
Bob Dylan lo hizo, los tiempos están cambiando otra vez
A los 75 años, finalmente el músico y poeta norteamericano obtuvo hoy el Premio Nobel de Literatura
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"¿Cuántas carreteras debe un hombre caminar antes de que le llamen hombre? ¿Cuántos mares debe una paloma navegar antes de que se duerma en la arena? ¿Cuánto tiempo deben las bolas de cañón volar antes de estar prohibidas para siempre? La respuesta, amigo mío, está soplando en el viento". Probablemente "Blowin' in the Wind" sea una de las canciones más difundidas, más estremecedoras y más interpretadas del siglo XX. El hombre que la compuso, Robert Allen Zimmerman , hoy fue distinguido con el Nobel de Literatura.
"Por haber creado nuevas expresiones poéticas dentro de la tradición de la gran canción americana". El certificado firmado por las autoridades de la Academia sueca apenas contiene una etiqueta de los Dylan posibles. El acústico y el eléctrico, el metafísico y el psicodélico, el esquivo y el hombre simple; el de las versiones casi irreconocibles de sus clásicos y el de la gira eterna (Never Ending Tour), el que a los 75 años compartió un festival histórico hace apenas una semana y volverá a hacerlo mañana en el desierto de California con sus amigos The Rolling Stones, pero también con Paul McCartney, Neil Young, Roger Waters y The Who. Precisamente El hombre que llegó a Nueva York casi a pie, se instaló en el Greenwich Village y dinamitó la ciudad con su guitarra, sus canciones y una voz venida de otra dimensión, es el poeta que hace años merecía su Nobel pero que nunca hizo algo distinto a lo realizado en toda su vida como para obtenerlo.
Por ahí alguien dijo que es un signo de los tiempos que lo haya ganado él, un escritor al que nadie necesita leer para conocer. El hombre que nos dijo "será mejor que comiencen a nadar o se undirán como piedras porque los tiempos están cambiando" ("The Times They Are A-Changin'), fue el encargado de hacer la tarea más difícil. Mientras del otro lado del océano The Beatles y The Rolling Stones se encargarían de iniciar la verdadera "tercera guerra mundial", esa revolución cultural que le daría a los jóvenes la posibilidad de escuchar su propia voz y no de seguir como ganado el dictado de los mayores, el muchacho que había nacido en 1941 en Duluth, Minnesota, haría lo propio desde el Greenwich Village neoyorquino.
Alumbrado por pilares de la música norteamericana como Woody Guthrie y Roy Orbison, en busca de su propio destino y seguramente ya consciente de que "nadie es libre, hasta los pájaros están encadenados al cielo", Dylan inició su discografía oficial en 1962 con un álbum que llevó por título su nombre artístico, de aquí en adelante el único nombre que conservaría el artista de voz nasal, el de la armónica colgada, el cantante de protesta de esos años 60. Un puñado de versiones y dos canciones de su autoría abrirían su camino discográfico. Con los años nos revelaría material inédito de aquellos días, incluso primeras tomas, descartes y otras perlas de su vastísima obra (las Bootleg Series).
Primero The Freewheelin' Bob Dylan, que abría con "Blowin' in the Wind" y luego The Times They Are A-Changin, ambos editados entre el 63 y el 64, delinearían las inquietudes del artistas. Allen Ginsberg y Rimbaud, entre tantos otros poetas, lo influirían para aquella primera etapa. Mientras lo hacía, él empezaba a influir a los demás.
En 1965, con Highway 61 Revisited, la verdadera revolución comenzaría. "Like a Rolling Stone" pasaría a integrar el patrimonio cultural de la humanidad como ese álbum todo, a años luz de lo que se estaba cantando y diciendo en aquellos días, esbozando definitivamente la cultura rock, capaz de leer de primera mano lo que una generación estaba sintiendo y queriendo y traduciéndolo en música que durara un instante, un instante para toda la vida (permiso Flaco Spinetta).
El de la era psicodélica y el poeta metafísico; el que se une al resto de los mortales en un subte donde quiera que esté para llegar hasta el gimnasio de boxeo más cercano; el que vimos en Vélez, en el Gran Rex; el de la noche histórica con los Stones en River. El que escribió su primer volumen de Crónicas y del que estamos esperando los próximos. ""Me incorporé en la cama y miré en derredor. La cama era en realidad un sofá del salón. El radiador de hierro emitía ondas de calor. Sobre el hogar, me miraba el retrato enmarcado de un colono con peluca. Junto al sofá había un armario de madera sobre columnas acanaladas, y cerca de éste, una mesa oval con cajones redondeados, una silla en forma de carretilla y un pequeño escritorio revestido con madera de palisandro con cajones que se abrían hacia abajo. También había un asiento posterior de coche tapizado y con muelles que hacía las veces de diván, un sillón bajo de respaldo semiovalado y brazos en voluta, una espesa alfombra francesa en el suelo, una luz plateada que se colaba por entre las persianas y tablones pintados que hacían resaltar los contornos del techo". Así comienza La tierra prometida, el segundo capítulo de sus Crónicas. Así describe en prosa quien todo lo ha dicho y descrito en verso. Mientras se alzan las primeras voces en contra, un mar de corazones celebra en silencio. Mañana volverá a subir sin decir palabra a un escenario y a comunicarse con el público sólo a través de su arte. ¿A alguien le parece poco?





