
Cómo eliminar a De Gaulle
Documentos de la Segunda Guerra revelan que Roosevelt y Churchill intentaron neutralizar políticamente al líder francés.
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LONDRES.- DURANTE la Segunda Guerra Mundial, ¿quisieron el primer ministro británico, Winston Churchill, y el entonces presidente de los Estados Unidos, Franklin Roosevelt, deshacerse del líder de la resistencia francesa, Charles de Gaulle, aun a costa de un caos total en Francia? Ciertos documentos que desde 1943 habían sido mantenidos en secreto, pero que ahora fueron revelados en Londres, parecen confirmar esa intención.
Según los documentos, sólo una reunión especial del gabinete británico pudo impedir que el plan de los dos líderes de la alianza atlántica fuese ejecutado. Estos documentos -recién publicados- de los años de la guerra, durante los cuales De Gaulle estuvo mayormente exiliado en Londres, dan cuenta del profundo desprecio de Churchill y Roosevelt por el "vanidoso" y "traicionero" francés, al que ellos también llamaban "agitador y demagogo", con un complejo mesiánico y con interés sólo en su propia carrera.
Los documentos señalan además que tanto Churchill como Roosevelt consideraban que De Gaulle simpatizaba con los comunistas y también mostraba "tendencias fascistas".
Las diatribas internas contra De Gaulle alcanzaron mayor virulencia durante el viaje de Churchill a Washington, en mayo de 1943, cuando su anfitrión, Franklin Roosevelt, le mostró (falsas) acusaciones contra el general francés sobre la base de informes de los servicios de inteligencia, y lo instó a marginar a ese aliado molesto y desagradable.
Las acusaciones sugerían que De Gaulle tenía previsto un acuerdo con Rusia o con la Alemania nazi inclusive, un plan que, en el peor de los casos, habría obligado tanto a británicos como a norteamericanos a ocupar toda Francia después de la invasión aliada.
"Pido a mis colegas que analicen urgentemente si no deberíamos ahora eliminar a De Gaulle como fuerza política", cablegrafió Churchill a su Gabinete de Guerra el 21 de mayo de 1943, agregando: "El general francés odia a Inglaterra. Marginar a De Gaulle de los acontecimientos políticos -prosiguió Churchill- es de un interés absolutamente vital para preservar las buenas relaciones con los Estados Unidos". Churchill indicó además que Roosevelt le hablaba "prácticamente todos los días" sobre ese asunto.
Recelos
Aunque ya era sabido que la alianza con los Estados Unidos era la prioridad de Churchill, no se sabía hasta dónde estaba dispuesto a llegar el primer ministro británico para complacer a Roosevelt. El presidente norteamericano sugirió a Churchill, medio en broma: "¡Acaso prefiera usted designarlo gobernador de Madagascar!"
El propio De Gaulle recelaba de que los Estados Unidos pudieran mostrar poco interés en la independencia de Francia después de la invasión. Aparentemente dio a entender a sus más estrechos colaboradores que Francia tendría que trabajar junto con los alemanes para equilibrar el eje anglonorteamericano con otro eje europeo continental, lo cual conforma el núcleo de la idea de la Comunidad Europea.
Los colegas de Churchill en el gabinete se opusieron al urgente pedido del primer ministro en mayo de 1943.
El viceprimer ministro, Clement Attlee, y el canciller, Anthony Eden, convocaron presurosamente a una reunión especial del gabinete en Londres para disuadir a Churchill de esa idea. Y sostuvieron en varios telegramas fechados el 23 de mayo que no podía haber marcha atrás en los acuerdos establecidos con De Gaulle.
Según esos telegramas, si Inglaterra dejaba caer a De Gaulle, el pueblo francés se hubiera sentido "traicionado" y habría asumido que "Francia sería tratada como un protectorado anglonorteamericano".
Los telegramas expresaron además que aunque el verdadero Charles de Gaulle acaso haya tenido poco que ver con el héroe idealizado de las fuerzas francesas libres, la resistencia francesa -unida contra Hitler con 80.000 efectivos y 47 barcos de guerra- todavía dependía de su persona.
"Estamos persuadidos de que los norteamericanos están equivocados", transmitieron Eden y Attlee a Churchill, en Washington, en nombre del gabinete británico.
Churchill aceptó el revés en esa cuestión, pero añadió que no quería aparecer como el responsable cuando las relaciones con los Estados Unidos empeoraran "debido a un francés que es un enconado antagonista de Gran Bretaña".




