambió cuando uno de los muchachos le mostró una de las tantas armas que llevaban consigo. Entonces, puso rumbo a las Islas Malvinas. El avión, que llevaba una tripulación de seis personas y un total de 42 pasajeros -incluyendo los 18 complotados-, estaba oficialmente secuestrado.

Los hombres del Operativo Cóndor fueron inmediatamente cercados en las Islas Malvinas por policías, infantes y civiles locales
Los hombres del Operativo Cóndor fueron inmediatamente cercados en las Islas Malvinas por policías, infantes y civiles localescrónica
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“El Operativo Cóndor pone sus pies en las Islas Malvinas”

A las 9.57 de la mañana de ese 28 de septiembre, la aeronave desviada tocaba tierra malvinense. En principio, los jóvenes del Operativo Cóndor querían aterrizar cerca de la casa del gobernador británico de las islas con la intención de tomarlo de rehén. Pero las condiciones climáticas los hicieron cambiar de planes. Con gran destreza, el piloto retenido aterrizó la nave en una pista de carreras cuadreras, en el centro de Puerto Stanley, capital de las islas.

El suelo de turba y barro del lugar no estaba preparado para recibir una nave de ese tamaño, por lo que una de las ruedas del Douglas DC4 quedó enterrada en la inesperada pista. En ese entonces, la ciudad contaba con unos 1057 pobladores que difícilmente pudieran entender lo que estaba pasando.

A esas horas de la mañana, un comunicado del Comando de Inteligencia del Operativo Cóndor ya circulaba por los medios nacionales. El mismo decía: “El Operativo Cóndor pone sus pies en las Islas Malvinas para plantar el pabellón nacional en territorio argentino, comprometiéndose a defender la enseña azul y blanca hasta sus últimas consecuencias en cumplimiento de la misión histórica de la Patria”.

Operativo Cóndor
Operativo Cóndorhttp://operativo1966.blogspot.com/

García explicaría más tarde que la travesía de Cabo y sus hombres estaba planeada para fines de octubre de ese mismo año. Pero la visita a la Argentina de Felipe de Edimburgo, marido de la reina de Inglaterra Isabel II, apuró las cosas. Sin embargo, la actividad del príncipe consorte en Buenos Aires, donde arribó 26 de septiembre, no había variado con lo que pasó en Malvinas. “Impertérrito, Felipe de Edimburgo seguía jugando al polo”, decía en ese momento la revista Primera Plana.

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El duque Felipe de Edimburgo, Horacio Antonio Heguy y Alberto Pedro Heguy en el Hurlingham Club
El duque Felipe de Edimburgo, Horacio Antonio Heguy y Alberto Pedro Heguy en el Hurlingham Club

Mientras tanto, en la isla, los hacedores del operativo habían bajado del DC4 para colgar siete banderas argentinas en las proximidades del aterrizaje. Cinco de ellas las ubicaron “junto al avión, tomadas de una alambrada y sobre varios vehículos que se habían acercado”, describe el periodista. Una sexta enseña fue colgada del avión y la séptima, y más importante, fue izada en un improvisado mástil, una barra de hierro que los jóvenes clavaron en la tierra. Allí el estandarte ondearía por unas 36 horas.

Los habitantes del lugar se acercaron a las inmediaciones de la pista de cuadreras llevados por el asombro y la curiosidad. En el primer contacto con los jóvenes argentinos, los isleños recibieron panfletos que explicaban, en inglés, los motivos del viaje. Siete de ellos, además, fueron tomados como rehenes. En otra de sus acciones, los miembros del operativo bautizaron a Puerto Stanley como Puerto Rivero, en homenaje a Antonio Rivero, el gaucho que en 1833 se reveló contra las autoridades británicas de las islas.

Dardo Cabo y María Cristina Verrier, en las Islas Malvinas
Dardo Cabo y María Cristina Verrier, en las Islas MalvinasFacebook Efemérides Políticas, Históricas, Sociales y Culturales
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La visita a la casa del gobernador

García presentó en sus notas lo hecho por el que él denominó “Comando nacionalista” con cierta objetividad. Pero la opinión pública, según Primera Plana, estaba “hechizada por la aventura” de Dardo Cabo y sus hombres. Es que el sentimiento por las Malvinas en aquel tiempo también era intenso y fueron varios los que manifestaron su apoyo al Operativo Cóndor. Entre otras entidades, lo hicieron las 62 Organizaciones, la CGT y otros sindicatos. En este sentido, el rumor de la época señalaba que el que pagó los pasajes de los jóvenes había sido Eustaquio Tolosa, del sindicato de Portuarios, un firme aliado de Augusto Vandor.

