Cómo recaudar sin dejar huellas: tutorial libertario
Lejos del espíritu penitente y misericordioso de la Semana Santa, noto que muchos se toman las cosas que nos pasan para el lado de la ironía y la gastada. Un horror. Hay temas serios que deberíamos dejar a salvo de esa mordacidad tan argentina. El empeño de Manu Adorni por zafar del bolonqui en el que se ha metido, y del Gobierno por salvarle la ropa, merece, creo, consideración y respeto. Pero no. Cargan sobre su humanidad caída. Andan diciendo que llegó hasta la plataforma del Artemis a preguntar si no había un lugar para su mujer.
Así, imposible restaurar modos de convivencia democráticos. En pleno debate por sus inversiones inmobiliarias, las redes adelantan cómo saludará Manu mañana: “Felices Pascuas, las casas y los departamentos están en orden”. Eso, perdón, se llama mala leche. Lo contrario de Javi y Kari, determinados a rescatar a su amigo. Llevan días organizándole una agenda que lo muestre hiperactivo. Desde el lunes veremos una galería de fotos en las que aparecerá atendiendo a ministros y encabezando reuniones. Crisis superada. A la movida le sobra conmiseración y le falta picardía: todos sabemos que no habrá ministros ni reuniones; solo fotos. Sabemos también que, con las mejores intenciones, lo zamarrean como a un muñeco: vení, andá, decí, callá. Él pone lo suyo. Aquel hombrón rudo, soberbio, endiosado por la potestad de señalar el fin de las cosas hoy se arrodilla para que no llegue el final.
Lección aprendida, me cuentan en la Casa Rosada. Cuál, pregunté. “$LIBRA, Andis, Adorni... No estamos siendo profesionales”. Durante un rato seguí sin entender. El tipo quería decirme que el factor común en esos casos es que habían dejado todos los dedos marcados. “Un desastre. Odiamos a los periodistas y resulta que laburamos para ellos”. Entró en detalles. “Lo de la cripto… A quién se le ocurre que un contrato hable del pago de 5 millones de dólares en tres veces, que eso coincida con tres transferencias por esa cifra y que los pagos coincidan exactamente, en día y hora, con las visitas a la Casa Rosada, las fotos, los anuncios y el lanzamiento de la moneda. ¡Todo transparente, todo burdo! ¿Y el teléfono de Novelli? Mi hijo de 13 años encripta mejor las páginas que visita. Adorni, un ridículo. Salió con eso de que dos viejas le regalaron el depto. porque estaban en la lona, pero no tan en la lona porque le prestaron la guita para que lo pagara... En Comodoro Py se nos cagan de risa. Un fiscal me dijo: Che, ¿siempre laburan así?”. Tranquilicé a mi fuente. Ahora sí estaba entendiendo.
La idea es bajar línea, instruir a los funcionarios, producir papers con protocolos y tutoriales. Digamos, no improvisar. Como que la recaudación es un arte y no puede ser dejada en manos de principiantes. “No tengo nada contra Manuel –siguió mi informante–, pero un jefe de Gabinete pierde autoridad ante los ministros si no puede explicar un vuelo de media hora a Punta del Este, ¿me seguís?”. La capacitación que planean no va a reconocer jerarquías: tendrán que pasar por ella desde el 1 hasta las segundas y terceras líneas. Y debe empezar cuanto antes, porque en tiempos de bonanza económica te perdonan cualquier cosa, pero cuando no hay guita la gente se vuelve moralista. ¿Instructores? Todo un tema. Se pensó en Scioli, pero viaja mucho. También en Andrés Vázquez, el jefe de ARCA, lo cual suscitó una discusión: si le faltan credenciales porque varias veces le dieron la cana, o le sobran porque siempre terminó zafando. ¿Mahiques, el ministro amigo de Tapia y Toviggino? Kari zanjó la cuestión con su proverbial economía de palabras: “Alguien de Massa”. Aprobado. No hay registros de que Massita haya reunido jamás tanto consenso.
A Kari no le faltan pergaminos: justificó los cuatro departamentos que le encontraron a su familia en Miami alegando que fue “una repostera exitosa”.
El clima de súbitos enriquecimientos coincide con la noticia, notición, de que la pobreza cayó al 28,2%. La prosperidad derrama: es el índice más bajo desde 2018, reinado de Macri. Pero la felicidad nunca es completa: la inflación está presentando batalla, y a más inflación, más pobres; así de crueles son los precios y las estadísticas. Los aguafiestas cuestionan el 28,2 con el argumento de que el Indec sigue usando el sistema de medición viejo, en el que los servicios públicos (básicamente, luz y gas) tienen poca incidencia. Marco Lavagna quiso actualizar la metodología, y Javi y Toto Caputo lo pusieron de patitas en la calle. “Andá a actualizar a tu casa, andá”.
Sin dejar de atender las críticas a los datos del Indec, pienso que deberíamos aceptar el juego de las ficciones consentidas. Tipo el 28,2; o qué desprolijo es Grandio, el amigo rico de Adorni; o qué sabandijas resultaron Hayden Davis y Novelli; o menos mal que lo echaron a Spagnuolo, dado a inventar culebrones sobre la Andis. En ese juego, votamos a gente proba, las cosas van bien, la casta huye despavorida, somos felices.
Ya lo dijo el inolvidable Tato: “Vermouth con papas fritas, y ¡good show!”.



