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Paula Wolff falleció el 1 de junio de 1960, a los 64 años, en la ciudad de Hamburgo

Paula Wolff, la hermana desconocida de Adolf Hitler y el diario íntimo que reveló su romance con uno de los peores criminales de Austria

Cambió su apellido por orden de su hermano; en interrogatorios de aliados contó sobre su infancia y aseguró que no tuvo ninguna relación con el Nacionalsocialismo, pero el hallazgo de su diario íntimo puso en duda su versión

Cambió su apellido por orden de su hermano; en interrogatorios de aliados contó sobre su infancia y aseguró que no tuvo ninguna relación con el Nacionalsocialismo, pero el hallazgo de su diario íntimo puso en duda su versión

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“Su rápido ascenso en el mundo me preocupaba. Honestamente, debo confesar que hubiera preferido que siguiera su ambición original y se convirtiera en arquitecto. Le habría evitado muchas preocupaciones al mundo”, se lee en el informe que revisó y firmó, en julio de 1945, el agente especial del Cuerpo de Contraespionaje del Ejército de los Estados Unidos, Francis E. Martini.

Se trata de un interrogatorio en donde la entrevistada era, para muchos, una mujer desconocida, intrigante. En él habló sobre su infancia, sobre su vida y anonimato durante el régimen nazi y, sobre todo, sobre la relación que mantuvo con su hermano, Adolf Hitler. Ella era, en ese entonces, Paula Wolff, como se hizo llamar por varios años para ocultar su verdadera identidad.

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En 1945 los Aliados interrogaron a Paula Hitler, que entonces se hacía llamar Wolff, para que no se supiera quién era su hermano
En 1945 los Aliados interrogaron a Paula Hitler, que entonces se hacía llamar Wolff, para que no se supiera quién era su hermanowww.bridgemanimages.com

Un vínculo estrecho

Paula repasó, en entrevistas con los Aliados, una dinámica familiar disfuncional que, más tarde, varios historiadores interpretaron como clave en el desarrollo de su personalidad y la de su hermano: el vacío afectivo y la sombra de Alois Hitler, el padre.

Alois nació bajo el apellido Schicklgruber. Cuando tenía 39 años quiso adoptar el apellido de su padrastro, Johann Georg Hiedler, pero el funcionario de la oficina del gobierno en Mistelbach lo inscribió como “Hitler”.

Tuvo tres matrimonios y ocho hijos. Con su primera esposa, Anna Glassl, no tuvo descendencia. De su segundo matrimonio, con Franziska Matzelberger, nacieron Alois Hitler Jr. (1882–1955) y Angela Hitler (1883–1949). En su tercer matrimonio, con Klara Pölzl, su prima segunda, nacieron Gustav Hitler (1884–1887), Ida Hitler (1886–1888), Otto Hitler (1887, falleció a los pocos días de nacer), Adolf Hitler (1889–1945), Edmund Hitler (1894–1900) y Paula Hitler (1896–1960).

Paula fue la única hermana de sangre de Adolf Hitler que sobrevivió hasta la edad adulta.

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Alois Hitler, el padre de Paula y Adolf (Foto: Getty Images)
Alois Hitler, el padre de Paula y Adolf (Foto: Getty Images)

Cuando Adolf nació, el 20 de abril de 1889, “Alois era un hombre bastante acomodado”, cuenta el historiador británico Ian Kershaw en el libro Hitler: la biografía definitiva. Y continúa: “No obstante, la vida familiar no era tan armoniosa y feliz. [...] Tenía mal genio y podía estallar de forma bastante imprevisible. En su hogar, Alois era un esposo autoritario, despótico y dominante, y un padre severo, distante, tiránico y a menudo irascible”.

Por su parte, Klara era una madre afectuosa. Su médico de cabecera, el judío Edward Bloch, la describió como una mujer “alta, con el cabello castaño cuidadosamente trenzado, el rostro ovalado y los ojos grises azulados con una hermosa expresividad”. Ella sufrió sobremanera la muerte temprana de sus tres primeros hijos con Alois. Quizás por eso sentía una “devoción y un amor asfixiantes y protectores por los dos hijos que sobrevivieron, Adolf y Paula”.

Ella, la más pequeña de la familia, contó en el interrogatorio: “Nací en la finca de mi padre en Hartberg, Austria, en 1896. Mi padre tenía 60 años en el momento de mi nacimiento. Murió cuando yo tenía seis. No sé nada sobre su familia. Mi hermano y yo pasábamos poco tiempo juntos: él era siete años mayor. Asistió a la Realschule en Estiria [la escuela secundaria] y solo pasaba sus vacaciones en casa. La muerte de mi madre dejó una profunda impresión en Adolf y en mí. Ambos estábamos muy apegados a ella. Nuestra madre murió en 1907 y Adolf nunca volvió a casa después de eso”.