Sin embargo, también era cierto que todo comenzó con el secuestro de un avión, su tripulación y todo su pasaje. Por ello, el presidente de facto Juan Carlos Onganía calificó a los jóvenes de “facciosos” y anunció que, pese a la simpatía que despertaba la causa Malvinas, ellos serían “sometidos a la justicia para que proceda con todo el rigor de la ley”.

Mientras tanto, en las Malvinas, el avión secuestrado ya había sido rodeado por las fuerzas de los isleños. Bajo un frío intenso y una lluvia intermitente, unos 100 hombres armados, entre los que había infantes, policías y simples pobladores, observaban con gran atención y ayudados por fuertes reflectores lo que ocurría en el interior de la nave.

El Douglas DC-4 de Aerolíneas Argentinas, en el hipódromo de las islas; fue la nave del Operativo Cóndor
El Douglas DC-4 de Aerolíneas Argentinas, en el hipódromo de las islas; fue la nave del Operativo Cóndor

Pese a estar rodeados, Cabo y Verrier pudieron viajar, en un jeep manejado por un poblador de origen chileno, hasta la casa del gobernador de las islas, distante a unas diez cuadras de la pista de aterrizaje. El mandatario británico oficial de Malvinas, Cosme Asckard, se encontraba en Inglaterra en ese momento, de modo que la pareja del Movimiento de la Nueva Argentina fue atendida por el gobernador interino, Leslie Gleadel.

“Señor gobernador, como argentinos hemos venido a esta tierra para quedarnos, ya que la consideramos nuestra”, dijeron los recién llegados. La respuesta de la autoridad isleña fue una orden. “Fuera de aquí, ustedes no están en su casa”, les dijo el mandatario mientras les señalaba la puerta de su despacho.

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Un detalle curioso de la expedición del Operativo Cóndor -le pusieron ese nombre porque esa ave representa la soberanía argentina- tiene que ver con el hecho de que uno de los pasajeros del avión, quizás por casualidad, era el entonces gobernador de Tierra del Fuego, el almirante José María Guzmán. Pese a que simbólicamente esa autoridad también tiene jurisdicción sobre las Malvinas, García cuenta que “el almirante no mostró ninguna simpatía por la acción de los integrantes del comando, censurando su actitud”.

Algunos de los miembros del Movimiento de la Nueva Argentina, que encabezaba Dardo Cabo
Algunos de los miembros del Movimiento de la Nueva Argentina, que encabezaba Dardo CaboPrimera Plana

Se arrían las banderas

En la tarde de ese miércoles 28 de septiembre, los comandos nacionalistas entraron en diálogo con un sacerdote católico de Malvinas, Rodolfo Roel, que se convirtió en mediador entre los visitantes y los isleños. Lo primero que acordaron fue liberar a los pasajeros del avión, que fueron llevados en jeeps a distintas casas de los pobladores de la capital, donde recibieron una amable atención por parte de los isleños.

En el avión quedaban los 18 integrantes del Movimiento de la Nueva Argentina y siete rehenes, pero la situación era ya más que difícil. Los jóvenes se encontraban rodeados y prácticamente sin víveres para subsistir mucho tiempo más.

A las 4.30 de la madrugada del 29 de septiembre, el comisario de a bordo de la nave se acercó desde el centro de la ciudad al avión para llevar un mensaje del gobernador: “Están totalmente cercados. Si intentan salir del avión, los soldados y policías tienen orden de tirar. No respondemos por vuestras vidas. Es preferible que se rindan”.

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A las tres de la tarde de ese día jueves, el sacerdote Roel volvió a ingresar al avión y les pidió a los ocupantes que depusieran su actitud. Ellos le dijeron que lo harían, con la condición de que los hospedara el padre en la iglesia. Cuando el religioso aceptó, los hombres de Cabo entregaron sus armas.

