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OPINIÓN

Cuando se oxida la militancia solo queda el abucheo

Cohn y Duprat, cual imprevisto Caballo de Troya, pusieron patas arriba a los no tan demócratas asistentes a los premios Sur

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Durante los discursos de Gastón Duprat y Mariano Cohn realizados por el homenaje a Luis Brandoni se vivió uno de los momentos más tensos de la noche
Durante los discursos de Gastón Duprat y Mariano Cohn realizados por el homenaje a Luis Brandoni hubo fuertes abucheos
Pablo Sirvén
Por Pablo SirvénLA NACION
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Noticia de último momento: ha surgido el sommelier de silbidos y abucheos. Una destreza que le salió, así de repente, a Matías Mosteirin, el arrogante edecán cinematográfico del poderoso empresario farmacéutico Hugo Sigman, en la ceremonia de los premios Sur que otorga la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina.

Sigman tiene por ahora temas mucho más importantes que atender. Por lo pronto, el 29 de junio está citado a declaración indagatoria en la causa por presuntas irregularidades y demoras del gobierno de Alberto Fernández en la compra de vacunas Pfizer durante la pandemia del Covid que favorecieron las contrataciones de la marca que Sigman comercializaba.

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La irrupción en el escenario, cual Caballo de Troya, de los cineastas Mariano Cohn y Gastón Duprat para homenajear a Luis Brandoni detonó después la interpretación aviesa de Mosteirin sobre el sentido de la ruidosa protesta de muchos de los presentes mientras lo evocaban quienes dirigieron los últimos trabajos del actor fallecido en abril.

En una suerte de operativo comando, invitados por la ministra de Cultura porteña, Gabriela Ricardes, Duprat y Cohn aparecieron de la nada y tan pronto soltaron palabras que fastidiaron a buena parte de la concurrencia se marcharon. En la platea, la calentura de los simpatizantes del kirchnerismo fue infinita.

Aunque los directores de Ciudadano ilustre y Competencia oficial, entre varios otros films, son miembros plenos de la Academia de las Artes y Ciencias Cinematográficas de la Argentina no son bien recibidos allí por ir a contramano del canon políticamente correcto progre al que suelen provocar e incomodar con sus argumentos y posiciones que cuestionan sin pausa. No por casualidad, sus películas y sus trabajos para las plataformas audiovisuales son habitualmente ignoradas por esa entidad. Tampoco son elegidas para representar a la Argentina en los premios Oscar y Goya (cine) y Platino (series), en votaciones vidriosas, cuando no a dedo.

En la más reciente edición, sin embargo, se los mencionó, por Homo argentum –la película nacional más vista del año–, pero solo en un rubro menor, como el de vestuario que, de todos modos, perdieron.

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Por eso la mayoría de los presentes –artistas y realizadores– se sorprendieron cuando irrumpieron en el escenario para homenajear a quien fuera protagonista de su film Mi obra maestra y de las miniseries Nada y, la aún inédita, Todo.

Ambos realizadores fueron abucheados y silbados cuando Cohn cuestionó la representatividad de la Academia y Duprat recordó que Brandoni sufrió persecución por parte del grupo parapolicial Triple A, surgido de las entrañas de un gobierno peronista, en 1974, y que, ya en este siglo, padeció grave discriminación laboral por parte de las administraciones kirchneristas. Fue cuando la política oficial repartía generosos subsidios audiovisuales solo entre las figuras que les eran afines ideológicamente, que no era el caso de Brandoni, radical de toda la vida.

El fatuo director general de K&S Films tuvo el tupé de enmendarle la plana nada menos que a la viuda del gran actor, Saula Benavente, quien dijo en el mismo acto que “Beto, si algo sabía, era soportar silbidos tanto por derecha como por izquierda. Nada nuevo”.

Mosteirin, que sabe mostrarse desagradable con quienes no le rinden pleitesía o profesan una ideología diferente a la de él, aclaró –cual oráculo esclarecido– que los silbidos y los abucheos no habían sido para Brandoni. Y, obviamente, sus perritos falderos, que salieron detrás a congraciarse con él con tal de asegurar sus lugares como invitados con todo pago en futuros viajes festivaleros, le clonaron su razonamiento malicioso y distorsionado.

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El mayor nivel de griterío y rechifla fue, precisamente, porque no toleraron que se mencionaran los padecimientos de Brandoni por culpa de distintos gobiernos justicialistas. Entonces, en definitiva, ¿eran o no para Beto?

No fue un invento de Duprat ni detalles menores, sino cruciales, de la vida del actor como para ser pasados por alto en una semblanza.

Lo cuenta con sus propias palabras Brandoni en la página 115 de sus memorias (Antes de que me olvide, Sudamericana, 2020): “El 25 de septiembre de 1974, la Triple A me amenazó de muerte”. Prontamente debió marchar al exilio. Más, en páginas 231/232: “Desde 2003 hasta 2015, entre más de dos mil películas estrenadas, actué tan solo en seis films de ficción, en cuatro de los cuales hice apenas colaboraciones”. Una ominosa cancelación, por motivos ideológicos, porque Brandoni antes y después de ese largo periodo fue siempre una figura que convocaba multitudes.

Algunos, que se las dan de demócratas, no se bancan que les tiren por la cara unas cuantas verdades que contradigan sus oxidadas militancias.

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Pablo Sirvén
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