
Dos profesionales del turismo de lujo, además de grandes coleccionistas, nos hicieron probar lo más granado de la hospitalidad cartagenera en su casa impecablemente restaurada.
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Durante un viaje, pocas cosas emocionan como ser invitado a comer a la casa de un lugareño. Pero jamás pudimos imaginar que íbamos a pasar una velada en una casa centenaria de Cartagena, sentados a una mesa puesta con rancia sofisticación europea y menú tradicional, charlando con Ricardo Hernández Caballero y Jaime Martínez García, generosos dueños de casa y dos maestros del arte de la conversación, en la que se entrelazaron antepasados ilustres, antiguas costumbres, gestas heroicas y, por supuesto, los mejores datos de la ciudad.