Héctor Ricardo García lee un ejemplar de Crónica con su relato de su estadía en las Islas Malvinas
Héctor Ricardo García lee un ejemplar de Crónica con su relato de su estadía en las Islas MalvinasCrónica

A las cinco de la tarde, los comandos nacionalistas arriaron las banderas que habían colgado en distintos lugares. Luego de bajar la última, la que flameaba en un mástil improvisado, los 18 jóvenes entonaron el Himno Nacional Argentino ante la atónita mirada de los pueblerinos. Luego los jóvenes fueron trasladados a las dependencias de la Iglesia, donde estarían hasta el sábado por la tarde.

Mientras tanto, Héctor García sería protagonista de su propia aventura. Él contó que cuando estaba deambulando por Puerto Argentino y tomando fotografías fue interceptado por un policía y un soldado locales y llevado por ellos a la comisaría.

En las dependencias policiales el cronista fue agredido con una trompada por el jefe de Policía y luego de eso conminado a pasar la noche allí, donde solo le dieron como todo alimento un café con leche. Recién a las 8 de la mañana del sábado 1 de octubre el periodista fue liberado y dirigido a la iglesia junto a los integrantes del Operativo Cóndor.

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Ese mismo sábado por la tarde terminó la aventura para los jóvenes secuestradores, que emprendieron el regreso obligado al continente. En una lancha carbonera fueron trasladados hasta el ARA Bahía Buen Suceso, con el que serían trasladados hasta Ushuaia. Con ellos viajaban también los pasajeros del vuelo 648, pero no toda la tripulación: algunos se quedaron en las islas para recuperar la nave atascada en la pista.

Hubo un último conflicto entre las autoridades de la islas y el comando dirigido por Dardo Cabo. Se produjo cuando el gobernador interino les ordenó que, antes de embarcarse, dejasen sus banderas en Malvinas.

Finalmente, con la intervención del sacerdote Roel, los comandos aceptaron entregarle las banderas al almirante Guzmán. Cabo lo hizo de manera protocolar. “Señor Gobernador de nuestras islas Malvinas. Le entrego como máxima autoridad aquí de nuestra patria, estas siete banderas. Una de ellas flameó durante 36 horas en estas islas y bajo su amparo se cantó por primera vez el Himno Nacional”, dijo el complotado que recibió un “gracias” como seca respuesta del gobernador.

Integrantes del Operativo Cóndor fueron trasladados a Ushuaia en el ARA Bahia Buen Suceso, donde la tripulación civil los recibió como héroes
Integrantes del Operativo Cóndor fueron trasladados a Ushuaia en el ARA Bahia Buen Suceso, donde la tripulación civil los recibió como héroescrónica

El 3 de octubre, en la madrugada, los protagonistas del Operativo Cóndor llegaron a Ushuaia. Quedaron detenidos y a disposición de la justicia. García contó que cuando declararon ante el juez, los comandos repitieron la misma respuesta ante cada pregunta: “Yo fui a Malvinas a reafirmar nuestra soberanía”, dijeron.

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En noviembre de 1966, los integrantes del comando nacionalista fueron juzgados y condenados bajo los cargos de privación de la libertad cometida con violencia o amenazas y tenencia y empleo de armas de guerra. La mayoría de ellos -Pedro Tursi, Aldo Ramírez, Edgardo Salcedo, Ramón Sánchez, María Cristina Verrier, Edelmiro Navarro, Andrés Castillo, Juan Carlos Bovo, Víctor Chazarreta, Pedro Bernardini, Fernando Aguirre, Fernando Lisardo, Luis Caprara, Ricardo Ahe, Norberto Karasiewicz- fueron liberados tras nueve meses desde el inicio del proceso, pero Dardo Cabo, Alejandro Giovenco y Juan Carlos Rodríguez pasaron tres años en prisión por contar con antecedentes.

García, por su parte, también fue interrogado por el mismo juez federal que había inquirido a los comandos nacionalistas en su desembarco en Tierra del Fuego, Miguel Angel Lima. El periodista declaró que estuvo allí tan solo para cubrir las circunstancias del operativo y que su único objetivo era realizar una nota sobre las andanzas del grupo.

El dueño de Crónica recuperó su libertad, mientras los hombres del Operativo Cóndor quedaban alojados en los calabozos de la Jefatura de Policía de Ushuaia. Su aventura en las Islas Malvinas había concluido.