
La frase “una habitación con vistas” toma una nueva dimensión cuando pensamos en los rascacielos porteños, sus historias y los lujos que se esconden detrás de sus fachadas.
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Las décadas del ‘20 y del ‘30 fueron un período de esplendor para la arquitectura local, la era de la primera generación de rascacielos porteños, liderada por el Palacio Barolo: un edificio de oficinas erigido por el arquitecto italiano Mario Palanti, por encargo del empresario textil y agropecuario Luis Barolo. Al momento de su inauguración el 7 de julio de 1923, y con sus imponentes 100 metros de altura, era la construcción más alta de América Latina, y el edificio de oficinas más alto del mundo fuera de los Estados Unidos.
Por Jessica Blady