Retrato de Klara Pölzl, la madre de Paula y Adolf (Foto: Getty Images)
Retrato de Klara Pölzl, la madre de Paula y Adolf (Foto: Getty Images)
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Más tarde Bloch agregó al respecto: “Aparentemente, el amor que sentía [Adolf] por su madre era su rasgo más llamativo. Aunque no era un ‘niño de mamá’ en el sentido que se suele dar a esta expresión, nunca he visto un vínculo más estrecho”. En su libro Mi lucha, él mismo destacó: “Había honrado a mi padre, pero amado a mi madre”.

Paula explicó después de la guerra que su madre era “una persona muy dulce y tierna, el elemento compensatorio entre un padre casi demasiado duro y unos hijos muy vivaces que quizás fueran algo difíciles de educar”. Además, Kershaw la cita diciendo: “Si alguna vez había peleas o diferencias de opinión entre mis padres, siempre se debía a los hijos. Era sobre todo mi hermano Adolf quien desafiaba a mi padre hasta forzarlo a ser extremadamente severo y quien recibía cada día una buena paliza”.

Alois Hitler era un hombre tosco que, usualmente, golpeaba a Adolf Hitler, según contaron historiadores y su propia hermana, Paula
Alois Hitler era un hombre tosco que, usualmente, golpeaba a Adolf Hitler, según contaron historiadores y su propia hermana, Paula

Paula y Adolf no tenían una relación estrecha, todo lo contrario. Siete años de diferencia era bastante: no eran compañeros de juego, no compartían casi nada. Él era particular: entre 1905 y 1907 llevó una vida “de parasitaria ociosidad”, dice Kershaw.

Es decir, aunque debía terminar la escuela, la abandonó y volvió a vivir con su familia. Su papá había muerto en 1902, y su mamá lo mantenía. La tía Johanna y la pequeña Paula “estaban ahí para atender todas sus necesidades, para lavar la ropa, limpiar y cocinar para él”.

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“Durante el día pasaba el tiempo dibujando, pintando, leyendo o escribiendo ‘poesía’ y reservaba las noches para ir al teatro o a la ópera; y soñaba y fantaseaba a todas horas sobre el futuro que le esperaba como un gran artista. Se quedaba despierto hasta altas horas de la madrugada y se levantaba muy tarde por las mañanas. No tenía ningún objetivo concreto en perspectiva”, repasa el historiador.

Una de las pinturas de Hitler de 1914: él soñaba con convertirse en un famoso artista (Foto: Wikiart)
Una de las pinturas de Hitler de 1914: él soñaba con convertirse en un famoso artista (Foto: Wikiart)

En 1907 a Klara le detectaron cáncer de mama. Paula tenía apenas 11 años, y Adolf, 18. “Después de que mi hermano terminó la escuela, se fue a Viena. Quería asistir a la Academia y convertirse en pintor, pero no funcionó. Mi madre estaba muy enferma en ese momento. Estaba muy apegada a Adolf y quería que se quedara en casa. Por eso se quedó. [Él] Dejó la casa después de su muerte en 1907. Nunca lo volví a ver desde 1908 hasta 1921. No tengo idea de qué hizo durante ese tiempo. Ni siquiera sabía si seguía vivo”, continuó contando.

En Viena él rindió dos veces el examen para entrar a la Academia de Bellas Artes, pero en ambas ocasiones lo rechazaron. Mientras tanto, ella intentaba contactarlo, aunque no insistentemente: le escribió una carta en 1910 o 1911, no recordaba con exactitud cuándo, pero sí que él nunca le respondió. El joven Führer se distanciaba cada vez más de la familia y de sus sueños. Para Paula se convirtió, prácticamente, en un desconocido.

Solo se vincularon por la herencia: tras la muerte de su madre, los dos quedaron bajo la tutela de una hermanastra, Angela, y su esposo. Se repartieron 2000 coronas que les había dejado Klara y recibieron una pensión por orfandad, que representaba cerca de 25 coronas mensuales cada uno. En 1911 Angela reclamó la totalidad de esa pensión para Paula, que vivía con ella, porque Adolf podía mantenerse solo vendiendo sus pinturas en Viena. Lo hizo: cedió lo que le correspondía en beneficio de su hermana menor. Pero no se veían nunca, no tenían trato.

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Cuando la mamá de los Hitler murió, Adolf se mudó a Viena y Paula quedó al cuidado de una tía (Foto: Getty Images)
Cuando la mamá de los Hitler murió, Adolf se mudó a Viena y Paula quedó al cuidado de una tía (Foto: Getty Images)

Se reencontraron brevemente después de muchos años. Era 1921, y al principio no lo reconoció. Pero la sorprendió: era “como si un hermano hubiera caído del cielo”, remarcó. Se había acostumbrado a estar sola, aseguró, pero le encantó ese breve tiempo al lado de Adolf, salir de compras con él. Igual, le recriminó: “Le dije que habría sido mucho más fácil para mí si hubiera tenido un hermano. Él dijo: ‘Yo no tenía nada para mí mismo. ¿Cómo podría haberte ayudado?’”.

