Brasil: los 4 años del Plan Real
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EN julio de 1994 -hace exactamente cuatro años- el gobierno del Brasil ponía en ejecución el Plan Real, diseñado por el entonces ministro de Hacienda y actual presidente, Fernando Henrique Cardoso, con el fin de combatir drásticamente el flagelo de la inestabilidad monetaria. Tres años antes -el 1º de abril de 1991- la Argentina había iniciado, con resonante éxito, su programa de convertibilidad, ideado y conducido por su ministro de Economía, Domingo Cavallo, con el respaldo del presidente Carlos Menem.
Ambos programas de estabilidad -el brasileño y el argentino- presentan diferencias técnicas notorias, pero hay un aspecto en el que se hermanan. Tanto el Plan Real de Cardoso como el programa de convertibilidad de Cavallo lograron lo que en un principio parecía imposible: reducir y hasta frenar virtualmente el cáncer que durante varias décadas había corrompido las economías de los dos países: la inflación.
Al celebrar el cuarto aniversario del Plan Real, el gobierno del Brasil puede hoy exhibir, en efecto, resultados categóricos en la marcha hacia la estabilidad monetaria. Los números lo dicen todo. En 1994, la inflación alcanzó una cifra record: 1.246,62%. En 1997 se sitúa en el 7,74%. En el caso argentino, como se sabe, la neutralización del fenómeno inflacionario ha sido aún más contundente.
Con la estabilidad como herramienta básica, el Plan Real produjo otros beneficios indudables para la economía brasileña: el aumento de las inversiones externas, la reconversión de las empresas, el incremento del comercio con los países socios del Mercosur. Por supuesto, no faltan motivos de preocupación: existe un déficit pronunciado de la balanza comercial -a pesar de los esfuerzos que se hacen para reducirlo- y se sabe que el país tiene un peligroso grado de vulnerabilidad ante los efectos de las crisis financieras internacionales, como ya se puso de manifiesto en octubre y noviembre del año pasado. El abultado déficit público y los altos índices de desempleo -en un contexto social de inquietante conflictividad- son datos que de ningún modo pueden ser ignorados.
De todos modos, es importante reivindicar lo que el Plan Real ha significado como instrumento para erradicar la inflación. Y es fundamental refirmar la necesidad de que ese logro histórico sea defendido enérgicamente. Sería catastrófico para el Brasil -y para toda la economía regional- que se desaprovechara el esfuerzo realizado y se retrocediera en el difícil pero ineludible camino hacia la estabilidad monetaria. Es imprescindible tenerlo en cuenta en este momento en que los brasileños se preparan para los decisivos comicios presidenciales de octubre.


