La Rendición de Bailén (1864), óleo del pintor José Casado del Alisal que representa la rendición de Dupont ante el ejército español en el que participó San Martín

San Martín en España. Los tres combates contra las tropas napoleónicas y el héroe que salvó su vida antes que Cabral

Antes de luchar por la independencia de Argentina, Chile y Perú, participó de los enfrentamientos más importantes para liberar a España de la conquista napoleónica

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El héroe estaba rodeado de enemigos, todos ellos franceses, todos invasores. Parecía perdido. Pero uno de sus soldados, un español, se transformó en su escudo: se interpuso entre los atacantes y su capitán, tiró a uno hombre del caballo en el que se adelantaba, luchó con otros dos, quedó herido, pero nunca perdió la fuerza, la motivación de, ante todo, salvar la vida de José de San Martín.

El cuadro de Julio Villanueva representa el combate de San Lorenzo, cuando el caballo de San Martín cae desplomado y el sargento Cabral se interpone para salvarlo
El cuadro de Julio Villanueva representa el combate de San Lorenzo, cuando el caballo de San Martín cae desplomado y el sargento Cabral se interpone para salvarlo
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Parece una escena conocida en la historia argentina: el Libertador atrapado por sus enemigos en medio de una batalla y un soldado que se arriesga para salvarlo. Parece, concretamente, el combate de San Lorenzo, y el soldado, el sargento Juan Bautista Cabral. Pero esta historia es anterior, un hecho precursor, formador y casi premonitorio en su vida: el combate de Arjonilla, uno de los tres enfrentamientos en los que “el santo de la espada” luchó contra las tropas napoléonicas en España.

Desbaratar a los imperiales

San Martín tenía entonces 30 años y había pasado la mayor parte de su vida en la península ibérica, desde que sus padres lo llevaron allá a los ocho años. Un poco más tarde, a los 12, entró como cadete en el Regimiento de Murcia. Empezaba, sin saberlo, una carrera militar transocéanica y una vida de luchas por las independencias de más de un país. Pero antes de eso fue España y, primero, Arjonilla.

Después participó de la campaña española en el norte de África, en los combates contra los moros, y sobrevivió 33 días el asedio del fuego enemigo. Ese tiempo en el continente africano le permitió ganar jerarquía y reputación militar.

José de San Martín, cuando ingresó como cadete del Regimiento de Murcia (Foto: Instituto Nacional Sanmartiniano)
José de San Martín, cuando ingresó como cadete del Regimiento de Murcia (Foto: Instituto Nacional Sanmartiniano)Instituto Nacional Sanmartiniano

Después, a fines de 1807, las tropas napoleónicas invadieron España con la excusa de cruzar el territorio para llegar a Portugal. San Martín ya había ascendido en el ejército y construido vínculos con oficiales que confiaban en él. Se desempeñaba como ayudante 1° del Batallón de Voluntarios de Campo Mayor. Para 1808, los galos empezaron una ocupación real de plazas y ciudades estratégicas. Y para principios de junio, el propio Napoleón designó a su hermano José Bonaparte como el nuevo rey de España.

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Pero los españoles no se quedaron de brazos cruzados: en Andalucía empezaron a organizar la resistencia. San Martín se incorporó a las fuerzas de vanguardia del general Francisco Javier Castaños, que se trasladarían desde Córdoba hasta Andújar con el fin de liberar la plaza de las tropas francesas comandadas por el general Dupont. San Martín lideraba a 21 hombres que confiaban ciegamente en su capacidad militar.

Grabado del general francés Dupont
Grabado del general francés Dupont

El 23 de junio de 1808, mientras iban a Andalucía, se toparon durante una misión de reconocimiento con la partida francesa en las proximidades de la posta de Santa Cecilia, cerca de Arjonilla. Eran unos 50 coraceros, según la reconstrucción incluida en el archivo, que cuando los vieron llegar, retrocedieron hacia la posta en busca de una mejor posición defensiva. Como duplicaban a los españoles, estaban convencidos de que no se iban a animar a atacarlos. Se equivocaron.

De hecho, la acción terminó en una victoria española. El Parte de la acción de Arjonilla, reproducido por José Pacífico Otero en Historia del Libertador Don José de San Martín, señaló que 17 dragones franceses murieron (soldados de caballería también entrenados para pelear a pie) y cuatro fueron tomados como prisioneros: “Pese a tener fuerzas menores, se lanzó al ataque desbaratando por completo a los imperiales”, decía. Del lado español solo hubo un herido.

