Abel Fatala, el nexo del Gobierno con Schoklender y las Madres
Subsecretario de Obras Públicas de la Nación y figura clave en el manejo de fondos para los planes de viviendas sociales, construyó una estrecha relación con Hebe de Bonafini y el ex apoderado de su fundación, y quedó en el centro de una oscura trama con millones de pesos en juego
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Diego Cabot
LA NACION
Empezaba 2001. Aquel verano tuvo una característica: fue uno de los más lluviosos en la historia de Buenos Aires. Los vecinos de Belgrano, Villa Devoto, Villa Pueyrredón y Palermo gritaban a quien los quisiera escuchar. Cincuenta milímetros de lluvias en una hora los habían hecho estallar. El agua se metió en las alcantarillas pero la bronca de vecinos y comerciantes con sus locales bajo el agua se hacía sentir en decenas de esquinas.
El hombre se calzó una campera impermeable color amarillo, botas de goma, un casco que no desentonaba y tomó cartas en el asunto. Entonces sí, seguido de periodistas y fotógrafos, Abel Fatala se sumergió en las entrañas porteñas. Unos minutos después emergió con una cantidad de botellas de plástico en la mano. "Esto no lo hace la lluvia, lo hacemos nosotros", dijo el entonces secretario de Obras Públicas del gobierno porteño durante la gestión de Aníbal Ibarra.
Nació así la leyenda del "Aquaman" criollo, como le decían por aquellos convulsionados días. Fatala volvió una y otra vez a las venas de la ciudad. Se convirtió en un cruzado contra los desagües tapados. Si se hubiesen cronometrado los minutos que permaneció recorriendo alcantarillas y desagües, seguramente sería el funcionario porteño que más estuvo bajo tierra.
Pero el tiempo pasó y, diez años después, aquel hombre de casco amarillo cambió por otro de pañuelo. Desde hace unos años, Fatala se convirtió en el brazo gestor que tienen las Madres de Plaza de Mayo para manejar ciertos asuntos. "¿Fatala? -preguntó un ex ejecutivo de una empresa de servicios públicos-. Lo conozco porque era el que llamaba para que no se le cortara el suministro a alguna de las empresas recuperadas que maneja la Fundación Madres de Plaza de Mayo".
La anécdota sirve como muestra. Convertido en 2006 en secretario de Obras Públicas del Ministerio de Planificación Federal, el funcionario fue el hombre que muchas veces gestionaba en nombre de las Madres después de que su fundación se convirtiera en un actor principal en el mundo de las viviendas sociales. Su relación cercana con la Fundación lo llevó a ser, junto con Luis Bontempo, el primer funcionario llamado a declarar ante el Congreso para responder por el entuerto que envuelve a Sergio Schoklender, a las Madres y al Gobierno. No es para menos: por ese tridente pasaron 765 millones de pesos destinados a obra pública que sería construida por la Fundación.
Todo empezó en 2006. El gobierno porteño que dirigía Jorge Telerman fue el mentor del emprendimiento constructor de las Madres. La Corporación Sur, el Instituto de la Vivienda de la Capital (IVC), la Fundación Madres de Plaza de Mayo y el Ministerio de Planificación Federal firmaron un convenio (número 46) mediante el que le daban a la Fundación la tarea de construir 480 viviendas en Los Piletones, un barrio del sur porteño. Esa fue la génesis que idearon los funcionarios municipales Fatala, Gabriela Cerruti -ministra de Derechos Humanos y Sociales- y Claudio Freidin -presidente del IVC-. La obra se financiaría con recursos del Plan Federal a través de la Subsecretaría de Desarrollo Urbano y Vivienda del Ministerio de Planificación Federal. La supervisión técnica del proyecto y el proceso de adjudicación de las unidades estaría a cargo del IVC.
Ahora Cerruti está cerca del candidato a Jefe de Gobierno por el kirchnerismo Daniel Filmus y Freidin, según la decisión administrativa 961 del 29 de diciembre de 2010, trabaja en el ministerio que maneja Julio de Vido, puntualmente en la subsecretaría de Desarrollo urbano y vivienda.
Fatala nació en 1952 en el barrio porteño de Constitución. Cursó sus estudios primarios en la Escuela Bernasconi. Fue técnico mecánico electricista y luego se graduó de ingeniero industrial en la Universidad de Buenos Aires.
En 1976, en pleno gobierno militar, ingresó a la Comisión Nacional de Energía Atómica y, desde entonces hasta ahora, el sueldo siempre se lo pagó el Estado.
Sus primeras armas políticas las hizo en la renovación peronista. Entre 1987 y 1989 fue designado director de Infraestructura Escolar de la Dirección General de Escuelas bonaerense, en épocas de la gobernación de Antonio Cafiero.
Al llegar Menem al poder, un grupo de diputados empezó a tomar distancia del oficialismo. Se conformó el "grupo de los ocho" compuesto por los disidentes Carlos "Chacho" Alvarez, Germán Abdala, Juan Pablo Cafiero, Darío Alessandro, Luis Brunatti, Franco Caviglia, Moisés Fontela y José "Conde" Ramos. Fueron los inicios del Frente Grande.
