
Actitudes positivas frente a la crisis
Por Marita Carballo Para LA NACION
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La Argentina lleva cuatro años de recesión, período en el que el PBI ha caído un 25 por ciento, la tasa de desocupación ronda el 24, ha regresado la inflación a tasas elevadas y cinco de cada diez argentinos están viviendo en la pobreza. Según las encuestas realizadas por Gallup Argentina, tres cuartas partes de la población esperan que esta situación se deteriore aún más, lo que se traduce en una fuerte actitud pesimista frente al futuro. La falta de horizontes y el empeoramiento del nivel de vida producen en el carácter de la población un cuadro de permanente irritabilidad y un aumento de los niveles de conflictividad social con secuelas de violencia. Al mismo tiempo, la sociedad vive hoy una profunda crisis de representación, que ha alejado a la población de su dirigencia.
En esta declinación de la sociedad y de la política cabe preguntarse si, a contramano de la crisis, hay hechos que muestren signos positivos. En este artículo abordaré dos que, desde mi punto de vista, ponen al descubierto nuevas tendencias que deben ser profundizadas y desarrolladas: por un lado, la percepción de que es importante el protagonismo de cada uno para cambiar el entorno social y, por otro, un palpable incremento de las actividades solidarias.
Afirmación personal
Encuestas realizadas por Gallup en el primer trimestre de este año muestran que casi seis de cada diez argentinos creen que pueden influir mucho o bastante en los sucesos políticos y sociales que los rodean. Estos resultados contrastan notablemente con los obtenidos cuatro años atrás, cuando la misma proporción decía que podía influir poco o nada. Así, se refleja una nueva orientación que puede hacer que los individuos sean más responsables en la construcción de su sociedad. Una orientación indispensable para sustentar una mayor participación ciudadana, que hoy quiere despertar a través de nuevas formas de organización. La gente ha decidido ser protagonista, no sólo para hacer oír su voz de forma que sus opiniones sean tenidas en cuenta por quienes deciden, sino actuar en forma directa para resolver los problemas. Así encontramos juntas o asambleas vecinales que reabren un comedor escolar para enfrentar el hambre del barrio en que viven, o redes solidarias que responden a reclamos y urgencias de empleo, salud o vivienda.
El descubrimiento del otro
En cuanto a la segunda orientación positiva, los estudios realizados por Gallup Argentina en el nivel nacional en febrero pasado indicaban que 32 por ciento de la población mayor de diecisiete años (es decir, unos 7,5 millones de personas) cumplió tareas voluntarias en los doce meses anteriores, entendiendo por tales el trabajo realizado dedicando tiempo sin recibir remuneración o salario para alguna entidad sin fines de lucro (grupos de ayuda solidaria como Caritas o Cruz Roja, parroquias, templos, cooperadoras escolares y de salud, sociedades de fomento, etcétera).
Un poco a contramarcha del individualismo predominante y de la fragmentación de la sociedad, la crisis económico-social parece haber despertado entre los argentinos un mayor sentimiento de solidaridad, alentando su involucramiento en prácticas de voluntariado. Pero lo más importante es que la cantidad de argentinos que se dedica a estas prácticas ha crecido sustancialmente con respecto a cinco años atrás, cuando sólo el 20 por ciento de ellos se definían como voluntarios.
Si bien la situación de involución de la Argentina en el plano económico y social, la gravedad de la pobreza, la marginación y la percepción de un Estado ineficaz y sin recursos han sido uno de los principales disparadores de las conductas solidarias, el voluntariado actual se inscribe también en una tendencia, creciente en los últimos años, a una mayor participación ciudadana en asociaciones y organizaciones civiles. Al mismo tiempo, aquellos que han realizado trabajo solidario desean continuar con este trabajo porque sienten una gran satisfacción personal al hacerlo. Para muchos el voluntariado y la participación modificaron su vida positivamente.
Un destino con dos caras
Pero aún queda mucho camino por andar: comparando con otros países del mundo, la participación de los argentinos en asociaciones e instituciones es más bien baja. La participación en asambleas barriales todavía se encuentra en un estado embrionario, que requiere nuevas fases de organización. No es sencilla la tarea de eslabonar y articular los esfuerzos personales y los de los grupos sociales en un contexto de desorganización económica y desarticulación entre la población y la dirigencia política.
Las dos tendencias que señalamos al comienzo de este artículo como potencialidades para el futuro, el descubrimiento de uno mismo como protagonista de la vida pública y el descubrimiento del otro como destino de la acción de uno, pueden ser caras de una misma moneda. Pero también se corre el peligro de que este doble descubrimiento sea un descubrimiento desarticulado o una moneda que se pierde en el camino. Y éste es ciertamente el reto de una sociedad en crisis que puja por encontrar su nuevo rostro. Una sociedad que en su búsqueda desesperada encuentra una luz lejana, una luz que ilumina tenuemente esa parte del camino en que los argentinos descubren que pueden ser actores de la transformación.
La autora es presidenta de Gallup Argentina y miembro del board de Gallup International.






