Dos sociólogos franceses salen en defensa del humor satírico
PARÍS.- ¿Es necesario reglamentar la libertad de expresión? La pregunta es pertinente, en momentos en que sale a la calle el segundo número de Charlie Hebdo después del ataque terrorista de comienzos de enero.
¿La sátira debería dejar de exportarse, a fin de no ofender a otras culturas? ¿Acaso Charlie Hebdo se focalizó más en el islam que en otras religiones?
"No", responden a esta última pregunta los sociólogos Céline Goffette y Jean-François Mignot. En un estudio riguroso de las portadas de la publicación de 2005 a 2015, ambos demostraron que la revista ridiculizó sobre todo a personalidades políticas y mediáticas, y mucho más a católicos que a musulmanes.
En cuanto a los censores new-look, que acusan a los caricaturistas de confundir valores "occidentales" y "universales", se les podría responder que la libertad de expresión no es un valor de este lado del mundo y un no valor del otro. El bloguero de Arabia Saudita condenado a mil latigazos no defendía valores foráneos.
El único riesgo que debería correr un satirista es el de no ser cómico o sutil. Si hubiera que corregirlo, sería sólo cuando olvida el consejo de Georg Lichtenberg: "Nunca hay que juzgar a los hombres por sus opiniones, sino por lo que sus opiniones hicieron de ellos".