Fatala encontró calor político en ese espacio. Junto a su entonces mujer, la también militante y luego diputada nacional Irma Parentella, instalaron una unidad básica cerca de la esquina de las avenidas Jujuy y San Juan.
En 1993 fue elegido como concejal de la Municipalidad de Buenos Aires, y luego, en 1997, fue legislador de la primera legislatura de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Dos años después, dejó la legislatura para ser secretario de Obras Públicas del gobierno de Fernando De la Rúa en la Ciudad, cargo que siguió ocupando en el gobierno de Aníbal Ibarra y que sucedió al radical.
Uno de sus jefes contó a LA NACION que Fatala, un fanático de San Lorenzo que dice ir a la cancha de local y ansiar que el Gasómetro vuelva a la ubicación de Avenida La Plata, tiene una característica por sobre otras: trabaja muchas horas, aunque siempre se deja tiempo para sus pedaleadas por la Costanera Sur, el pulmón verde ubicado cerca de su casa en el barrio de San Telmo.
Su pasión por el trabajo, virtud que le reconocen los más cercanos, lo lleva a hacer las tareas más inverosímiles. "No es un hombre de grandes improntas propias. Pero obedece y le pone el pecho a lo que le mandan hacer", lo describió un ex jefe.
Su capacidad de dar la cara lo puso al borde del escándalo el último día de enero de 2001. Esa tarde, en medio de una movilización de vecinos de Belgrano enardecidos por las inundaciones, apareció Fatala. "¡Ladrón, dejá de robar!", fue la bienvenida de un furioso vecino. El funcionario no se impacientó. Explicó y explicó sin levantar la voz. Finalmente, a las dos de la tarde, se metió en una combi que usaba de oficina móvil. A las 20 ya había tenido 70 entrevistas y aún lo esperaban otros 30 vecinos enojados.
Luego de las inundaciones soportó allanamientos en sus oficinas. Se investigaba si la dilación en algunos canales aliviadores que estaban bajo su competencia había sido causal de las muertes que provocaron las lluvias. Pocos meses más tarde hubo otro allanamiento. El motivo era una contratación directa para arreglar su despacho (en el Edificio Del Plata) y el de uno de sus subsecretarios. La operación, por algo menos de 150.000 pesos, estaba sospechada. Eran números pequeños comparados con los que vendrían.
Trío de influyentes
Después del casco y las alcantarillas, en 2006, Fatala llegó a la Nación. Se convirtió en el número dos de José López, el hombre que tiene la chequera de los planes de vivienda sociales de todo el país. Junto con Carlos Santiago Kirchner y Luis Bontempo, Fatala se convirtió en la tercera pata de ese trío de influyentes hombres de la obra pública.
En 2010, el IVC, ya en manos del macrismo pero con varios funcionarios que responden a la Nación, se impacientó por los retrasos que tenían las obras que estaban a cargo de las Madres. Según pudo saber LA NACION, se había pagado por el 80% y estaba terminado sólo el 40. Las quejas y las amenazas de rescisión de los contratos llegaron al Ministerio de Planificación y entonces, desde esos despachos, se encomendó a Fatala la tarea ser una suerte de colaborador para destrabar la situación. Para esa tarea sumó a su colaborador Freidin. El vínculo con las Madres y con el propio Sergio Schoklender se estrechó.
Hace ya más de un año, se lanzó como candidato a Jefe de Gobierno porteño.
La relación entre Madres, Schoklender y el Gobierno, que Fatala en persona manejaba, fue lubricada con 765 millones de pesos que fueron adjudicados a obras públicas y que nunca se licitaron. La sociedad no sólo se complementaba con ladrillos. Muchas de las casas que se entregaban ya contaban con muebles, ropa de cama u otros accesorios fabricados o confeccionados en alguno de los emprendimientos de la Fundación.
La relación caminó sin sobresaltos, hasta que los aviones y la Ferrari que se le atribuyen a Sergio Schoklender pusieron sobre la mesa una trama compleja. Y todo cambió en poco tiempo. Ya nadie sabe qué pasará con los afiches, impresos en la imprenta del propio Schoklender, que lo mostraban al otrora Aquaman sonriente, intentando convencer al electorado porteño de que él es el mejor candidato para manejar la ciudad.
© La Nacion
QUIÉN ES
- Nombre y apellido: Abel Fatala
- Edad: 58 años
- Origen y primeros años: Nació en Buenos Aires, en el barrio de Constitución, en 1952, en una familia de origen sirio. Estudió Ingeniería en la Universidad de Buenos Aires y, en 1976, ingresó a la Comisión Nacional de Energía Atómica.
- De la Ciudad a la Nación: El primer paso en la política lo dio en la Renovación Peronista, se acercó luego al Frente Grande, fue concejal porteño, legislador y secretario de Obras Públicas de De la Rúa en la Ciudad. Con el kirchnerismo saltó a la Nación.




