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Una historia de amor distinta: Myriam y Álvaro

Se reecontraron después de 44 años, ella no le atraía hasta que se subió al auto: “Sus ojos claros, su sonrisa alegre”

Una breve historia de amor en la juventud tuvo otro significado al encontrarse 44 años después

Una breve historia de amor en la juventud tuvo otro significado al encontrarse 44 años después

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En el año 1979 Myriam, con 19 años, estudiaba medicina en la UBA, era de Castelar, le gustaba estar en su casa y dedicaba sus días al estudio y a sus padres.

En otro lado de la ciudad, Álvaro, oriundo de Belgrano y con 21 años, estudiaba arquitectura en la UB mientras realizaba el servicio militar. Congeniar ambas actividades no le impedía salir todo lo que fuera posible.

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No tenían nada en común, ningún lazo los unía, ni los amigos, ni la facultad, ni el barrio. Pero ya sabemos que a Cupido eso no le importa.

“Ninguno peleó para mantener eso que se había gestado”

Saliendo de su zona de confort, Myriam fue convencida por una amiga a pasar las vísperas de su cumpleaños en el boliche de moda: Bamboche en la zona de Flores.

“Ese sábado el boliche explotaba, como casi todos los fines de semana, cola para el ingreso, control de vestimenta, de aspecto… Fui con mi amigo Rubén, compañero de la facu, y colega de armas. Música, charla, risas, temores, sacar a bailar siempre era un tema, pero se intentaba sin claudicar ante rechazos, a veces bastante seguidos. El chamuyo era el rey, la simpatía, el desenfado, y obvio algo el aspecto imagino", relata Álvaro.

Se conocieron en el boliche de moda en Flores entre risas, lentos y besos
Se conocieron en el boliche de moda en Flores entre risas, lentos y besos

Los amigos vieron al otro lado de la pista a dos chicas que les llamaron la atención y se acercaron a hablar. Álvaro la recuerda a Myriam: “una hermosa rubia, alta, elegante, de ojos claros, muy lindo porte, con una sonrisa compradora”.

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Charlaron, bailaron y rieron mucho. Era una época en la que se bailaban lentos, y con aquel ritmo de la música la charla ganaba más importancia, palabras suaves en oídos cercanos, se iniciaba con una cierta distancia, a medida que pasaban los temas la distancia se iba acortando, hasta llegar a distancia cero: el beso.

La noche continuó entre baile y más besos hasta que llegó a su fin. Intercambiaron números de teléfono y cada uno se fue a su casa con la promesa del reencuentro.

Empezaron a salir, Álvaro la buscaba con el Falcón de su padre, tenía una hora de viaje y salían por capital o por la zona de Martínez y San Isidro donde Álvaro se movía con mayor conocimiento.

Ambos disfrutaron de las salidas durante unos cinco o seis meses, pero la distancia, más aún en aquella época, era una complicación.

“Un día, la relación terminó por teléfono, sin explicación, sin motivos aparentes, sin reproches. Ninguno peleó para mantener eso que se había gestado”, admite Álvaro.

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Se vieron en algunas ocasiones pero solo para conversar y ponerse al día como dos viejos amigos
Se vieron en algunas ocasiones pero solo para conversar y ponerse al día como dos viejos amigos

“La respuesta vino al día siguiente, sin intencionalidad alguna”

Cada uno retornó a su vida: facultad, salidas con amigos y conocer a otras personas. A los pocos meses Álvaro conoció a otra chica, para fin de año oficializó el noviazgo que duró cuatro años y culminó en un matrimonio, dos hijos y 20 años de convivencia donde el denominador común era la pelea. Hoy piensa que probablemente nunca hubo amor, y dieron por finalizado su matrimonio en el año 2003. A su divorcio le siguieron varias relaciones, algunas cortas y fogosas, otras cortas e insulsas, una recurrente que iba y volvía, y una larga de más de 17 años.

En paralelo Myriam cambió de carrera, trabajó mucho, cuidó a sus padres y a su casa, no tuvo tiempo de tener alguna relación positiva y que le diera valor.

