Ahora caigo
"Estuve viendo las imágenes por televisión, lo que apareció en los diarios, y la verdad es que recién ahora caigo y me doy cuenta de lo que hice. Lo que menos quiero es perjudicar a Boca. Por eso me voy."
(Del entrenador Jorge "Chino" Benítez, tras el escándalo en el partido contra Chivas de México.)
Leer los diarios o mirar televisión puede ser peligroso. A Benítez, por ejemplo, le costó recuperar el aliento cuando descubrió que ese hombre tan parecido a él, fotografiado mientras escupía al futbolista mexicano Adolfo Bautista, era él. El mismo pelo, la misma máscara facial, idéntica actitud corporal, la misma campera... ¡el mismo nombre! "Ahora caigo. Ese tipo soy yo", dedujo Benítez cuando logró salir de su estado de perplejidad. De inmediato, demostrando que es un ser humano de reflejos lentos, pero certeros, presentó la renuncia. Al enterarse de lo que había hecho, un día después del partido, decidió irse sin perder más tiempo.
Hay que admirar no sólo su nobleza, sino también su perspicacia. Pasando a algo menos inocente que el fútbol, la política, comprobaremos lo mucho que les cuesta a los dirigentes que han dado golpes descalificadores a sus rivales identificar a los necios cuyas declaraciones salen al día siguiente reproducidas en los periódicos con sus propias personas. Aunque les presenten pruebas y aparezcan con el puñal ensangrentado en la mano al lado de la víctima insistirán en que el culpable es otro. En último caso, dirigirán su furia contra los medios: "¿Qué tenía que hacer el maldito fotógrafo a esa hora en la escena del crimen?", dirán, denunciando que se ha puesto en marcha un plan conspirativo.
Desde que los psicoanalistas descubrieron que es importante para ello burlar la vigilancia de la conciencia y exponerse desinhibidamente, nadie controla lo que dice. El funcionario que acusa al candidato opositor de ser una bestia grosera no tiene por qué comprender que sus palabras pueden traer consecuencias tan desagradables como que apedreen a la bestia, pero tendría que caer después, cuando se mira por TV. Si el funcionario hubiera sido Benítez, lo menos que hubiera hecho habría sido pedir disculpas. Pero no era, y entonces se limitó a mirar para arriba, silbar y preguntar distraídamente: "¿Quién fue el idiota que dijo eso?".