Después, no volvieron a verse con frecuencia. Una vez al año, no más. Él volvió a visitarla en 1922, y fueron juntos al cementerio, a las tumbas de sus padres. Más tarde, en 1923, fue ella quien viajó hasta Múnich. Entonces se gestaba el dictador: el 9 de noviembre de ese año, poco después del encuentro de los hermanos, Hitler irrumpió en un mitin político que se celebraba en la cervecería Bürgerbräukeller y empezó a vociferar sobre la “revolución social”. Era el líder del partido Nacionalsocialista, e intentaba encabezar el golpe de Estado conocido como “Putsch de Múnich”.

Tumba de Klara y Alois Hitler
Tumba de Klara y Alois Hitler

El más estricto anonimato

Paula siempre sostuvo que le hubiera gustado tener una buena relación con el hermano, pero en aquella época parecía imposible. De hecho, el interrogador le hizo una observación: habían encontrado algunas cartas de Adolf dirigidas a ella, pero sumamente breves. Además, una exempleada del líder les había hablado de su falta absoluta del “sentido de la familia”.

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Paula reflexionó: “Hay algo en eso. Creo que lo heredó de nuestro padre, a quien tampoco le importaban nuestros parientes. [...] Yo sí tengo sentido de la familia. [...] Normalmente le escribía a mi hermano una carta de cumpleaños y luego él escribía una nota corta, y enviaba un paquete con jamón español, harina, azúcar o cosas así que le habían dado por su cumpleaños”.

Eventualmente, Paula se mudó a Viena. Ella se ganaba la vida como secretaria en una compañía de seguros, mientras él escalaba en el partido y en el país. Pero en 1930, en su trabajo se enteraron de que era pariente de quien encabezaba el socialnacionalismo, y la echaron, aunque no estaba afiliada al NSDAP. Así que recurrió a su hermano, que le mandó plata mensualmente: 250 chelines (equivalentes a 67 dólares de esa época) antes de la anexión de Austria, y 500 marcos (201 dólares entonces) después. Un vínculo sobre todo de sustento.

Paula en un evento navideño de 1938 (Foto: Getty Images)
Paula en un evento navideño de 1938 (Foto: Getty Images)

Hasta que un día de 1936, cuando ya era innegable ese ascenso que a Paula le preocupaba, según dijo después, él le sugirió (o le ordenó) que se cambiara el apellido: “Quería que viviera bajo el nombre de ‘Wolff’, y que mantuviera el más estricto anonimato. Desde entonces mantuve este nombre. Agregué el ‘sra.’ (frau) porque lo consideraba menos llamativo. También me ordenaron que mantuviera el anonimato cuando me mudaron de mi casa en Austria al Berchtesgadener Hof [un hotel que había sido popular entre la realeza y que los nazis compraron ese año y usaron para alojar a dignatarios que visitaban a Hitler]”.

Parecía funcionar: “En 1940 fui a Berlín a ver a mi hermano. Nunca estuve bajo vigilancia del Sicherheitsdienst [la agencia de inteligencia y seguridad del Partido Nazi y de las SS], siempre podía moverme con libertad. La policía una vez fue a chequear a los huéspedes de hoteles cuando vivía en el hotel en Múnich durante la visita de Mussolini. Ni siquiera ellos sabían quién era ‘frau Wolff’”.

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“Hasta ese momento tenía un expediente limpio”

Con los años se teorizó mucho sobre cuánto sabía ella sobre el régimen nazista, cuánto apoyaba a su hermano. Siempre aseguró que nunca tuvo postura ni relación política, pero en 2005 un hallazgo revelador daría un vuelco sobre su figura: los historiadores Timothy Ryback y Florian Beierl encontraron el diario íntimo de Paula Hitler. Allí, entre recuerdos de su niñez, se descubrió que había mantenido un romance con el médico Erwin Jekelius, miembro de la Sociedad de Viena para la Higiene Racial, una organización que funcionaba como fachada del nacionalsocialismo y que en realidad difundía las ideas eugenésicas en el ámbito académico.

Paula siempre aseguró no tener vínculos con el nazismo (Foto: Getty Images)
Paula siempre aseguró no tener vínculos con el nazismo (Foto: Getty Images)

Cuando se anexó Austria, en 1938, el médico se unió oficialmente al NSDAP y a las SA, y en 1940 fue nombrado, entre otros puestos, como director de la Institución Municipal de Bienestar Juvenil Am Spiegelgrund. Ahí transformó la sala de niños en un centro de eutanasia infantil nazi: 789 chicos fueron asesinados mediante sobredosis de somníferos, desnutrición, negligencia o hipotermia.

