Plantar árboles. Un acto altruista y revolucionario

Fuente: LA NACION - Crédito: Shutterstock
Manuel Torino
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8 de febrero de 2020  

Los árboles son las columnas del mundo; cuando se hayan cortado los últimos, el cielo caerá sobre nuestras cabezas. Así de claro -y de apocalíptico- reza el proverbio que los pueblos originarios americanos repetían ante los oídos sordos de sus colonizadores. Unos quinientos años más tarde, la predicción podría volverse realidad.

Por el momento, los bosques siguen cubriendo un tercio de la superficie terrestre, pero no por mucho tiempo: la deforestación avanza sin freno aparente. Sobre la base de imágenes satelitales, los científicos calcularon que en los últimos 25 años hemos talado una superficie boscosa equivalente al territorio de Perú, es decir, unos 1,3 millones de km2.

Según datos del Banco Mundial, solo en América Latina, en ese lapso nos consumimos el 10% de nuestros árboles. El ritmo es alarmante: en menos de lo que se tarda en leer esta columna, habremos perdido bosques del tamaño de 30 canchas de fútbol.

A la hora de buscar culpables, muchos apuntan a los incendios -hoy Australia, antes la Amazonia- mientras que otros señalan causas no menos voraces como el boom agropecuario o el desarrollo inmobiliario; lo cierto es que, de seguir así, no quedará árbol en pie.

¿Por qué importan los bosques? Se podría decir que albergan a más del 80% de todas las especies terrestres de animales, plantas e insectos. Y esa debería ser razón suficiente para protegerlos. Pero a quienes el bienestar de un koala -o la extinción del yaguareté- les resulte lejano, quizás les llame la atención que estos ecosistemas también son cruciales para nuestra propia supervivencia como especie: los árboles absorben gases de efecto invernadero y almacenan carbono, lo que ayuda a mitigar el impacto del cambio climático. De hecho, los expertos de la FAO aseguran que la deforestación es la segunda causante de la crisis climática global, solo detrás de la quema de combustibles fósiles.

En tanto, en Argentina, según el último informe de Greenpeace, desde la sanción de la llamada Ley de Bosques en 2007, se desmontaron 959.769 hectáreas de bosques protegidos. Unas 50 veces la Capital Federal. "Como de costumbre, la ley está, pero no se cumple", dicen desde la ONG ambientalista, mientras que señalan que Santiago del Estero, Chaco y Formosa fueron las provincias que más deforestaron.

Sin embargo, no todo es tierra arrasada cuando hablamos de bosques. En silencio, conscientes de que siempre hace más ruido el árbol que se cae que el bosque que crece, cada vez más personas dedican su tiempo y esfuerzo a regenerar estos ecosistemas vitales.

"En un mundo acostumbrado a sacar recursos de la naturaleza y no a devolverlos, plantar un árbol es acto revolucionario", dice en diálogo con La Nacion Tobías Merlo, director de Reforestarg, una plataforma que moviliza a cientos de personas a restaurar los bosques nativos afectados por el fuego en la Patagonia. Ya llevan más de 16.000 árboles plantados.

"Vos nunca vas a disfrutar de ese árbol ni de su sombra, es un beneficio que le queda a otra generación. Al plantar no esperás nada a cambio y eso lo hace realmente trascendente", explica el joven licenciado ambiental sobre una de las tres cosas que, junto a tener un hijo y escribir un libro, dicen que hay que hacer en la vida.

Otra forma de combatir la deforestación es compensando nuestra propia huella de carbono, una práctica muy extendida en los países desarrollados y que empieza a ganar terreno en el la Argentina. Existen organizaciones muy profesionales que calculan el impacto ambiental de una persona -o de una empresa- en un determinado período y, donación mediante, restauran bosques para mitigar la contaminación. "En Argentina se emiten en promedio 4,8 toneladas de CO2 por persona por año. Para compensar estas emisiones y ser carbono neutrales, cada uno debería plantar dos árboles cada año", ilustran desde Seamos Bosques, una empresa ambiental que restaura bosque nativo en las yungas de Tucumán.

Para los citadinos, no hay que dejar la jungla de cemento para plantar un árbol. Este verano, el gobierno porteño lanzó el programa Bienvenidos, que propone ante cada nacimiento que los padres apadrinen un árbol colocándole una placa con el nombre del bebé. "Ya hay colocadas 369 placas con los nombres de los recién nacidos y más de 300 familias están tramitando la suya", cuentan desde el área de Atención Ciudadana y Gestión Comunal sobre esta novedosa forma de proteger a algunos de los 431.326 árboles que hay en Buenos Aires, según el último censo de arbolado. Por cierto, una cifra que explica por qué los árboles son una de las cualidades que más elogian los visitantes que llegan a la ciudad.

Incluso, podemos cuidar los bosques mientras navegamos por Internet. Ecosia es un buscador como Google, pero con una gran diferencia: destina sus ganancias a plantar árboles. Su objetivo es llegar a los mil millones de árboles antes del 2025. Por ahora, sus usuarios ya plantamos 83 millones con nuestras búsquedas.

El autor es periodista especializado en sustentabilidad y fundador de Aconcagua.lat

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