
Deportivo, pero ideado para un usuario promedio, Este modelo de la firma alemana se posiciona entre las rurales todoterreno y las enormes SUV
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Por Juan Ponieman
Desarrollado sobre la plataforma del Serie 3, el compacto más vendido de la marca alemana, el X1 propone una ecuación disímil al promedio del mercado: en lugar de vender una experiencia gloriosa pero teñida de mentiras en terrenos agrestes, el equipamiento técnico que incluye lo asienta en las extensas y prolijas superficies asfaltadas, donde la doble tracción impulsa la seguridad y la confianza en quien conduce. La inclusión de una caja automática secuencial de seis marchas optimiza el rendimiento del propulsor.

Si bien suena desprolijo y poco armónico, el rendimiento del cuatro cilindros diesel se destaca con plena potencia y escaso consumo. Completamente deportivo cuando el pie derecho lo demanda, pero ecológico como el activista más bélico de Greenpeace desearía, se trata de un block inagotable en la búsqueda de sensaciones atléticas y velocidades ilegales. Allí el fabricante no ha ahorrado costos, manteniendo la premisa que aclama que el centro ideológico de un BMW siempre debe ser su motor.
Su carrocería –tal vez alejada del estilo purista y clásico del BMW– tiene una explicación y está respaldado por el marketing: BMW no es ajena a los movimientos estéticos que surcan la industria del automóvil, y obviar el segmento de los utilitarios deportivos sería trabajar desde la absoluta miopía. Este nicho ha crecido en la última década y dichas carrocerías, cómodas y espaciosas, son ocupadas por niños y bolsas de supermercado. Por este motivo, dentro del X1 podrán viajar cinco adultos y cinco maletas con comodidad.
La posición de manejo también llama la atención: elevada en el punto justo, permite observar el tránsito con la pericia de una cámara de seguridad. Equipado con un innovador navegador GPS, un inmenso techo de cristal y asientos revestidos en cuero, el equipamiento de confort es completo. Se suman los controles de estabilidad y descenso y múltiples bolsas de aire. En el interior, la sobriedad domina. Al unir una tendencia de mercado con la impronta BMW, el X1 consigue aquello que se propone: encantar desde la sensación más pura y ardua de lograr: el placer de manejar.
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