Clientes rehenes de las empresas
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Las asociaciones de consumidores han presentando quejas frente a presuntas prácticas desleales de algunas empresas, en el momento en que el cliente pretende dar de baja un servicio de cualquier tipo, como intentar la cancelación de una tarjeta de crédito.
Hay coincidencia general en el sentido de que esas empresas proceden con la máxima velocidad cuando se trata de ofrecer el servicio, pero que un pedido de baja puede extenderse más allá de todo lo que puede admitirse como razonable, recurriendo a múltiples excusas y supuestas razones, generalmente imposibles de justificar.
Es por esto que se ha extendido la opinión de que muchos clientes terminan siendo rehenes de quienes ofrecen servicios, con todos los perjuicios que esto significa, además del tiempo exasperante dedicado a conseguir, por vía telefónica, por correo electrónico o cara a cara lo que debería ser poco menos que inmediato, sobre todo cuando no hay de por medio deudas o incumplimientos de ningún tipo.
Es significativo considerar lo que dijeron a LA NACION los representantes de muy importantes empresas privadas ampliamente conocidas y cuyos servicios se extienden a muchos miles de clientes. Un banco consultado, de vasto renombre, declara que entrega un número de gestión para comprobar que se hizo el trámite y se le pide al cliente que exprese los motivos por los cuales pretende dejar de tener cuentas en él. Dar de baja una cuenta es algo que debería poder lograrse en forma inmediata, bajo el simple pedido del cliente, sin trámites de ninguna índole, lo que los modernos sistemas informáticos hacen posible fácilmente, pues el cliente dispone de claves personales que hacen imposible cualquier fraude. En cuanto a las razones de esa baja, el banco puede pedirle al cliente, si éste lo acepta, que explique si obedece a alguna queja con respecto al servicio, pero sin que esto implique demoras en el cumplimiento del pedido.
Las formas de trato inadecuadas hacia las personas suelen ser múltiples, como lo es la apertura de una tarjeta de crédito "manu militari", sin el consentimiento del cliente, por la que se le facturan al cliente los gastos de mantenimiento y envío de resumen, pese a que éste no solicitó ni utilizó el servicio. Por cierto que esto no es lo que hacen todas las empresas, pues son muchas las que proceden correctamente, empeñándose en evitar inútiles molestias a los usuarios.
El repertorio de denuncias por prácticas comerciales desleales o fraudulentas es muy amplio y se extiende a muchos otros rubros. La publicidad engañosa y las falsas promociones, muchas veces asociadas a formas de venta compulsiva, constituyen una cuestión que permanentemente merece quejas de los consumidores.
Los múltiples reparos que se escuchan y llegan a los medios de comunicación imponen por lo menos dos requerimientos. Uno de ellos corresponde dirigirlo a estas empresas, para que cesen con los procedimientos que caben en el ámbito de la deslealtad comercial. El otro le cabe al Estado y, en algunos casos, a la Justicia, como partícipes necesarios en la defensa de los intereses de los ciudadanos en situaciones como éstas, en que la libertad de elección de una de las partes está conculcada, de muy variadas maneras.



