
Cine e inmigración
Irse a vivir a otro país cambia el cerebro y el corazón. El idioma (cuando no se habla en castellano), las comidas, la idiosincrasia y las reglas del juego varían, y el migrante con ellas.
Empieza entonces una transformación que por bastante tiempo lo convierte en una persona dual: lo que fue, en el seno de una cultura determinada, y en lo que se convertirá en un entorno por completo diferente. Hay situaciones que dramatizan ese cambio cuando el sujeto migra a la fuerza, desamparado y sin destino fijo.
Jaime Levinas es un cineasta argentino, nacido en Buenos Aires, que de adolescente se fue a vivir a Holanda y que hoy reside en Nueva York.
Su trabajo cruza cine, docencia e instalaciones audiovisuales. Actualmente prepara su primer largometraje, Peperklips, en el que retrata las sensaciones de un joven argentino implantado en Rotterdam.
A diferencia de los realizadores locales que tienen mayores dificultades de financiación tras haberse limitado fuertemente la ayuda desde el Estado, Levinas cuenta con dos millones de euros para su proyecto otorgados por el Netherlands Film Fund, algo así como nuestro Incaa, aunque ciertamente mucho más generoso.


