¿Chocará el camionero que se alejó del camino K?

Ricardo Carpena
Ricardo Carpena LA NACION
Nunca nadie había desafiado así a la Presidenta. Para el universo K, Moyano pasará a convertirse en la encarnación del demonio luego de haber sido el sindicalista más protegido y beneficiado por el kirchnerismo desde 2003.
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15 de diciembre de 2011  • 16:48

Todos lloraron hoy por Néstor Kirchner. Al menos, lo hicieron públicamente la presidenta Cristina Kirchner, al hablar en la planta de Toyota y no poder evitar lagrimear al recordar a su marido , y también Hugo Moyano, para quien, como se desprende de su discurso en la cancha de Huracán , el ex presidente sí comprendía al peronismo, al sindicalismo, a las obras sociales y, casi, a los propios trabajadores.

Nunca nadie había desafiado así a la Presidenta. Para el universo K, Moyano pasará a convertirse en la encarnación del demonio luego de haber sido el sindicalista más protegido y beneficiado por el kirchnerismo desde 2003. No es para menos: el titular de la CGT virtualmente le declaró la guerra al Gobierno con un discurso durísimo, de cuyas consecuencias políticas podría depender hasta la propia suerte del oficialismo.

Parece exagerado, pero cuando las consecuencias de la crisis internacional amenazan con golpear a la Argentina y las respuestas del Gobierno son un recorte de los subsidios que derivará en un tarifazo y en la fijación de algún tope para los reclamos salariales que se discutirán en las paritarias desde 2012, tener en contra a la central obrera no es una buena noticia para quienes pensaron que el 54% de los votos era un escudo protector de cualquiera de los posibles males políticos, sociales y económicos.

Y el escenario de una protesta cegetista contra el Gobierno ya no es de ciencia ficción. En un contexto de bonanza económica, las incendiarias palabras de hoy de Moyano lo hubieran terminado consumiendo a él entre las llamas, pero en estas horas el líder camionero logró poner contra las cuerdas a Cristina Kirchner y, al mismo tiempo, apaciguar a sus opositores internos que pretendían desplazarlo de la central obrera para alcanzar así, casi insólitamente, la unidad sindical: "Después de escucharlo a Moyano, yo ya tengo secretario general en la CGT. Es Hugo Moyano", afirmó Luis Barrionuevo .

El conflicto entre el Gobierno y el dirigente camionero es de consecuencias imprevisibles, aunque hay algo cierto: no saldrá indemne el sindicalista en el obsecuente mundo kirchnerista luego de que este mediodía dijo algunas cosas de las que no parece tener retorno. Por ejemplo:

. Renunció a sus cargos en el PJ nacional y en el bonaerense por considerar que son "cáscaras vacías" y "faltas de peronismo".

. Cuestionó el liderazgo partidario de la Presidenta al sostener: "No tengo vocación de bufón. Por eso no puedo aceptar que otros tomen las decisiones que tienen que tomarse en el seno del justicialismo".

. Al kirchnerismo más recaltricante y a quienes esperaban que su ocaso político lo llevara a construir una suerte de partido de los trabajadores, les dio otra mala noticia: disputará el poder del propio PJ: "Vamos a reconstruir el peronismo porque es la transformación de la vida de los trabajadores", advirtió.

. Acusó al Gobierno impulsar una "megadenuncia" en contra de las obras sociales con el fin de extender un "manto de sospecha" sobre los dirigentes gremiales, y, al mismo tiempo, reclamó una deuda de entre "12 y 15 mil millones de pesos".

. Hizo otra grave denuncia contra la Casa Rosada al destacar que se subsidiaban a los casinos mientras que a los gremios les quitaron fondos "destinados a la salud de los trabajadores", y que esa plata "no se sabe a dónde va".

Respondió el discurso que dio Cristina Kirchner al asumir su segundo mandato, al advertir que "los trabajadores no extorsionan ni chantajean a nadie", y hasta le recordó que "cuando se habla del 54 por ciento que sacó la Presidenta, que tengan en cuenta que más de ese 50 por ciento es de los trabajadores". Y disparó luego contra La Cámpora: "Esos votos no son sólo de los chicos bien".

Y terminó por ponerse en la vereda de enfrente del kirchnerismo cuando, con un aire setentista, dijo: "No se confundan, el mejor gobierno de la historia, el que les dio la dignidad a los trabajadores, fue el de Juan Domingo Perón".

¿Cómo se llegó a esta situación entre la Presidenta y Moyano? Es cierto que Néstor Kirchner fue el principal sostén de esa privilegiada relación entre la Casa Rosada y el dirigente camionero. Y también, como insisten distintas fuentes políticas, que Máximo Kirchner, el hijo de Néstor y Cristina, le atribuye al líder de la CGT haberlo hecho enojar al ex presidente con algunos reclamos durante una charla telefónica la noche anterior a su muerte. Ese malestar derivó en la composición de listas a candidatos legislativos en los cuales el moyanismo quedó con poca presencia.

Desde allí, todo fue en picada en esa relación: el estilo hermético de la Presidenta, más sus señales de mayor sintonía con la UIA que con la CGT de los últimos meses, sumada a la presión que sintió Moyano por las versiones sobre su desplazamiento de la central obrera, y que adjudicó a sectores del Gobierno, terminaron de convencer al camionero de que si no pasaba a la ofensiva podía terminar sin nada, y hasta preso si es que algún guiño oficial convencía a algún juez de mover las causas judiciales que lo involucran.

Todo lo que sucede le da la razón a un sociólogo prestigioso como Juan Carlos Torre, para quien "el peronismo en el gobierno, en su condición de partido predominante, es un sistema político en sí mismo, es el oficialismo y su principal oposición".

En los años setenta, el peronismo dirimía este tipo de diferencias a los tiros. Desde hace muchos años, por suerte, suele hacerlo con plata y con cargos políticos. El problema es que ya no hay estrategias ni jurisprudencia para algo tan inesperado: Moyano es esa criatura que el kirchnerismo adoptó, alimentó y convirtió en desaforada, pero, a la manera de un Frankenstein gremial, desde hoy tiene en la mira a sus propios creadores.

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