
Hay herederos que esperan una corona que existe. Vittoria de Saboya no forma parte de ellos. Espera, en cambio, una que desapareció hace 80 años: como lo indica el nombre, su familia pertenece a la dinastía real que unificó Italia en 1861 y que gobernó el país como reino hasta la instauración de la república en 1946.

No es algo que le preocupe: su ambición es otra, y la está consiguiendo. Modelo e influencer, hoy es una de las royals de Europa con más seguidores en su cuenta de Instagram (112.000). Y ahora inaugura otra etapa de la vida, con su primer gran papel protagónico en la película francesa Tú+yo, Solos contra todos
La joven, de 22 años, es la hija mayor de Manuel Filiberto de Saboya, príncipe de Venecia, y su exesposa, la actriz francesa Clotilde Coureu. Ostenta el título peridido de princesa, al igual que su padre, aunque sin ninguna validez legal en Italia. Ella misma lo rechaza, y suele decirlo: “No me gusta nada el título de ‘princesa’, si soy sincera. Porque no hay monarquía en Italia y porque no es la manera en la que me educaron, en absoluto”, le remarcó a la revista Elle.

Una pasión heredada
Su madre, Clotilde Courau, nació en 1969 y debutó en teatro a los 20 años. Al año ya cosechaba el reconocimiento internacional en el Festival de Berlín. En 2001, poco antes del nacimiento de Vittoria, conoció a Manuel Filiberto, en una competencia deportiva benéfica de esgrima en Mónaco. No fue un flechazo inmediato: ella venía de una relación tormentosa con Guillaume Depardieu y temía que un vínculo con la realeza la alejara de su carrera, tal como le había pasado a Grace Kelly.
Pero finalmente cedió y se enamoró. Se casaron el 25 de septiembre de 2003, en una ceremonia con 1200 invitados. Ya estaba visiblemente embarazada. De hecho, Vittoria nació solo tres meses después.
Desde el primer momento, Courau dejó en claro que no pensaba diluirse en su nuevo rol: no quería ser reducida a la condición de “esposa de”, perder el nombre que, como busca ahora su hija, se hizo ella sola en la industria cinematográfica. Vittoria lo remarca: fue su madre quien le contagió la pasión por el cine desde chica, cuando veían películas juntas. Entre sus ídolos, menciona a Audrey Hepburn y Katharine Hepburn.

Un royal de reality
Manuel Filiberto de Saboya lleva el título de príncipe de Venecia y del Piamonte, y es, además, una figura habitual de la farándula europea. Incluso intentó meterse en el Festival de San Remo con un tema propio, “Italia amore mio”. A su vez, trabajó en publicidades, una de aceitunas y otra de cigarrillos electrónicos, donde el slogan era: “Fumá donde quieras, como un príncipe”.
Se convirtió en protagonista de realities. Pasó por Notti sul Ghiaccio, Ciak... si canta! y ganó Bailando con las estrellas. En uno de los programas tuvo que probarse en distintos trabajos cotidianos que nada tienen que ver con la vida de un noble. El peor, dijo después, resultó ser peluquero de perros.

Emprendedor, hizo foco en la gastronomía. En 2016 empezó con un pintoresco food truck, con el que giró por Los Ángeles vendiendo pizza, y en 2020 abrió su primer restaurante en Westwood, uno de los distritos más transitados por las celebridades, al que llamó Prince of Venice Restaurant, en honor a sus orígenes. Hoy es una cadena especializada en pasta y pizza.
En los últimos años, Filiberto aseguró que quería renunciar a sus derechos dinásticos en favor de Vittoria, su primogénita, para que se convirtiera ella en la primera mujer al frente de la Casa de Saboya en toda su historia.
Sin embargo, tras la muerte de su propio padre, Víctor Manuel de Saboya, cambió de parecer y retomó su lugar como aspirante principal al trono inexistente.
Es también un personaje de tapa para la prensa rosa. Tras su divorcio de Clotilde Coureau, a fines de 2024 comenzó a salir con la diseñadora mexicana Adriana Abascal, protagonista de la vida social madrileña, habituée de la portada de ¡HOLA!.