Una noche de verano del 2019, Álvaro estaba sentado en el balcón de su departamento con su pareja del momento, cuando recibió un mensaje en Facebook de una mujer preguntando si él era Álvaro, el que estudiaba arquitectura en Belgrano. Después de 40 años, y sin ningún punto en común, Myriam le había escrito por la red social.

“La respuesta vino al día siguiente, sin intencionalidad alguna, solo por educación”, cuenta Álvaro.

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Quedaron en tomar un café algún día para ponerse al tanto de sus vidas. Álvaro le pasó una foto que conservaba de ellos juntos en Privilege, un boliche del centro. Sin dudas la tenía en mente, no la había olvidado.

Álvaro se casó y tuvo dos hijos. Myriam no conoció ningún hombre que valiera la pena
Álvaro se casó y tuvo dos hijos. Myriam no conoció ningún hombre que valiera la pena

Unos meses más tarde se encontraron en Alto Palermo y fueron a cenar. Hablaron muchísimo y rememoraron viejos tiempos. Se pusieron al corriente de sus días: ella soltera, vivía en la misma casa con su madre, su padre había fallecido. Él, con un historial más movido, le aclaró que estaba en pareja.

“Los 63 años habían desaparecido de un plumazo”

Luego de la cena cada uno siguió su vida. Pero unos años después se volvieron a ver, esta vez para tomar un café en Charcas y Coronel Díaz. Nuevamente el diálogo fluyó con naturalidad entre anécdotas y 40 años de vida para contar.

En el 2023 Álvaro se separó de su pareja y comenzó a salir con aquella que describimos como relación “recurrente”. Era una mujer bastante más joven que había conocido 20 años atrás y se habían relacionado en varias ocasiones pero las condiciones de cada uno no habían permitido madurar la relación. Pero esa vez las salidas se repetían todos los fines de semana, se divertían mucho pero Álvaro veía que la relación iba más para amigos y no era su intención. Un día la invitó a ir juntos a Pinamar por el fin de semana, ella lo rechazó. En ese momento Myriam le mandó un mensaje de saludo, como Álvaro no tenía planes la invitó a cenar el sábado, de nuevo sin ninguna intención extra a conversar. Myriam no le atraía, lo que sentía era curiosidad y una sensación de familiaridad por el tiempo en que habían salido.

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Myriam no le atraía hasta que la vio subir al auto
Myriam no le atraía hasta que la vio subir al auto

Le pidió a Google que le recomendara algún restaurante romántico en Parque Leloir, no sabe por qué pidió aquellas características pero reservó una mesa y la buscó por su casa en Castelar.

“Cuando Myriam subió al auto, todo cambió de repente, sus jeans de tiro bajo mostraban su excelente figura, su espalda se dejaba ver por sobre el jean, la imaginaba suave, su pelo largo y rubio, sus ojos claros, su sonrisa alegre, no sé aún como pude ver tanto en unos segundos… los 63 años de esta mujer habían desaparecido de un plumazo. Agradecí para mis adentros haber elegido Friendly y no una pizzería con luz de tubos" describe Álvaro.

El restaurante elegido era una casa en medio del bosque, con hogar a leña, media luz, íntimo. La charla fue fantástica, interesante, sin baches silenciosos, el interés por aquella novia de la juventud había renacido en todo su esplendor.

Al fin de semana siguiente la invitó a comer por su barrio, Puerto Madero, pero fue una salida breve porque Myriam tuvo que volver con cierta urgencia por su madre. Al día siguiente Álvaro la recibió en su departamento donde se lució con sus habilidades culinarias cocinando un risotto de hongos. Con previo pedido de permiso, llegó el beso con el que se reinició, 44 años después, una relación vigente hasta el día de hoy.

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Durante estos tres años vivieron muchas cosas: falleció la mamá de Myriam y cambió de trabajo, planea jubilarse el próximo año; por su lado Álvaro realizó algunos viajes solos, tuvo una nueva nieta.

Pero el amor continúa, en el último año realizaron dos viajes juntos y están próximos a encarar el tercero.

Si querés contarle tu historia a la Señorita Heart, escribile a corazones@lanacion.com.ar