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OPINIÓN

Cómo la cultura colaborativa desplaza a la competitiva

En el mundo empresarial, con un cambio de enfoque estratégico se pueden aunar esfuerzos, ampliar los horizontes de nuestra creatividad y obtener notables beneficios

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 A través de la cultura colaborativa se pueden potenciar la actividad y aumentar nuestras capacidades
A través de la cultura colaborativa se pueden potenciar la actividad y aumentar nuestras capacidadesSHUTTERSTOCK
Sergio Palacios
Por Sergio PalaciosPARA LA NACION
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Algunos años atrás José Juan ya estaba acompañando a su padre en la empresa industrial familiar en Burgos, España. Esta pyme produce pellets para alimentos de animales a partir de la paja que queda luego de levantadas las cosechas en los campos. Formado como ingeniero y con una vasta experiencia en grandes grupos empresariales, decidió explorar el mercado internacional para expandir el horizonte de su pyme. Para ello armó un website de la empresa en inglés. Allí el padre le decía que ya tenían mucho con el mercado interno, que no valía la pena esa idea. Pero él insistió y concreto su propuesta. Muy rápidamente recibe de una empresa alemana un pedido para despachar a un país árabe -lo que entendió en un principio- 20.000 kg de su producto. Pero el nivel de exigencias y papeleos para ingresar al territorio árabe era complejo; y allí el padre casi lo convence que dejar la operación de lado. Al revisar bien el pedido ya casi desistiendo de la oportunidad, observa que no eran 20.000 kg sino 20.000 toneladas. Sorprendido le transmite esto al padre, y siguiendo con su poca simpatía a esa operación le expresa que esa cantidad equivalía a su producción anual y que jamás podía abandonar a los clientes que ya tenían. La operación ya iba camino al cementerio.

Una filosofía que se hace estrategia

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Sin embargo, José Juan no se había formado en esa cultura competitiva que si tenia su padre: guardar los secretos, el competidor es siempre una amenaza listos para desplazarte, y una visión del mercado como un campo de batalla donde cada uno pelea por quedarse con una tajada. Unos deben perder y otros deben ganar. Contrariamente, su formación personal se desarrolló bajo un enfoque sistémico donde la colaboración pasa del plano filosófico al estratégico. Estas ideas pudo plasmarlas en su experiencia profesional y directiva dentro del grupo multinacional Bekaert. Luego, fue más allá pensando en la simbiosis industrial, proponiendo y concretando modelos de parques industriales saludables, sostenibles.

Por pensar que competir no es un mandato bíblico inmutable, sino que también en la colaboración hay vida y, constituyendo una alternativa que crea y potencia oportunidades; buscando no perder una exportación de 20 mil toneladas, activó ese chip colaborativo y mágicamente quienes eran vistos por su padre y la generalidad de la cultura competitiva como “el enemigo-competidor” él pasó a verlos como potenciales aliados.

Decidido a concretar el negocio comenzó a llamar a los competidores (ex enemigos). Primero lo atendieron con dudas y recelos. Propuso reuniones, les presentó la idea, acordar reglas transparentes. Así fueron construyendo confianza y comenzaron a sumar toneladas: unas 3 mil, otras 2 mil, 4 mil y así hasta que sumaron las 20 mil toneladas. ¿Cómo terminó esta historia? Desde el puerto de Santander salió el buque con el pedido completo y los exenemigos comiendo juntos celebraron haber concretado el negocio que benefició a todos. Al día siguiente, cada uno volvió a su empresa a competir. La colaboración los hizo colegas expectantes frente a nuevas oportunidades. Al cementerio no fue el negocio, sino los prejuicios que la cultura competitiva había generado.

En 2023 la empresa de José Juan sufrió un incendio en un sector que generó serios problemas para seguir operando. Los primeros en llamar para ver en que podían ayudar para salir de la emergencia fueron sus colegas, sus “competidores”.

La economía colaborativa potencia la competitividad

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Si tenemos un enfoque colaborativo y las estrategias las impulsamos sobre ese paradigma veremos como creamos y compartimos riqueza; minimizamos costos; reducimos y controlamos impactos negativos; contribuimos a la reducción del gasto público (menos residuos); y ampliamos los horizontes de nuestra creatividad ya que dejamos de pensar cómo superamos al otro y lo desplazamos, a como junto a ese otro podemos potenciar la actividad y aumentar nuestras capacidades. En síntesis, el enfoque colaborativo aplicado a la economía y los negocios potencia la competitividad de quienes la aplican y en la economía toda. La estrategia seguida por José Juan es el ejemplo.

La idea de colaboración tiene una base filosófica, que como vimos, se traduce en estrategia. Y también es impulsada por el cambio tecnológico de los últimos años. Por ello, se afirma que la base y plataforma de la economía actual y futura es colaborativa. Julio Navio en “Informe sobre economía colaborativa” lo define como “un nuevo modelo de intercambio en los que existe una comunicación entre iguales sobre base tecnológica. Crea una nueva estructura de relaciones económicas que no se basa en la acumulación de posesiones, sino que se sostendría en la especialización y/o minimización de los bienes propios, poniéndolos a disposición de otros usuarios, vía un intercambio sea éste o no monetario, lo cual, abre las puertas a la transformación de la economía clásica en economía digital”.

Desde internet, como impulsor del modelo para comunicarse, compartir información e impulsar la formación de redes, vimos desarrollarse negocios. Muchos de ellos con base abierta y libre en acceso para su utilización: Linux, Moodle, YouTube, redes sociales como IG, LinkedIn. Casi todo lo que hoy utilizamos es de base colaborativa. Si buscamos alojamiento, pasajes, lugares, negocios, para invertir, para operar en comercio, en finanzas. Trabajamos en casa por estas tecnologías.

En el futuro seguiremos compitiendo, pero para estar en posibilidad de hacerlo, antes (como José Juan), empresas, directivos, inversores, y todo actor social y económico políticos también- deberán entender que prevalecerán aquellos que entiendan que la mayor competitividad no es magia ni resultado de la destrucción de valor de unos contra otros. Alinear las trasformaciones tecnológicas con la filosofía y estrategia colaborativa abrirá las puertas a las oportunidades que aislados compitiendo cerraría.

Sergio Palacios
Por Sergio PalaciosPARA LA NACION

Abogado, Mg. en Economía Circular, Universidad de Burgos; profesor de Economía Política, Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales, UNLP.

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