“Hasta ese momento, Paula Hitler tenía un expediente limpio. Pero la imagen de ella como una pobre criatura cambió de golpe. En mi opinión, el hecho de que estuviera a punto de casarse con uno de los peores criminales de Austria significa que también estuvo vinculada a la muerte, el horror y las cámaras de gas”, sentenció uno de los descubridores del diario, el historiador Florian Beierl, en diálogo con The Guardian.

Paula estuvo comprometida con el doctor Jekelius que fue uno de los mayores colaboradores nazis en los experimentos y asesinatos eugenésicos
Paula estuvo comprometida con el doctor Jekelius que fue uno de los mayores colaboradores nazis en los experimentos y asesinatos eugenésicos
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Jekelius y Paula se conocieron en 1940 cuando él trabajaba en el hospital psiquiátrico Steinhof, de donde deportaban a miles de pacientes como parte de la campaña de exterminio de la etapa conocida como T4. Frau Wolff, como se hacía llamar, se reunió con él para pedirle que protegiera a una prima suya que era paciente del establecimiento.

Pero fracasó, ya que la enviaron a la cámara de gas del centro de exterminio de Hartheim en diciembre de 1940, pero, en cambio, floreció el amor entre el doctor y Paula. Pronto se comprometieron, o por lo menos él quería casarse, como se lee en una nota del diario austríaco Neues Österreich: “[Jekelius] tenía la loable intención de, después de la victoria final que esperaba, casarse con Paula Hitler, la hermana y ama de llaves del ‘Führer’”.

Pero Hitler lo impidió y la obligó a terminar la relación. Para asegurarse de una separación definitiva, además, el Führer envió a Jekelius al Frente Oriental, donde, según se informa, fue desplegado como médico en varios hospitales militares. Otro especialista que participó del descubrimiento del diario, Timothy Ryback, dijo: “Fue como una escena de Monty Python. Jekelius va a Berlín a pedir la mano de la hermana de Hitler; se encuentra con la Gestapo, lo envían al frente oriental y se lo llevan los rusos”.

Periódico donde hablaron brevemente del romance entre Jekelius y Paula
Periódico donde hablaron brevemente del romance entre Jekelius y Paula

“Seguía siendo mi hermano”

Poco antes de que llegaran los Aliados, a Paula la buscaron en su casa para llevarla a Obersalzberg, la zona montañosa de Baviera en donde Adolf había establecido su residencia, el Berghof: “Quería quedarme en casa. Es importante que alguien mantenga la huerta. Una mañana de abril de este año [1945] un auto frenó frente a la puerta. El conductor entró y me dijo que debía llevarme. Se suponía que partiéramos en dos horas, pero respondí que era imposible. Después acordamos salir a la mañana siguiente”.

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Más adelante aclara que eran dos hombres: el conductor y el acompañante. El interrogador dejó asentado que creía que el viaje lo había arreglado Martin Bormann, mano derecha del Führer, para asesinar a la “señorita Hitler”. Pero en un interrogatorio posterior, el 5 de junio de 1946, ella misma contó que los dos eran miembros de las SS y que la llevaron al Berchtesgadener (el hotel) y más tarde, cuando entraron los estadounidenses, a una cabaña en Obersalzberg.

Los Aliados creyeron que Martin Bormann, mano derecha de Hitler, había mandado a buscar a Paula para matarla (Foto: Wikipedia)
Los Aliados creyeron que Martin Bormann, mano derecha de Hitler, había mandado a buscar a Paula para matarla (Foto: Wikipedia)

En esa entrevista expresó la convicción, o quizás la esperanza, de que su hermano no era esa persona monstruosa que todos mostraban. Dijo: “No creo que mi hermano ordenara los crímenes cometidos contra innumerables seres humanos en los campos de concentración, ni que supiera de ellos. Sin embargo, es posible que los duros años de su juventud en Viena hayan influido en su actitud antisemita. Padecía hambre severa en Viena y creía que su fracaso como pintor se debía únicamente a que el comercio de obras de arte estaba en manos judías”.

Su hermano creó la más brutal maquinaria asesina. Bajo la persecución del régimen nazi murieron aproximadamente 11 millones de personas en total. De ellas, 6 millones eran judíos.

Paula Wolff concluyó el primer interrogatorio: “Su destino me afectó mucho. Seguía siendo mi hermano, no importaba lo que sucediera. Su final me produjo una tristeza indescriptible (en este punto la señorita Hitler rompió a llorar y el interrogatorio terminó)”.

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Paula fue liberada. Vivió de la caridad de amigos y del trabajo en una tienda de artesanías, ya que sus cuentas bancarias fueron expropiadas al final de la guerra. Murió el 1° de junio de 1960.