Escultura al Soldado Juan de Dios en Arjonilla (Foto: arjonillapatrimoniohistorico.blogspot.com)
Escultura al Soldado Juan de Dios en Arjonilla (Foto: arjonillapatrimoniohistorico.blogspot.com)
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En la Gaceta Ministerial de Sevilla se lee: “San Martín hace un elogio distinguido de toda su tropa, particularmente del Sargento de Húsares de Olivencia, Pedro de Martos, y del cazador del mismo Juan de Dios, que en un inminente riesgo le salvó la vida”. Este hombre fue el precursor de Cabral.

Gracias al episodio, el futuro Libertador fue incorporado como ayudante de campo del marqués de Coupigny, uno de los generales más importantes de la resistencia española. Sería esencial unas semanas más tarde en la batalla de Bailén.

Una maniobra inesperada

Menos de un mes después, el 19 de julio de 1808, llegaron a Bailén, en Andalucía. Las fuerzas del general Castaños se movilizaron a esa región para sacar a los franceses de una vez por todas de la plaza de Andújar, donde se refugiaba Dupont. Pero el enfrentamiento se adelantó. Se llevó a cabo en Bailén, a unos 25 kilómetros, por una maniobra inesperada de Dupont: había movido a sus tropas para asegurar las líneas de abastecimiento y provocó, en cambio, un “encuentro accidental” entre ambos ejércitos.

La Batalla de Bailén en la obra de Ricardo Balaca (1864)
La Batalla de Bailén en la obra de Ricardo Balaca (1864)

El choque se produjo en condiciones extremas: nueve horas de combate, calor intenso, falta de agua y cinco ataques franceses que fueron rechazados por los españoles. El ejército francés terminó agotado y desmoralizado. National Geographic cuenta: “La infantería, en su mayoría conscriptos como la Guardia de París o unidades austríacas y suizas forzadas a luchar contra su voluntad, se deshizo frente al fuego de mosquetes y cañones”. Finalmente, su jefe ofreció la rendición.

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El general Dupont rindiendo su ejército ante las fuerzas españolas (Obra de Mauricio Orange, 1906)
El general Dupont rindiendo su ejército ante las fuerzas españolas (Obra de Mauricio Orange, 1906)

La derrota representó un impacto para Napoleón: fue la primera en campo abierto y, cuando la noticia corrió por Europa, encendió los ánimos en otros países conquistados, que empezaron a ver posible dar pelea. Después de la batalla, José Bonaparte abandonó Madrid, y los galos se vieron obligados a replegarse hacia el norte.

Pacífico Otero narra el rol de San Martín: “[...] Vino a ser actor —y actor de primera fila— en una batalla que concluyó por la completa capitulación del enemigo. Según el documento inédito que tenemos delante —foja de servicios del General Coupigny—, fue este General quien intimó a Dupont la rendición, acordándole 15 minutos para decidirse. Esta rendición puso a merced de los vencedores, 19.000 prisioneros, entre ellos 18 Generales y más de 600 oficiales. Entre sus trofeos contáronse 40 cañones y obuses, 20 carros de artillería y de bagaje, y más de 4000 caballos”.

Fue una carnicería

Después del enfrentamiento, Castaños recomendó la promoción de San Martín, quien fue nombrado teniente coronel graduado el 14 de agosto de 1808. También después de la batalla el héroe debió ir a Sevilla para reposar a causa de una afección respiratoria.

La medalla que recibieron los combatientes de Bailén (Foto: Wikipedia)
La medalla que recibieron los combatientes de Bailén (Foto: Wikipedia)
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Coupigny le hizo llegar una certificación por sus servicios y una medalla de oro por la victoria de Bailén: “He aquí la descripción de esta medalla: esmalte blanco. En el centro dos sables grabados en cruz, ligados por una cinta roja de la que pende un águila volcada. Sobre este grupo una corona de laurel, y en la orla del fondo azul, con letras de oro, la siguiente leyenda: Bailén, 19 de julio de 1808“, describe Pacífico Otero.

