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OPINIÓN

La TV cumple 75 años y ya no es la que era

Hoy la aquejan la triste ausencia de ficción local y el agotador exceso de panelismo político, de actualidad y chimentos

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La TV se reconfigura
La TV se reconfiguraShutterstock
Pablo Sirvén
Por Pablo SirvénLA NACION
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La TV argentina cumple 75 años el próximo 17 de octubre. Su historia está atravesada por momentos maravillosos en sus primeras dos décadas, un golpe fiero en la tercera, una recuperación notable en la cuarta y en la quinta, pero con una decadencia sin freno desde la sexta hasta la actualidad.

Sobresalen ahora mismo dos anomalías graves: la extinción de la ficción local en sus pantallas y el exceso, a toda hora, de panelismo (opinators sobre actualidad, política y chimentos, algunos muy berretas).

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La TV abierta nació durante el primer peronismo, en 1951. Se consolidó en los sesenta con asistencia clave de las cadenas norteamericanas ABC, NBC y CBS. En los setenta se la apropió (y arruinó) el peronismo y la oprimió la dictadura militar. Con la restauración de la democracia, en los ochenta, ganó en libertad, pero solo en los noventa pasó a manos mayoritariamente privadas. Dejó de ser un buen negocio hacia finales de esa década y en lo que va de este siglo derrapó hasta chapotear en barros malolientes. La TV tradicional sufre un constante retroceso desde hace un cuarto de siglo.

Si la ficción venía debilitándose ante el avance impetuoso de talk shows y reality shows (“Aguante la ficción carajo”, había clamado María Valenzuela en los Martín Fierro del año 2000), la explosiva aparición en la primera década del presente siglo de las redes sociales transformó el consumo audiovisual. Se volvió una adicción en un collage vertiginoso de realidad e irrealidad que la irrupción inquietante de la Inteligencia Artificial está descalabrando aún más.

La crisis de 2001 y el consecuente achicamiento de la torta publicitaria empobrecieron a la TV abierta que apeló al formato del panelismo y a novelas enlatadas brasileñas, turcas y coreanas para abaratar costos. El territorio hasta entonces tan fértil de la TV abierta para las ficciones locales se empezó a volver cada vez más hostil, árido y poco rentable.

Con todo, en la primera década del siglo XXI y algo más se acumularon los últimos grandes “tanques” de ficción local, con las producciones de Pol-ka, Cris Morena y Enrique Estevanez, Los simuladores, las novelas nocturnas de Telefé (Resistiré, Montecristo, Vidas robadas) y realizaciones de otras productoras (Okupas, El hombre de tu vida, Un gallo para Esculapio, etc.).

La irrupción de las plataformas internacionales de streaming (Netflix y otras) inauguró una nueva manera de consumir ficción sin sujetarse a los horarios esclavistas y a las tandas de la vieja TV, con la posibilidad de “maratonear” los títulos preferidos.

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La expansión de los canales de noticias desde 1993 se volvió dominante en el mapa televisivo de estos últimos años. Fue otro golpe para las ficciones, que languidecieron hasta casi desaparecer en 2020 y por completo desde 2023.

A partir de la pandemia emergen streamings argentos con magazines de humor (Olga, Luzu, Blender, etc.) y conversaciones pasatistas. Una suerte de venganza a tanta sobredosis informativa con marcado sesgo esquizofrénico: periodistas que “patologizan” al presidente actual, por un lado, e informadores que, por el otro, le hacen amables “publinotas” a repetición a Javier Milei.

Las consecuencias son múltiples y negativas en varias áreas: menos trabajo para los actores (únicamente son convocados los más tops, y solo de vez en cuando, por las plataformas internacionales). Menos ficción para las audiencias (la mayoría de la gente no puede pagar ninguna) y hasta lastima a otras industrias, como el teatro comercial. A dos meses y monedas del arranque de la temporada de verano de Mar del Plata, el empresario teatral Carlos Rottemberg anuncia que solo tiene programadas dos de sus seis salas en esa ciudad.

La “extinción” de las grandes figuras, por la ausencia de una pantalla permanente que “fabrique” nuevas y las potencie, hace que ante la desaparición de las llamadas “cabezas de compañía” (las China Zorrilla, los Gasalla, los Brandoni) se torne cada vez más difícil armar propuestas suficientemente convocantes para atraer a un público masivo dispuesto a pagar una entrada. Van quedando contadísimos Francellas que arrastren multitudes a los teatros.

Ya van varios años con cero ficción en la TV por aire. Hay conversaciones e iniciativas chiquitas que difícilmente prosperen.

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En el origen de esta honda crisis de la TV gratuita (¿definitiva?) se observa que no hubo un buen recambio de empresarios televisivos de la talla de Goar Mestre, Alejandro Romay y Héctor Ricardo García. Aunque tan distintos entre sí, dedicaron su vida con pasión a hacer grande ese medio. Sus comandos fueron ocupados por grupos y corporaciones mezquinas o inestables sin el menor atisbo del amor que supieron imprimirle esos pioneros a aquella TV industrial, admirada a nivel continental. Una pena.

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