Revolución fashion: las mujeres también usamos ropa de hombre

Bensimon, una de las marcas que invita a las mujeres a usar prendas de hombre en su campaña.
Bensimon, una de las marcas que invita a las mujeres a usar prendas de hombre en su campaña. Fuente: OHLALÁ!
Sofía Edelstein
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3 de diciembre de 2019  • 13:26

Levante la mano quién espera volver del trabajo para desabrocharse el corpiño, ponerse una remera grande y acurrucarse en el sillón a mirar Netflix. Que arroje la primera piedra quién no se arrepintió de ponerse el chupín de tiro alto después de comer un plato de pasta que te hincha la panza. O la que no sintió una enorme liberación con la aparición de los jeans boyfriend o los pantalones palazzo. Pareciera que el denominador común de estas situaciones es la necesidad de sentirnos cómodas y a gusto con nuestro cuerpo. Por esto vemos, contra los prejuicios de una sociedad afortunadamente más tolerante, cómo nos desviamos de nuestro sector en las tiendas y nos animamos a recorrer los percheros que hasta ahora pertenecían a los hombres.

Qué tiene de genial la ropa de hombres

Quizá sea que la ropa para ellos es más holgada, que los cortes no acentúan partes del cuerpo que nos incomodan, que encontramos talles que nos quedan, que las estampas son más interesantes o que todas las respuestas anteriores son correctas. Lo cierto es que ya no es raro vernos hurgar en el otro lado de la tienda con la esperanza de hallar lo que no existe en nuestra sección.

La experiencia propia y ajena parece indicar que la indumentaria femenina ha respondido históricamente a la idea de que "la moda incomoda", es decir, que la prenda es estética o cómoda, pero no ambas a la vez. Para unir estos atributos, muchas veces excluyentes, tendríamos que recurrir a accesorios: pensemos en las curitas para los pies cuando usamos tacos, siliconas que tapan los pezones abajo de ese vestido que no perdona corpiño, cintas adhesivas que mantienen el escote en su lugar, alfileres de gancho para el tajo demasiado alto en la pierna. Por supuesto que existe ropa menos complicada, pero las opciones para nosotras son más acotadas y esto conduce a que la búsqueda de la prenda ideal lleve más tiempo e incluso una dosis de frustración.

¿Una nueva tendencia?

La vuelta a la moda de los 90 también puede haber facilitado la adopción de prendas masculinas. Los pantalones anchos, los abrigos grandes, las camperas bomber, las remeras largas y anudadas, y las zapatillas deportivas son figurita repetida en el streetwear y en las tiendas. Esto hace que la ropa para hombres tenga un atractivo especial ante las similitudes y sume opciones para nuestro vestuario.

Esta tendencia también está acompañada por el surgimiento a nivel global de marcas genderless y colecciones que buscan escaparle al tradicional rótulo binario. El término genderless describe a una prenda que carece de las cualidades asociadas típicamente a un género: es decir, no diferencia entre mujeres u hombres, sino que apunta a vestir a todo el espectro de identidades y expresiones.

Perramus ofrece las mismas prendas para mujer y varón, con pequeñas alteraciones.
Perramus ofrece las mismas prendas para mujer y varón, con pequeñas alteraciones. Fuente: OHLALÁ!

Distinto es el concepto de la prenda "unisex", que fue diseñada para vestir a hombres y mujeres por igual, contemplando sendas características. Marcas como H&M, Gucci, Nike, Dior, Galliano y, en nuestro país, Bensimon, se subieron al tren del genderless y todo indicaría que ya no hay vuelta atrás. Colecciones que incluyen pantalones anchos, buzos oversize, ropa deportiva, vestidos, transparencias, brillos, tacos y carteras se publicitan en la piel de modelos con cuerpos cada vez más diversos, logrando una mayor representación sociocultural.

Podríamos asociar esta revolución fashion con una mayor visibilidad y representación de las minorías LGBT+ en las noticias, los programas de televisión y las redes sociales. Los tiempos cambian y las generaciones más jóvenes se resisten a ser definidas por etiquetas que limiten su concepción de sexualidad, género, masculinidad y femineidad, abrazando en cambio la noción de "fluidez", o sea, la posibilidad de identificarse con más de un género. Frente a estos aires nuevos, las marcas responden con colecciones novedosas que rompen las barreras de lo masculino y lo femenino en su afán de atraer a un mercado hasta ahora ignorado.

Es evidente que el mundo de la moda atraviesa un momento bisagra de innovación, mayor aceptación e inclusión social. La nueva Ley de Talles nacional en nuestro país, la mayor diversidad de cuerpos que vemos en las publicidades y redes sociales, la lucha visible de las minorías por sus derechos y representación, y la resignificación del concepto de género están cambiando las reglas del juego. Un juego que en vez de dividirnos según nuestras diferencias celebre la igualdad y lo que tenemos en común.

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