William Beresford, comandante de las fuerzas aliadas en la batalla (Foto: Wikipedia)
William Beresford, comandante de las fuerzas aliadas en la batalla (Foto: Wikipedia)

Tres años después de Bailén, se enfrentó una vez más con los franceses, esta vez en La Albuera. La batalla se libró el 16 de mayo de 1811, en Extremadura, a pocos kilómetros de la frontera con Portugal, y se describe como uno de los enfrentamientos más sangrientos de la Guerra de la Independencia Española que, además, marcó el final de la etapa militar de José de San Martín en la Península Ibérica.

Esa ocasión enfrentó un ejército combinado de fuerzas británicas, portuguesas y españolas, al mando del general William Beresford, contra el Ejército francés del Sur, comandado por el mariscal Nicolas Soult. En menos de ocho horas cayeron 12.000 soldados. El general británico Robert Long escribió: “Nunca vi una escena de matanza igual. El campo de batalla fue una carnicería”.

Mapa de la batalla, del libro History of the War in the Peninsula, de William Napier (Foto: Wikipedia)
Mapa de la batalla, del libro History of the War in the Peninsula, de William Napier (Foto: Wikipedia)
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Las pérdidas fueron de los dos lados: unas 6000 bajas entre los aliados y alrededor de 8000 entre los franceses. El resultado táctico fue discutido, pero como los galos no consiguieron tomar Badajoz, que era el fin invasor, debieron retirarse: por lo menos significó el fracaso del objetivo francés.

De la actuación del héroe argentino, Pacífico Otero agregó: “Juan María Gutiérrez escribe que por ‘su noble conducta y brío de su sable en este día, sobre el mismo campo de batalla alcanzó el grado de comandante efectivo’; y Sarmiento nos cuenta que tuvo un encuentro cuerpo a cuerpo con un oficial francés, ‘a quien dejó muerto en el campo a presencia del ejército’”.

Óleo La Bandera (Albuera, 1811), pintado por el artista británico William Barnes Wollen en 1912
Óleo La Bandera (Albuera, 1811), pintado por el artista británico William Barnes Wollen en 1912

A su vez, presenta esta batalla como el punto final del período al servicio de la resistencia española: “Su participación en la batalla de Albuera es acaso, si no la última, una de sus últimas jornadas militares en pro de España. A esta ya le había dado lo primogénito de su valor y de su disciplina, y trabajado su espíritu por un hondo secreto decidióse en ese año a desprenderse de la Península, tierra a la cual siendo un niño lo habían transportado sus padres”.

Al servicio de la naciente revolución

Pocos meses después, solicitó su retiro. En el pedido oficial dijo que su destino era Lima, adonde pretendía volver “con objeto de arreglar sus intereses”, se lee en el dictamen del 26 de agosto de 1811, cuando le conceden el retiro.

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Después de las batallas en España San Martín solicitó volver al Río de la Plata (Foto: Instituto Nacional Sanmartiniano)
Después de las batallas en España San Martín solicitó volver al Río de la Plata (Foto: Instituto Nacional Sanmartiniano)Instituto Nacional Sanmartiniano

Pero según el historiador Felipe Pigna, “el joven José no olvidaba sus orígenes americanos y estaba muy al tanto de los sucesos del Río de la Plata. Al enterarse de los hechos de mayo de 1810, decidió pedir el retiro del ejército español para poner sus conocimientos y experiencia al servicio de la naciente revolución americana”.

“Yo serví en el ejército español desde la edad de trece a treinta y cuatro años, hasta el grado de teniente coronel de caballería. En una reunión de americanos en Cádiz, sabedores de los primeros movimientos de Caracas, Buenos Aires, etc., resolvimos regresar cada uno al país de nuestro nacimiento a fin de prestarle nuestro servicio en la lucha”, le escribió el Libertador al mariscal Ramón Castilla, entonces presidente de Perú, en 1848.

José de San Martín, liderando cruzando los Andes con su ejército para llegar a Chile
José de San Martín, liderando cruzando los Andes con su ejército para llegar a ChileGetty Images

“Regresó con una notable formación militar, por la rica y vasta experiencia en los diversos teatros de operaciones europeos, pero también con una brillante formación moral e intelectual, imbuido por los ideales de libertad, igualdad y fraternidad pregonados por la revolución francesa y desde luego por su devoción por la ilustración y los libros”, destacó una artículo del Instituto Nacional Sanmartiniano.

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