“Quería valerme por mí misma”
Lejos de las joyas, de las verdaderas coronas y las disputas reales, Vittoria acapara la atención de la plataforma Prime Video con el personaje que interpreta en la comedia romántica. Alma Lancaster es una joven franco-británica de familia acomodada cuya vida se desordena cuando debe compartir un proyecto universitario con Vadim Arcadi, un compañero solitario y de pasado difícil, interpretado por Lucas Barski.
Ve cierto paralelismo con ella, y explica: “Una chica de buena familia se concedió un año para perseguir su sueño y dedicarse al cine. Cuando se ve obligada a trabajar con Vadim Arcadi, un joven sin muchos vínculos, salta entre ellos la chispa. Pero hay una amenaza invisible decidida a separarlos y sacarlos a la luz”.
Y sigue: “Si algo me inspira del personaje sería el no escuchar las críticas y seguir mi pasión. Hay que intentar olvidar la mirada de otros para aceptarse y ganar confianza”.
Vittoria estudió actuación en Londres, firmó con una agencia hace poco más de un año y medio, y pasó por varios castings antes de quedarse con el papel. Ella misma contó que, al enterarse de que había sido elegida, sintió que se hacía realidad un sueño.
“Quería demostrar que podía valerme por mí misma”, dijo en una entrevista recuperada por el periódico ABC. Por eso antes trabajó en una galería de arte y en un bar. Hasta que se anotó a clases de teatro, se apasionó y decidió mudarse a París. Mientras tanto, para ganar dinero extra, hizo una breve carrera como modelo.
El abuelo y la sombra de un escándalo
Fue este, justamente, el abuelo de Vittoria, quien empañó el prestigio de los Saboya en el último medio siglo. Hijo del último rey de Italia, Humberto II, que gobernó apenas 33 días, acaparó la atención de los medios cuando en agosto de 1978, durante su exilio en la isla de Cavallo, disparó contra un grupo de jóvenes que habían usado sin permiso un bote inflable de la familia.
Uno de ellos, el alemán Dirk Hamer, murió días después a raíz de las heridas. Vittorio llegó a firmar una declaración asumiendo su responsabilidad, aunque después cambió la versión de los hechos y terminó absuelto por un jurado francés en 1991.

Otro escándalo fue cuando en 2006 lo arrestaron en el Lago di Como, acusado de asociación ilícita, corrupción y explotación de la prostitución en fiestas de lujo. Aunque también fue absuelto, en este caso por falta de pruebas, pasó un tiempo en la cárcel. De ahí surgió, décadas más tarde, una grabación filtrada en donde él mismo reconocía ante otros reclusos haber “engañado a los jueces franceses” en aquel proceso por homicidio.
Una corona que no existe
La Casa de Saboya gobernó Italia hasta 1946, cuando un referéndum popular abolió la monarquía y obligó a toda la familia real a exiliarse. El último rey, Humberto II, el bisabuelo de Vittoria, reinó apenas 33 días, lo que le valió el apodo de “rey de mayo”. Desde entonces, Italia no reconoce títulos nobiliarios de ningún tipo, y las encuestas ubican el apoyo a un eventual regreso de la monarquía en apenas un 15% de la población.
Si la monarquía volviera a instaurarse, Vittoria estaría en la línea directa al trono, gracias a su abuelo, que decidió abolir la centenaria ley sálica que impedía reinar a las mujeres, allanando el camino para que, en un escenario hipotético, su nieta pudiera ser jefa de la casa real.
Como parte de ese gesto, Vittoria recibió tratamiento de Alteza Real y los títulos de princesa de Carignano y marquesa de Ivrea, además de una distinción como dama de la Gran Cruz de la Orden de los Santos Mauricio y Lázaro.

Ella, como se dijo, se toma el asunto con bastante liviandad. Consultada sobre la posibilidad de convertirse algún día en reina, prefirió calificar la idea como algo abstracto y remarcó que todavía está tratando de descubrir qué quiere hacer con su vida. Por el momento, evidentemente, serán las pantallas y las redes sociales.
Seguidores y activismo
Vittoria construyó, en el último tiempo, una comunidad propia en redes sociales, que pasó de unos pocos miles de seguidores a decenas de miles en apenas tres años, pese a publicar con muy poca frecuencia.
Es un perfil discreto que convive con gestos de activismo: hace unos años acaparó la atención de los medios cuando la captaron en las manifestaciones estudiantiles en París, y se dirigió públicamente al presidente francés por cambios los en las condiciones escolares para alumnos de escuelas privadas, al prohibirles que se puedan graduar a distancia, como sí podían los de escuelas públicas.

