¿A qué edad te diste cuenta?
“Pregúntenle a él” (De la escribana de Adorni sobre el origen del dinero de las compras que hizo el funcionario)
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La pregunta funciona como una invitación irresistible en redes sociales. No importa si la convocatoria nace de pseudocientíficos. Basta con que alguien aporree el teclado de la pc o apestille el celular preguntando “¿a qué edad te enteraste de que…?” para despertar la curiosidad –cuando no el asombro- hasta del erudito más pintado.
“A qué edad te diste cuenta de que haciendo deslizar el líquido por una cuchara no se derramará ni una gota fuera del vaso? Yo no sé usted, querido lector, pero a mí esa revelación me alisó el pelo de golpe cuando la humedad de la semana pasada le hacía rulos hasta a los japoneses.
Llámeme ignorante que no me ofendo. Otra que me dejó perpleja fue la que asegura que las tijeras se afilan con papel de aluminio. Con eso dudé un poco, más por torpeza y miedo a rebanarme un dedo que por otra cosa. Lo hice ¡y resultó!. Lo mismo me pasó al untar con aceite el borde de una cacerola. TikTok me juró y perjuró que de esa forma no se desbordaría el líquido de la cocción al hervir. Confieso que solo puse agua. Ninguna red social me convenció hasta hoy de dedicarme al arte culinario. La cocina para mí es solo el pasillo entre el living y el lavadero.
Por Instagram me enteré de que el agujero de los banquitos de plástico no era para que corra el agua de lluvia o para poner la sombrilla. O no solo para eso… Tiene una función ergonómica que permite hacerlos durables. Leí por ahí que el celular se carga más rápido si se pone en modo avión, cuestión que me confirmó una colega tan convencida de la sugerencia como Einstein en su teoría de la relatividad.
Debo decir que ya conocía muchas cosas que se dan por grandes descubrimientos de supuestas cuestiones inabordadas por nosotros los mortales. Por ejemplo, que la flechita junto al ícono del surtidor de nafta en el auto indica el lado donde se encuentra el tanque o que el bicarbonato de sodio sirve para un millón de cosas. Me lo enseñó mi padre hace muchísimos años cuando ese polvito mágico costaba chaucha y palitos, no como ahora que tiene precio de diamante engarzado en oro rosa.
Como no encontré respuesta en las redes mientras escribía en otras páginas sobre actualidad política y judicial, le pregunté al ChatGPT si a alguien se le había ocurrido ya alguna fórmula para terminar con la corrupción. Me respondió que “no existe un prototipo básico”, que se necesitan leyes estrictas contra el soborno, fraude y malversación; tribunales independientes; organismos de control autónomos; transparencia en la información de declaraciones de bienes de funcionarios; educación cívica en las escuelas y compromiso ciudadano. Todas cuestiones que creemos sabidas. ¿O hace falta un tutorial?





