Rosario - Milán
Nicolás Ripoll, el argentino que debutó en Milán y hoy desfila para las grandes ligas
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La historia es muy simple: un día su familia lo convenció para que fuese modelo. Viajó de Rosario a Buenos Aires, conoció a Patricia Cardiou Diehl (directora de la agencia Banana’s de París) que justo estaba haciendo un scouting y, así, de un día para el otro, Nicolás Ripoll pasó de ser un chico común a un hombre modelo. Debutó a lo grande: en exclusiva para abrir y cerrar el desfile de Prada, en Milán. Le pagaron 15.000 euros. Y desde entonces, hace tres años, no para.
París, Milán, Nueva York, Londres. Dior, Dolce & Gabbana, Zegna, Iceberg, Max Mara, Prada... Pasarelas internacionales, gráficas, parte del camino recorrido por Ripoll (de 24 años), un flaco de cara moderna, sonrisa generosa, 1,87 metros y 70 kilos. Educado y encantador. Vino de paseo a Buenos Aires un mes. Y dio la nota. "Empecé en esto porque mi familia me insistía: mi mamá, mi hermanitas, mis primas", se ríe.
–Un comienzo desde arriba...
–Sí, llegué a París e inmediatamente hice un par de editoriales. Enseguida empezaban los desfiles en Milán, volé y, sí, arranqué muy bien. Mi primer trabajo fue para Prada, eso fue lo que me llevó a esto. Es difícil porque cuando empezás desde tan arriba hay que mantenerse. Yo no entendía nada, no sabía nada de ropa. Ahí me di cuenta de que esto era algo groso. Me absorbieron, me tomaron exclusivo y tuve que abrir y cerrar su desfile; fui el primer look del show. Imaginate, aparecí en todos los medios, era como el chico nuevo. A partir de ahí empecé a hacer entre 20 y 25 desfiles por temporada. Un chico con suerte puede hacer 15.
–¿Y en Rosario que hacías?
–Diseño gráfico en la compu, programación. Nada que ver.
–¿Te sentías un chico con futuro de modelo?
–Nooo. Era acomplejado. No me gustaba salir a la calle o ponerme pantalones cortos, tenía las piernas muy flacas y era alto.
–¿Cómo es trabajar afuera?
–Muy bueno, la gente es muy polite, muy correcta, nadie grita. Todo muy relajado.
–¿Cuál creés que es tu fuerte?
–No sé. Soy muy clásico. Mi familia está compuesta por inmigrantes, españoles, italianos y alemanes. Eso hace que pueda trabajar para todos los clientes. Soy un chico que da europeo o argentino.
–¿Conociste a los diseñadores top?
–Sí, los conozco a todos. A Donatella, a Miuccia. Es gente normal que tiene buena onda con los modelos. Uno los ve en la tele y dice ¡guau!, pero son gente común. Con Galliano trabajé muchas veces, es muy, muy divertido. Abrí su último show. Me da pena lo que está pasando. Donatella está todo el día encerrada, es medio fóbica. Con Armani no trabajé, prefiere chicos más musculosos.
–Anécdotas...
–Miuccia Prada es muy divertida, es italiana, pero a nosotros nos habla en inglés. Y es gracioso escuchar a un italiano hablando en inglés. A veces dice cosas así: "Change the terrausers" (por trousers: pantalones).
–¿Cómo es el clima de un desfile?
–La sensación está buenísima. Más cuando tenés que salir primero en un desfile, es divertido, te sube la adrenalina. No ves a nadie, tenés que mirar hacia adelante y caminar. Hay que ir derecho a las cámaras. La primera vez que hice esto me asusté: estaba caminando, tuve que parar y tenía una pared de cuatro metros de fotógrafos y mil flashes disparando contra mí. Me dio cuiqui. Después di media vuelta y me fui.
–¿Qué dicen tus amigos del colegio?
–Me cargan. Ojalá pudieran venir a visitarme, pero el ticket es muy caro.
–¿Cuándo se termina la carrera de un modelo?
–Yo empecé grande, a los 21. Hay chicos que empiezan a los 15 o 16. Podés durar hasta siete años. Pero si lo querés hacer toda tu vida, podés. Yo creo que la imagen fuerte, más de 4 o 5 años no te dura. Igual es toda una transición: primero hacés desfiles, campañas; después, perfumes, relojes. Mientras más grandes seas hacés cosas de chico grande: relojes, campañas de productos.
–¿Te gusta esta profesión?
–Es perfecta para mí. Me encanta viajar. También hago fotografía, estoy tratando de hacer ambas cosas juntas, van de la mano. Aprendí a usar la cámara, practico, busco mi estilo, creo que el secreto está en uno. Ya conocí a varios editores de revistas. Y sí, me veo siendo fotógrafo. Ya hice algo para el NYT y para GQ.
–¿Cómo te cuidás?
–No hago nada. Salgo a correr de vez en cuando. Siempre fui normal, como de todo.
–¿Desfilás igual si la ropa que te ponen no te gusta?
–Obviamente no todo lo que me ponen me gusta. Pero uno siempre se mete en el personaje. Cuando desfilás con ropa que te encanta te sentís más seguro; con un mamarracho no tanto. Igual ponés cara de está todo bien. En esto vale la ropa. Vos sos un maniquí.
–Muy al límite, las últimas colecciones de Milán y París...
–Sí, cada vez más locas. Son para los japoneses. Compran la pasarela literal, son conceptos, las marcas llevan un look a cada boutique del mundo y después ofrecen ropa normal. Lo de pasarela lo compran tal cual los japoneses. Se animan a todo.
–¿Cuál es tu fuerte?
–Creo que me ayuda mi carisma, mi buen trato. Los argentinos somos más cálidos, simples, de perfil bajo, eso es todo. Trabajo para todo el mundo y sigo siendo yo. Soy normal.
DICHO AL PASAR
Te sentís muy observado cuando vas a presentarte a algún posible cliente. ¿Le gustaré o no le gustaré? Sí, te sentís evaluado.
Las mujeres ganan más. Es que la moda en general está hecha para mujeres. Muchas ganan dos o tres veces más que los hombres. Igual, yo estoy muy bien pago, no me quejo.
Estaba en Italia, salí del hotel y me fui a comer a McDonald’s. Justo en frente había un publicidad mía. Y la gente me empezó a mirar y me tuve que ir.
Parezco viejo para la edad que tengo. Y no, no me siento lindo. Me siento normal.
Acá trabajé muy poco, hice la gráfica de Ona Saez, A.Y not dead y Garçón García. También desfilé en desfiles de BAFWeek.

